La peregrinación a La Meca existe desde tiempos prehistóricos, mucho antes de que los árabes abrazasen el Islam. Además de idolatrar la “Piedra Negra”, los árabes adoraban espacios sagrados abiertos, en este caso vinculados con Abraham, su supuesto antecesor común.

Los joraichitas (o qurays), la tribu más poderosa de La Meca, en el Hedjaz, controlaban el acceso a La Ka’ba y distribuían el agua potable del pozo Zam Zam, que convirtieron la ciudad del Hedjaz en un centro religioso y comercial.

Para poder controlar mejor la afluencia de las masas y evitar disputas entre tribus enemigas, los joraichitas sacralizaron unos meses, en los que se prohibió el uso de la violencia.

Estos meses especiales de peregrinación, se llamaban Haff, y se distinguían del resto de las peregrinaciones comunes o Havvy.

Dentro de La Ka’ba, además de estar la “Piedra Negra”, se podía encontrar entre una multitud de ídolos, la efigie o totem de Alá y sus hijas.

La Ka’ba mahometana

Mahoma, de origen joraichita mequiquense, declaró una monolatría sólo hacia Alá, destruyendo toda traza de idolatría pagana, menos la “Piedra Negra”. A esta la vinculó con la esencia de Alá y al santuario Ka’ba lo bautizó como “La Casa de Dios” o "Bayt Allah".

Y tras perfilar los fundamentos del Islam, incluyó la peregrinación a La Meca dentro de sus preceptos religiosos obligatorios llamados Los Cinco Pilares del Islam.

Esto ocurrió en marzo del año 632, tras realizar su última peregrinación a La Meca. Mahoma, antes de morir, ordenó minuciosamente todos los ritos a realizar durante la Haff.

Ahora la peregrinación a La Meca entraba a formar parte del misticismo islámico, que utilizaba su atributo iniciático, de viaje a la divinidad y a la propia trascendencia, inscrito en el ADN del subconsciente colectivo.

Tipos de peregrinaciones a La Meca: Havvy y Haff

Se debe hacer por lo menos una vez en la vida, de modo personal o en delegación. Y se ha de contar con buena salud, ya que el esfuerzo físico, muy exhaustivo, de la peregrinación es desaconsejada para personas enfermas o debilitadas, así como niños muy pequeños o mujeres embarazadas. No se debe anteponer nunca la vida familiar a la peregrinación. Por ello, la mayoría de los peregrinos inician su peregrinación en edad adulta, cuando su familia es autosuficiente.

Y si por lo que fuere, hubiese un impedimento, incluyendo el económico, se puede conmutar la obligación con un regalo material.

La peregrinación Havvy es un tipo de peregrinación corta, de pocos días, que se limita a la visita de la Masyid al Haram o Gran Mezquita de La Meca, que se puede realizar en cualquier temporada del año, incluyendo en Ramadán.

La Haff, por el contrario, es extensa en duración, y atrae millones de fieles al año, por que es cuando simbólicamente, Abraham, en nombre de Alá, exhorta a los fieles la peregrinación a La Meca.

Dura hasta trece días. Se realiza siempre en las mismas fechas, en el décimo mes del año lunar musulmán, el Du-l- Hyya, dos meses después del Ramadán. El grueso sacro de la Haff se realiza entre el séptimo y décimo día.

Rituales purificadores y expiatorios previos a la Haff

El Islam exige que el culto a Alá, además desde la profunda devoción, debe ser realizado con la más estricta pureza personal. Para que esto se asegure así, el “Al-Ibadad, la ley que regula el culto y las obligaciones del hombre con la sociedad, obliga una serie de prácticas inmutables higiénico-religiosas.

Empezando por la corporal mediante el “ghuls”, o baño ritual, por el cual el haff o peregrino, además de purificarse físicamente, muestra respeto por el resto de sus compañeros. Hay que tener en cuenta que se comparte espacio con una multitud, que reza mediante genuflexiones. Además el atuendo debe ser límpido, están proscritas las manchas de heces, sangre y orín en las ropas.

Tan importante o más que la limpieza física, es la limpieza espiritual. Está prohibido discutir y mucho menos pelear, blasfemar y practicar sexo. La disposición de todo fiel debe ser serena y amable, evitando todos lo comportamientos tóxicos, que empañen la propia pureza.

Pero la búsqueda de expiación de pecado o mácula, también se consigue mediante la práctica de la limosna y las ofrendas. Deshaciéndose de una parte de su patrimonio material, el fiel debe experimentar una liberación.

Mención especial merece el cabello, que mantiene una atávica función mágica, de la que no se abstrae el Islam. No se puede cortar el pelo ni afeitarse, ya que simboliza la energía y la fuerza primordial que conecta desde el ser superior al corpóreo a través de la coronilla, siendo el pelo una prolongación de ésta. Por la misma razón, no se ha de cortar las uñas.

Conmutaciones

La Haff exige un desembolso económico a los jerifes de La Meca, que así se aseguran la gestión de los recintos sagrados. No todo el mundo se lo puede permitir, por lo que el Corán proporciona una serie de conmutaciones para aquellos que no tengan capacidad económica, pero que quieren cumplir con sus obligaciones islámicas.

Para estos fieles, Mahoma dispuso en el Corán, que debían practicar como penitencia el ayuno o “saun”. Esta abstención de ingesta de alimentos, debe ser realizada tres días durante el viaje a La Meca, que en tiempos pretéritos se calculaba en unos cuarenta días, más tres días de ayuno tras finalizar la Haff.

También se indica, que en caso de que un peregrino se haya tenido que cortar el pelo, debido a una enfermedad o accidente, además del ayuno, este ha de ofrecer limosna u ofrenda material.

Obligaciones del jerife de La Ka’ba

La Kaaba, que tan sólo se abre tres veces al año, debe ser purificada también, puesto que los peregrinos se encaran a ella durante sus rezos.

Por este motivo, el jerife de La Meca, debe lavar ritualmente el pavimento del suelo antes de la Haff. Para realizar la sagrada labor se sirve de una escoba confeccionada con hojas de palmera. Primero lo hará con agua del pozo Zam Zam, para finalizar, con un repaso con agua de rosas.

Una vez purificado el templo, el almuecín procederá, mediante la voz cadenciosa por el ritmo “saj”, y desde el alminar, a la llamada de los millones de peregrinos: “Alá es grande. Creo que no hay más Dios que Alá. Creo que Mahoma es el enviado de Alá. Venid a la plegaria. Venid a la salvación”.