
- Chopo desprendiendo pelusa en primavera - Grin
Los chopos (Populus nigra) son muy frecuentes en los parques, jardines y calles de muchas ciudades españolas. Son unos árboles de hoja caduca, altos y elegantes, que protagonizan un curioso fenómeno todos los años, a finales de la primavera, cuando desprenden una abundante pelusa blanquecina que vuela empujada por el viento para acabar depositándose en el suelo. Si bien esta pelusa puede resultar molesta a muchos urbanitas, no es causa de alergias, pues no se trata de polen, si no de un eficaz sistema de dispersión de las semillas por el aire.
El chopo, un árbol típico de las riberas fluviales
Con el nombre genérico de chopo se denomina a varias especies del género Populus. Este género comprende unas 40 especies de árboles y arbolillos de las zonas templadas y frías del Hemisferio Norte, si bien en la Península Ibérica sólo crecen de forma natural tres de ellas: el chopo o álamo negro (Populus nigra), el álamo blanco (P. alba) y el álamo temblón (P. tremula).
Tanto el chopo como el álamo blanco son propios de riberas fluviales, con suelos frescos y húmedos, mientras que el álamo temblón se cría en ubicaciones más montanas.
El chopo, un árbol con gran valor ornamental
Tanto los chopos como los álamos blancos han sido muy utilizados como especies ornamentales en caminos, carreteras, paseos y como árboles de sombra en parques y jardines.
En la Península Ibérica, además de estas dos especies autóctonas, existen diversas variedades muy extendidas, como el chopo lombardo (Populus nigra var. pyramidalis Spach), del cual existe únicamente la forma masculina, y que destaca por su porte columnar, o el Populus x canadiensis, un híbrido entre P. nigra y la especie norteamericana P. deltoides.
Además de su uso ornamental, los chopos y álamos son muy cultivados por su madera, ligera, blanda y de textura fina, de rápido crecimiento.
La pelusa del chopo: un medio de dispersión de semillas por el aire
Todas las especies ibéricas del género Populus producen semillas envueltas en un penacho de pelos blancos, si bien las más llamativas son las del chopo negro (P. nigra).
Esta pelusa blanquecina inunda calles y avenidas a finales de la primavera en aquellas ciudades en las que los chopos son utilizados como árboles ornamentales, creando un efecto singular, pues recuerda a una nevada que acaba cubriendo todo con un ligero y algodonoso manto blanco. Esta envuelta de pelos blancos constituye un singular mecanismo de reproducción por el cual las semillas del chopo son transportadas por el viento a grandes distancias, donde tendrán la oportunidad de germinar lejos de sus progenitores.
A esta estrategia de diseminación de las semillas por el aire se la conoce generalmente con el término de anemocoria.
Sólo los chopos hembra producen pelusa
El chopo es una especie dioica, lo que significa que existen pies macho y pies hembra separados. Los pies masculinos cuentan con flores masculinas, muy pequeñas y dispuestas en largos amentos colgantes. Estas flores producen el polen que habrá de fecundar a las flores femeninas que, a su vez, crecen sobre los pies hembra y tienen un aspecto muy similar a las masculinas, también dispuestas en amentos colgantes.
Tras la fecundación se forman el fruto y las semillas, que salen envueltas en un penacho de pelillos blancos que actúan como si de un paracaídas se tratara, ayudando a la semilla a dispersarse con el viento.
La pelusa del chopo no produce alergia
Puesto que se trata de semillas y no de polen, las pelusas de los chopos no producen alergias, pudiendo resultar, como mucho, molestas, al introducirse dentro de las casas o acumularse en jardines y vías públicas. En cuanto al polen, la Sociedad Española de Alergología refiere una reacción alérgica muy limitada para el de chopo.
Cómo limitar las molestias que producen las pelusas del chopo
Las pelusas de chopo resultan molestas para muchas personas, porque ensucian las calles, se cuelan en el interior de las casas y, en grandes acumulaciones, forman un material altamente inflamable que en presencia de un foco de calor puede dar lugar a un fuego.
Las leves molestias que pueden provocar estas pelusas apenas duran unas pocas semanas al final de la primavera. Para evitarlas no es necesario renunciar a los chopos como árboles ornamentales, basta escoger pies macho, que no producen semillas.
