Las palmeras son unas plantas realmente interesantes. Sus casi 2.800 especies se distribuyen por las zonas tropicales y subtropicales del planeta, con algunos representantes en las zonas templadas del Globo. En España crecen de forma natural dos palmeras: el palmito (Chamaerops humilis), única palma nativa del continente europeo; y la palmera canaria (Phoenix canariensis) endémica del archipiélago que le da nombre.

Phoenix canariensis: la palmera canaria

Phoenix canariensis es el nombre científico de la palmera canaria. El género Phoenix cuenta con 13 especies de características muy diferenciadas. El nombre Phoenix procede del griego y hace referencia a Fenicia, la región en la cual los griegos vieron palmeras por primera vez.

La palmera canaria destaca entre las especies del género Phoenix

Las palmeras del género Phoenix se distribuyen por los climas cálidos del viejo mundo, desde las Islas Canarias hasta la India, Indochina y Hong Kong, pasando por el contorno mediterráneo africano y la Península Arábiga. Entre todas estas especies, la palmera canaria destaca por su porte imponente y su densa copa.

Detalles que hacen única a la palmera canaria

Se caracteriza la palmera canaria por ser una especie muy longeva, que puede alcanzar hasta dos y tres siglos de vida. Los ejemplares adultos más imponentes llegan a los 30 metros de altura.

Otra característica singular de la palmera canaria es que presenta una copa muy densa que alberga más de cincuenta hojas, lo cual marca un récord entre las palmas. Cada una de estas hojas cuenta con unos 400 segmentos foliares alineados en dos planos. Los segmentos foliares más próximos al tronco se han modificado y reforzado hasta convertirse en hojas-espina, conocidas con el nombre de acantófilos. Estos acantófilos, que protegen el cogollo central de la palmera, son muy robustos y están muy desarrollados, constituyendo una de las armaduras más agresivas de la familia de las palmeras y de la flora canaria en general.

La palmera canaria es una especie dioica, lo que significa que presenta los sexos separados sobre individuos diferentes. Las palmas hembra producen unas inflorescencias grandes y abiertas, que dan lugar a los frutos. Los machos tienen inflorescencias más pequeñas y cerradas, que producen un polen abundante. Pero lo realmente sorprendente de esta palmera es el dimorfismo sexual entre machos y hembras, algo infrecuente en las plantas en general y en las palmeras en particular. En los pies macho, la copa se presenta compacta y algo achatada, comprimida en el eje de la altura, mientras que las hembras muestran un copa más abierta y redondeada.

La palmera canaria aprovecha las aguas subterráneas

Phoenix canariensis desarrolla un aparato radicular muy extenso. Carece de raíces principales pero, a cambio, cuenta con miles de raíces fibrosas que se extienden por el terreno y que se caracterizan por no aumentar de diámetro con el tiempo. Este potente sistema radicular le permite aprovechar eficientemente las bolsas de agua subterráneas, sobrevivir a cortos periodos de encharcamiento y fijarse con firmeza al sustrato, incluso a los más inestables fondos de barranco.

La palmera canaria y el bosque termófilo

En las Islas Canarias la palmera forma parte del bosque termófilo original. De forma natural crece entre los 200 y los 400 m de altitud, bajando ocasionalmente hasta cerca del mar y subiendo en ocasiones por los valles más térmicos hasta cerca de los 1.000 m, como ocurre en la isla de La Gomera, en la población de Arure, donde la palmera canaria desafía las heladas.

Usos tradicionales de la palmera canaria

Tradicionalmente, la palmera canaria ha tenido diversos usos. En la isla de La Gomera se extrae la savia de la palma o guarapo para fabricar con ella la miel de palma, ingrediente básico de la repostería canaria. Las hojas se han utilizado para fabricar escobas y sus frutos, poco carnosos, han servido como forraje para el ganado.

La palmera canaria: un árbol ornamental

El porte elegante de la palmera canaria y su gran plasticidad ecológica han hecho que esta palma haya sido plantada en diversas partes del globo como especie ornamental y haya llegado a asilvestrarse en diversas ocasiones en el contorno Mediterráneo y en lugares más lejanos, como California, Nueva Zelanda, Buenos Aires o los bosques de nieblas de la Isla Margarita, en Venezuela.

Las poblaciones naturales de palmera canaria

La mayoría de los palmerales que existen hoy día en las Canarias no tienen un origen natural sino que han sido favorecidos de un modo u otro por la acción humana. Las pocas poblaciones naturales ocupan localidades aisladas, donde la intervención humana es prácticamente inexistente y la hidrología no se ha visto alterada. Se trata de bosquetes pequeños, donde la palmera canaria coexiste con especies tradicionalmente asociadas a estas formaciones, como diversas especies epífitas que crecen sobre los rugosos y fibrosos troncos de las palmeras.

La palmera canaria: una especie protegida

La palmera canaria es considerada como un símbolo de las Islas Canarias. Se trata de una especie protegida en las islas. Especial interés se está poniendo en la protección de los palmerales naturales, cuya amenaza principal hoy día es la contaminación genética que supone la hibridación con otras especies de palmeras del género Phoenix, especialmente con Phoenix dactylifera, la palmera datilera, ampliamente cultivada en las islas desde tiempos inmemoriales.

Hoy día conviven en las islas palmerales de palma canaria puros con palmerales hibridados. La mayor parte de las poblaciones que se encuentran alejadas de los núcleos urbanos presentan un alto grado de pureza, mientras que en la mayoría de los jardines y parques de las ciudades y pueblos aparecen ejemplares híbridos, con características intermedias entre ambas especies de palmeras.