El mundo científico está de enhorabuena gracias a varios paleontólogos entre los que se halla la oscense Laia Alegret, profesora de Paleontología de la Universidad de Zaragoza y miembro del Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA), que junto con dos paleontólogos estadounidenses, ha descubierto nuevas causas de la gran extinción K-T de hace unos 65 millones de años, y que fue debida según la mayoría de los investigadores, al impacto sobre la superficie terrestre de un enorme meteorito.

El límite K-T

Que un meteorito cayó a la Tierra hace unos 65 millones de años es un hecho objetivo y demostrado científicamente. El impacto supuso una gran extinción que se demuestra estratigráficamente en las excavaciones paleontológicas. La línea que separa el Cretácico, etapa final de dinosaurios y otras especies, y el Terciario, presenta una concentración de iridio fuera de lo normal, lo que dio al físico Luis Álvarez, galardonado con el Premio Nobel de Física en 1968, y a su hijo Walter Álvarez, pie para elaborar en 1980 su teoría llamada desde entonces hipótesis Álvarez. Esta teoría aboga porque un impacto extraterrestre provocó la extinción masiva por la que el 70% de las especies en el Cretácico, entre las que destacan las de los dinosaurios, los mosasaurios y otros reptiles marinos, y los primitivos cefalópodos conocidos como ammonites, habría desaparecido de la faz de la tierra.

El nombre K-T viene de la abreviatura del Cretácico, en alemán Kreide, y la T del periodo Terciario, que en alemán se escribe Tertiär. Este límite marca el final de la era Mesozoica y el comienzo del Cenozoico.

Las investigaciones de los Álvarez y su grupo, que tomaron muestras por todo el orbe, demostraron que en esa estrecha línea el color negro proviene de las altas dosis de iridio que presenta. Las concentraciones de iridio son más elevadas en asteroides y otros objetos extraterrestres.

El cráter de Chicxulub en la península de Yucatán, que presenta un diámetro de aproximadamente 180 km., parece ser la evidencia de este impacto. Investigado en los años 1960 fue posteriormente identificado como la prueba visible del impacto descomunal que supuso.

El problema es el saber exactamente por qué significó que unas especies desaparecieran de la Tierra y otras no.

Nuevos aportes al K-T

Laia Alegret de la Universidad de Zaragoza y los dos investigadores estadounidenses de las universidades de Yale y de Michigan, han publicado su trabajo en la revista científica PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences). Principalmente, el estudio aboga por la demostración que la fotosíntesis y la cadena trófica de los océanos se recuperaron antes de lo que se pensaba. Además, señalan que la rápida acidificación de las aguas superficiales tras el choque del meteorito, es la explicación latente de la desaparición de muchas especies mientras que las moradoras de los fondos oceánicos habrían sobrevivido.

Las clásicas preguntas que se hacían los científicos tras aceptar el impacto han sido investigadas por el grupo de Alegret y han descartado los puntos más aceptados hasta el momento. Las teorías hasta ahora más admitidas son que la gran cantidad de polvo y gases que se emitieron a la atmósfera impidieron que los rayos del sol llegaran a la superficie del planeta con normalidad. Este súbito oscurecimiento supondría que las plantas en la Tierra y las algas en los mares no pudieran realizar la fotosíntesis.

En el novedoso artículo se descarta que este oscurecimiento fuera la principal causa de la extinción, ya que muchas especies que realizaban fotosíntesis no sufrieron extinciones masivas importantes. Los autores lanzan una nueva teoría que establece la causa de las extinciones en la anteriormente citada acidificación de los océanos, que además sólo sería importante en las aguas someras de los mares y océanos. El descenso del pH, que duraría poco tiempo en términos geológicos, explicaría también que algunos organismos de conchas carbonatadas que vivían en las aguas superficiales desaparecieran, ya que este hecho significaría la disolución de sus conchas y la imposibilidad de sobrevivir en este modificado hábitat. Además, esta acidificación produciría la extinción de grandes peces, mosasaurios, y ammonites. Por contra, los habitantes de las profundidades de los océanos se habrían librado de este efecto y por lo tanto habrían podido sobrevivir a las consecuencias del impacto.

Futuro prometedor

Estas nuevas teorías abren nuevos caminos a los investigadores y a seguir investigando sobre cuáles fueron las causas de esta extinción masiva del K-T. No obstante, pensar en que una sola causa produjo todas las extinciones, es arriesgada porque no todos los organismos que desaparecieron del planeta Tierra eran oceánicos y a estos les tuvieron que afectar otras condiciones que las anteriormente citadas.

Gases, polvo, oscurecimiento, acidificación, falta de fotosíntesis de los productores primarios que llevaron a los consumidores secundarios al hambre y a la muerte, y por ende a los depredadores que vieron mermadas las cantidades de presas disponibles, el calentamiento global por el impacto, los tsunamis que se produjeron tras él, y algunas causas más, podría estar perfectamente ligadas y no ser excluyentes unas de otras para explicar las extinciones.

Además, es conveniente recordar que la extinción K-T, no es la única desaparición masiva de especies vivas en la Historia geológica del planeta Tierra, ejemplo la gran extinción del Pérmico y que no se ha demostrado que estas otras desapariciones masivas se vieran afectadas por el impacto de objetos extraterrestres.

El estudio de Alegret y sus colaboradores abre nuevas vías a los estudios y acota perfectamente lo sucedido en las superficies marinas pero deja preguntas abiertas sobre qué fue lo que pasó en la superficie terrestre y cuáles fueron las verdaderas causas de esta extinción masiva en esas especies ajenas a los océanos.

La ciencia avanza cada minuto. Las nuevas tecnologías ayudan a los investigadores a procesar los ingentes datos que se aportan y habrá que esperar que las nuevas investigaciones posibiliten nuevos descubrimientos que clarifiquen lo sucedido en ese periodo final del Cretácico que supuso el final de muchas especies, entre ellas los conocidos y famosos dinosaurios.