La muestra, abierta al público desde el 1 de diciembre hasta el 26 de febrero de 2012, prorrogada hasta el 11 de marzo por su excelente acogida, ha sido inaugurada el 30 de noviembre, festividad de San Andrés, patrono de la Orden del Toisón, por S.M. el Rey don Juan Carlos I de Borbón y Borbón, responsable de otorgar directamente esta distinción a quien crea merece la investidura.

Fue el 14 de marzo de 1977 cuando el Rey don Juan Carlos se convirtió en jefe y soberano de la Orden del Toisón de Oro, al renunciar su padre, don Juan de Borbón y Batenberg, a sus derechos históricos y dinásticos que había recibido de su padre Alfonso XIII.

El origen del Toisón de Oro

La insigne Orden fue fundada por Felipe el Bueno, Duque de Borgoña, en la ciudad de Brujas el 10 de enero de 1430, con ocasión del enlace matrimonial con la infanta Doña Isabel de Portugal. Su objetivo era defender los ideales caballerescos que estaban desapareciendo al final de la Edad Media. Posteriormente, su jefatura y soberanía pasó, junto con el ducado de Borgoña, a los Reyes de Castilla, cuando Felipe I el Hermoso, hijo y heredero de María de Borgoña, se casó con la reina Juana I de Castilla.

Son precisamente los retratos de estos soberanos que adentran el visitante en el recorrido por la historia de la Orden del Toisón. Entre los óleos destaca el retrato de Felipe el Bueno de un Anónimo flamenco del siglo XV. Felipe el Bueno aparece con la cabeza completamente afeitada y cubierta con una peluca a modo de casco, según el decreto que él mismo promulgó en 1460 para todos los miembros de la aristocracia. Viste de negro y luce el collar del Vellocino.

Espectacular es el retrato de Carlos II, con el manto de la orden del Toisón de Oro de Juan Carreño de Miranda. El óleo representa al soberano con 15 años en el salón de los Espejos del Alcázar de Madrid. El espejo es un elemento fundamental porque refleja el tocado de Carlos II y la habitación decorada con cuadros y cortinajes, símbolo del esplendor de la época.

Hay que recordar que Carlos II llegó a nombrar a más caballeros que los sesenta fijados en el artículo primero de las ordenanzas.

El capitulo del Toisón de Oro

El capitulo se celebraba durante el mes de mayo y duraba inicialmente cuatro jornadas, durante las cuales el soberano y los caballeros residían en un palacio y acudían al templo elegido para la celebración de los oficios religiosos, que incluían vísperas vespertinas y las cuatro grandes misas. Estas se celebraban en honor de San Andrés, patrono de la Orden, de Réquiem por los caballeros difuntos, por el Espíritu Santo y por la Virgen María. La misa por el Espíritu Santo se suprimió con el tiempo.

Para acudir a los actos, donde también se analizaba el comportamiento de los caballeros, se elegía por votación secreta a los aspirantes a ingresar en la Orden y se tomaban decisiones políticas, los caballeros seguían un protocolo que le imponía adoptar determinada indumentaria. Un obra alemana del siglo XVI, el llamado Códice de Trajes, adquirido en 2010 por la Biblioteca Nacional, viene expuesto por primera vez y permite ver la imagen exacta de la ropa talar, el manto y el chaperón que vestían los caballeros durante los mencionados actos.

Los collares del Toisón de Oro resplandecían sobre esta variedad de indumentaria, estaban numerados y debían ser devueltos al Tesorero de la Orden cuando fallecía su poseedor, tratándose de una distinción vitalicia y no hereditaria. Un protocolo que se respecta también en la actualidad.

Los patronos del Toisón de Oro

El precioso talismán, cuya imagen cuelga de los collares que todavía se entregan a los caballeros en su investidura, evoca como ejemplo caballeresco el heroísmo que demostraron Jasón y los argonautas, entre ellos Hércules, cuando repatriaron desde la ciudad asiática de Colquide y devolvieron a Grecia el Toisón de Oro. Un episodio perfectamente ilustrado en la pintura de Erasmus Quellinus expuesta en la muestra. Donde, además, puede contemplarse el soberbio Martirio de San Andrés, santo patrono de Borgoña y de la Orden, pintado por Rubens.

No se pueden abandonar las salas de la Fundación Carlos de Amberes sin haberse fijado en el Códice de la Emperatriz perteneciente al Instituto Valencia de Don Juan y expuesto al público por primera vez. El códice incluye ilustraciones de los cinco primeros soberanos con sus blasones. Entre ellos Carlos v, que se llevó el códice a su retiro en Yuste en 1556.

La exposición es capaz, gracias a la obra de su comisario, Fernando Checa Cremades, de transmitir al visitante el origen, el significado simbólico y la evolución del Toisón de Oro, a través de pinturas, armaduras, collares, códices y esculturas, algunos inéditos hasta hoy.