Casos más extraños de reaparición se han visto, cuando hablamos de estrellas de cine, que el de Mel Gibson. John Travolta o Mickey Rourke regresaron sorprendentemente del ostracismo en que vivían, aunque ninguno de los dos se había enemistado con el establishment judío de Hollywood.

Su habilidad para meterse en problemas

Los líos comenzaron en el año 2006, Mel Gibson, en estado de embriaguez, fue interceptado por una patrulla de policía y declaró que los judíos tenían la culpa "de todas las guerras del mundo". Por este suceso que se filtró a la prensa, el actor tuvo que pedir disculpas públicamente, sin embargo, el mal ya estaba echo. Ya antes, en 2004, tuvo tensiones con la comunidad judía, que lo acusó de antisemita (con o sin razón) por la imagen que Gibson plasmó de los judíos en La pasión de Cristo.

Atacar a los judíos, en Hollywood, es muy mal negocio, y de hecho, no han faltado colegas de profesión que se han sumado a la tarea de desprestigiar al actor. La actriz Winona Ryder, de origen judío, dijo que "Mel Gibson siempre ha sido un borracho, un racista y un homófobo". La carta de Steven Spielberg aún fue peor.

Si en el ámbito profesional, se puede decir que Mel estaba cavando su propia tumba, como él mismo reconoció en 2010: " Mi carrera se ha acabado, no tengo amigos", en su vida personal sucede un tanto de lo mismo, su duradero matrimonio con Robyn Moore se ha roto por culpa de la vida licenciosa del actor, y por culpa de una amante, Oksana Grigorieva, con la que también ha terminado su relación en los juzgados, entre acusaciones cruzadas de malos tratos, insultos, amenazas y expresiones tintadas de racismo: "Si te viola un grupo de negros, será culpa tuya", y es que al actor no le gustaba que su novia vistiera "como una cerda en celo", según se aprecia en unas grabaciones policiales oportunamente filtradas a los medios de comunicación.

Un bicho raro en Hollywood, un héroe para el público

Muchos creen que es australiano, pero no. Nació en Nueva York, y a los 12 años se marchó con su familia a Australia. Allí comenzaría su carrera como actor y allí llamaría la atención en todo el mundo con dos películas australianas: Mad Max y Gallipoli.

La década de los 80 iba a covertir a Mel Gibson en una de las estrellas más famosas del cine con la sagas Mad Max y Arma letal intercaladas con otros trabajos menos exitosos como Motín a bordo o Conexión Tequila.

Lejos de encasillarse en el típico papel de héroe de acción, ha protagonizado películas de diversos géneros, llegando a interpretar a Hamlet en la película homónima de Franco Zeffirelli, o a todo un personaje histórico como William Wallace en Braveheart. Por cierto, con esta película, ganadora del Óscar en 1996, consiguió revivir el género del cine épico de capa y espada que estaba desterrado de Hollywood desde los años 60. Además Mel consiguió el Óscar como mejor director y subió así al Olimpo Hollywoodiense gracias al éxito rotundo que tuvo la película en todo el mundo.

Congelemos la imagen ahí: Mel Gibson recogiendo el Óscar al mejor director, toda la corte del cine norteamericano rindiéndole pleitesía, aplaudiendo al hombre que representa y encarna la antítesis de la idiosincrasia típica del mundillo de Hollywood. Mel Gibson ha sido etiquetado por los medios como un ultracatólico preconciliar (con las connotaciones peyorativas que contiene), reaccionario, machista, antisemita, homófobo, e incluso chalado. Hasta tal punto llega la aversión mutua entre Gibson y la meca del cine que el propio Gibson afirma: "En Hollywood soy famoso por mis comentarios subversivos y porque soy un poco cínico. Probablemente me quemarán en la hoguera dentro de diez años por las cosas que suelo decir". Y es que, al igual que los personajes que encarna en el cine, en la vida real también parece estar solo contra todos, contra el sistema, y además, se muestra orgulloso de ser como es, de su ideología, y de vivir al margen del glamour de Hollywood.

Su amistad con Jodie Foster

En el peor momento vital de Mel Gibson, cuando su carrera como actor parecía condenada y su vida personal se desmorona bajo sus pies, cuando todos le han dado la espalda, su gran amiga Jodie Foster le ha tendido la mano, lo ha elegido para protagonizar su película El castor. Coincidencia o no, las similitudes entre el personaje principal y el intérprete Gibson son obvias; El castor narra la vida de un hombre de éxito al que un día la vida comienza a venírsele abajo. Foster y Gibson estuvieron juntos en Cannes para presentar la película. Foster no dejó de defender a su amigo Mel, que por otro lado, viendo su interpretación, no necesita que nadie lo defienda, pero aún así, Foster demostró que quien tiene un amigo, tiene un tesoro.

El futuro de Mel Gibson es una incógnita, condenado a tres años de libertad condicional, obligado a seguir un programa de desintoxicación alcohólica y a hacer servicios a la comunidad, tal vez, al igual que su personaje en El castor, consiga recuperar su vida.