La fuerza de la Revolución Mexicana -que trastocó las estructuras políticas, económicas y sociales del Porfiriato para crear un nuevo orden- llevó a los escritores a utilizarla como tema central de sus novelas. El surgimiento de esta narrativa renovó y dio renombre a la literatura mexicana.

La Revolución Mexicana

Cuando Francisco I. Madero desafía al régimen de Porfirio Díaz lo hace por motivos políticos: desea el fin de un periodo dictatorial y antidemocrático. La lucha será breve, luego de unos cuantos meses el maderismo se impone y alcanza la presidencia mediante el voto popular.

En el tiempo que Madero ejerce la presidencia la Revolución, en estado latente, va tomando un impulso que resultará irrefrenable. Los caudillos que han surgido de las mismas entrañas del pueblo, y que apoyaron la iniciativa maderista, no ceden en sus demandas de mejoras sociales y económicas. Mientras tanto, la contrarrevolución, los que apoyan el antiguo orden, también va tomando fuerza.

Después de que Madero y Pino Suárez -presidente y vicepresidente- son asesinados, durante la Decena Trágica, se abre una etapa caótica y sangrienta de la Revolución. El movimiento se volvió tan intenso e incomprensible que la población lo llamaba "la bola", pues muchos ignoraban por qué se peleaba.

Efectos de la Revolución en la literatura

Según Max Aub, el efecto inmediato de la Revolución en los medios intelectuales fue escindir en dos la narrativa mexicana. Por un lado, los integrantes del Ateneo de la Juventud -excepto Martín Luis Guzmán y José Vasconcelos- ignoraron el movimiento y trataron de darle a la literatura mexicana un enfoque de universalidad.

Por otro lado, surgió un grupo de escritores interesados en la problemática nacional que, incluso, llegaron a tener participación activa en el movimiento y que comenzarían a publicar relatos con la temática revolucionaria como protagonista.

Características de la novela de la Revolución

El ciclo de la novela de la Revolución inicia con Andrés Pérez, maderista (1911) de Mariano Azuela y se prolonga -aunque no hay un acuerdo en su duración- hasta la publicación de La muerte de Artemio Cruz (1962) de Carlos Fuentes. En este trayecto de más de cinco décadas se pasó de las simples descripciones de los hechos hasta el análisis del movimiento. Empero, la característica principal es el pesimismo o el desencanto por la actitud de los revolucionarios, en especial cuando llegan al poder.

El tema de esta narrativa es el proceso social y político de México de los últimos años del Porfiriato a la consolidación de las instituciones emanadas del movimiento. Incluye la cuestión indígena, la guerra cristera y la expropiación petrolera, todo visto desde una perspectiva nacionalista.

Aunque la mayoría de las veces el relato es lineal, se introducen técnicas del periodismo, como la crónica o el reportaje, para mostrar objetividad. Muchas veces los relatos son testimonios de quienes los escribieron.

Los diálogos -agudos, breves- denotan la rapidez con la que suceden los hechos. La Revolución se narra desde la posición del pueblo, por lo que se toma el modo de hablar de la gente, legitimando así el habla nacional.

Mariano Azuela y Los de abajo

La novela emblemática de la narrativa de la Revolución es Los de abajo, obra que ocupa un lugar prominente en la literatura hispanoamericana. Publicada en 1915, en El Paso, Texas, obtuvo el reconocimiento en México hasta la década siguiente.

La obra se ocupa de un grupo de hombres que entran a la lucha revolucionaria, algunos lo hacen para sacar provecho de ella y otros no saben ni por qué pelean. En la novela la acción es violenta, las escenas se suceden una tras otra, el escritor narra febrilmente, con frases nerviosas y diálogos cortos lo que es la realidad de la Revolución. En la novela -como en el mismo movimiento- todo surge, cambia y se derrumba al instante.

Su autor, Mariano Azuela, fue un doctor que simpatizaba con Madero. Con la caída del maderismo Azuela se incorporó, como médico militar, en el ejército de Francisco Villa. Cuando Venustiano Carranza derrotó a las fuerzas villistas Azuela se refugió en El Paso, en donde comenzó a publicar Los de abajo en forma de folletín.

Después de Los de Abajo Azuela escribió otras novelas de la misma temática, su éxito empujó a otros escritores a utilizar el tema revolucionario para sus historias, de esta forma se constituyó la narrativa de la Revolución Mexicana.