Artigas rechazó el armisticio firmado entre la Junta de Buenos Aires y Elío, gobernador de Montevideo y marchó a un exilio voluntario al que le siguieron 16.000 individuos, hombres, mujeres y niños que descubrían el significado de la palabra orientalidad.

Éxodo o “Redota” del pueblo oriental

El historiador Clemente Fregeiro fue el primero en llamar “Éxodo” a aquel movimiento sin precedentes de todo un pueblo siguiendo a un líder.

Es el nombre con el que se conoce hoy día el episodio, que se inscribe en las páginas más gloriosas de la historia uruguaya, pero para quienes participaron de él, fue “la Redota” (derrota).

El germen de la libertad

Los orientales, que no uruguayos por entonces, se levantaban contra los españoles que regían la Banda Oriental.

Pedro Viera y Venancio Benavidez se habían sublevado a orillas del Arroyo Asencio y se proclamaban a favor del gobierno revolucionario de Buenos Aires.

Los españoles respondieron enfrentándose a los orientales que les vencieron en forma consecutiva en la escaramuza de Paso del Rey, en la toma de San José y en la Batalla de las Piedras, cuando Artigas sentó precedente en una época en la que el degüello era práctica habitual, pidiendo “Clemencia para los vencidos”.

El sitio de Montevideo y la traición de la Junta de Buenos Aires

Los españoles, obligados a replegarse a Montevideo dejaban todo el territorio a los insurrectos que sitiaron la ciudad amurallada, apoyados por la Junta Revolucionaria de Buenos Aires.

El gobernador de Montevideo, Francisco Javier de Elío, expulsó a los habitantes que simpatizaban con los sitiadores, obligando a dejar la ciudad a 31 familias que se unían a los franciscanos que, por el mismo motivo, habían sido apremiados a abandonarla.

Elío también autorizó a las tropas portuguesas a invadir la Banda Oriental por el norte, al tiempo que bloqueaba el puerto de Buenos Aires.

Una estrategia que llevó a que el gobierno de Buenos Aires pactara, después de largas negociaciones, un armisticio en el que la Banda Oriental formaba parte del pago/cobro del tratado.

Si hasta entonces los orientales se sentían provincia bajo el gobierno de Buenos Aires, al verse traicionados y dejados a su suerte por la Junta porteña, sintieron nacer, muy afianzado, el sentimiento de identidad colectiva como pueblo soberano.

Derrotado, el ejército artiguista levanta el sitio

Los sitiadores, faltos de apoyo por parte de los porteños, acosados por Elío que ya no temía y con los brasileños invadiendo por el norte y el este, decidieron levantar el sitio.

Desde los montes de San José, el ejército artiguista con el General a la cabeza se puso en marcha hacia Salto, buscando cruzar el río Uruguay por el único sitio por donde podía hacerlo: el Salto Chico.

Ocurrió entonces un hecho excepcional.

Las familias, sin distinciones de clases, comenzaron a formar una fila interminable acompañando la marcha del ejército. Entorpeciendo quizás la misma pero aseverando su plena adhesión a la causa.

Siguiendo a Artigas, el Protector

A medida que avanzaban se les unían más y más orientales que llegaban desde los lugares más apartados y, que avisados del desplazamiento de la columna, abandonaban todo para unirse a la caravana.

En el campo se veían los resplandores de enormes hogueras en las que ardían las casas, los ranchos, los pobres enseres, los sembrados, porque nada dejaban al irse, para el invasor que ya pisaba su tierra.

Y la columna fue acrecentándose con más y más hombres, mujeres y niños, según algunos historiadores hasta unas 16.000 personas que se desplazaron durante casi 90 días, en carruajes las familias patricias, otros en carretas, algunos a caballo o, como la mayoría, a pie.

En las carretas en las que, los pocos que gozaban del privilegio de poseerlas llevaban las pocas pertenencias que no habían destruido, se hacinaban también los que ya no podían caminar. Y al costado de los carromatos, sin importar la edad, ni la clase social, marchaban jóvenes y viejos decrépitos, religiosos, maestros, hombres de campo, patricios, damas de sociedad, lavanderas, mujeres descalzas llevando sus hijos en brazos, lisiados, libres y esclavos, criollos, mestizos, indios y negros, sin más propiedades que las que podían atesorar en sus manos.

Tres meses de penurias hasta poder cruzar el río Uruguay

Aquel viaje masivo se inició el 23 de octubre de 1811 y recién a mediados de enero de 1812 habría podido, aquel río humano en movimiento, cruzar el río líquido que le separaba de Misiones y de lo que por dos años sería su nuevo hogar: las costas del arroyo Ayuí.

Habían sido tres meses de penurias, hambre y miserias en un viaje realizado en las condiciones más precarias, y que no desaparecerían con la llegada a su destino.

El mayor triunfo emerge de la “redota”

Aquella marcha masiva de orientales fue el gran triunfo de la libertad y el germen de un sentimiento nacionalista.

Para las autoridades de la Junta de Buenos Aires significó el rechazo más abrumador a los términos del armisticio que habían firmado.

Para Elío y los españoles que quedaban en Montevideo fue una minimización de su éxito, puesto que resultaba poco atractiva la ocupación de un territorio despoblado e improductivo.

Para los orientales era el afianzamiento de la figura de Artigas como conductor de su pueblo.

La historia poética de la mayor gesta del pueblo oriental

Así loaba el poeta Juan Zorrilla de San Martín el Éxodo de los orientales; un episodio que narra la derrota convertida en la mayor victoria por la libertad.

Y Artigas tomó a su pueblo, a todo su pueblo, y lo cargó en sus hombros de gigante, y dijo: ¡Vamos!

Y se lo llevó a cuestas, a través de todo el territorio oriental, hasta encontrar allá en el Norte un sitio en que vadear el río Uruguay, y poner a salvo, como el tigre a sus cachorros, aquel nido lleno de garras.

(...) Y la banda migratoria de los héroes fue a posarse allá, del otro lado del caudaloso río, en el arroyo del Ayuí, (...).

Y los héroes eran mujeres, y eran niños, y eran viejos, muy viejos algunos. Y eran soldados y eran familias, la misma familia de Artigas, sus ancianos padres, su hermana.....

Y eran indios semisalvajes y eran próceres, Suárez, Barreiro Bauzá.

Y eran los curas de las parroquias y eran los franciscanos de Montevideo, expulsado por ser amigos de los matreros...

Y era Artigas".

Jefe de los orientales y padre de los pobres

La marcha del ejército se veía constantemente retrasada por la multitud que les acompañaba.

No fue fácil para Artigas realizar aquel trayecto, con la responsabilidad de un pueblo pesando sobre sus hombros.

En un oficio cursado a Buenos aires decía “No se pueden expresar las necesidades que todos padecen expuestos a las mayores inclemencias, sus miembros desnudos se dejan ver por todas partes y un poncho hecho pedazos, liado a la cintura es todo el equipaje de estos bravos orientales”

Hace 200 años los orientales eligieron ser libres. En el 2011 los orientales de hoy celebran el bicentenario de su independencia tomando la proeza del Éxodo, como centro de los festejos y reafirmación de sus sentimientos.