Cuatro millones de personas sufren la crisis alimentaria en Somalia, de las cuales 750.000 podrían morir en los próximos cuatro meses de no haber una respuesta adecuada. Decenas de miles de personas han muerto, y más de la mitad de ellas son niños”. Esa es la lapidaria declaración de la Unidad de Análisis de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en Somalia (FSNAU), de Naciones Unidas.

Hambruna en aumento

Según la ONU, el estado de hambruna se declara cuando la tasa de desnutrición aguda entre los niños excede el 30%, la tasa de mortalidad es de más de dos personas al día por cada 10.000 habitantes y la gente no tiene acceso a alimentos y otros bienes básicos.

El pasado 5 de septiembre, la Organización declaró en estado de hambruna a Bay, una región al sur de Somalia. A ella se suman las tres zonas declaradas el 3 de agosto, correspondientes a la capital Mogadiscio, el corredor de Afgoye y la región central de Shabelle; y las dos regiones sureñas declaradas el 20 de julio, Bakool y Baja Shabelle.

En tanto, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), solicitó 70 millones de dólares a la comunidad internacional para ayuda de emergencia. Hasta el momento sólo ha recibido 20 millones.

Las cifras tras la crisis alimentaria

De acuerdo con Unicef, en el centro y sur de Somalia, hay 1,5 millones de niños que necesitan asistencia humanitaria inmediata y 336.000 de ellos son menores de cinco años con malnutrición aguda. Además, el país ubicado en el Cuerno de África y que según CIA World Factbook posee 9.925.640 habitantes, cuenta con la mayor tasa del mundo de mortalidad entre los menores de cinco años. En 2010, el índice alcanzó a 180 niños por cada 1.000 nacimientos.

Por otra parte, de las seis zonas en las que la ONU ha declarado el estado de hambruna, la mayor tasa de malnutrición aguda se encuentra en Bay, con un 58%, lo que representa casi el cuádruple del límite marcado para las emergencias por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Causas tras la hambruna

Durante 2010, Somalia pasó dos temporadas de lluvias escasas, lo que generó uno de los años más secos desde 1951. El escenario se agravó a causa del elevado precio de los cereales en el país, la mortalidad del ganado y el restringido acceso a la ayuda humanitaria en algunos sectores.

De acuerdo con la organización Save the Children, entre una primera y la segunda ración de comida para los niños pueden pasar hasta 40 días. Además, en algunas áreas del país el precio de la leche se ha triplicado y hasta un 70% de los pastores ha visto morir a la totalidad de su ganado. Según la FAO, aproximadamente el 80% de la población en el Cuerno de África cuenta con la agricultura como fuente principal de alimentos e ingresos.

Pero esto no sólo se trata de consecuencias del calentamiento global o del alza en el precio de los alimentos. Acá hay un factor político y social preponderante.

Éxodo de habitantes e inestabilidad política

Dadaab, ubicado en Kenia, es el campamento de refugiados más grande del mundo, el que de tener capacidad para 90.000 personas pasó a terminar desbordado con casi 400.000 somalíes a inicios de julio. Según Médicos Sin Fronteras (MSF), hay mujeres y niños que caminan por veinte días para llegar a Dadaab, mientras Kenia, junto a Etiopía, se ha transformado en el destino de unos 3.000 refugiados a causa del álgido panorama somalí.

A esto se añade el desgobierno y la violencia existente en suelo somalí. La Misión de la Unión Africana para Somalia (AMISOM) tiene 9.000 soldados en el país, junto a las tropas del Gobierno de Transición, para luchar contra la milicia islamista, vinculada a Al Qaeda, Al Shabab; cuyo objetivo es imponer un Estado islámico.

Desde el 29 de enero de 1991, cuando fue derrocado el dictador Mohammed Siyad Barreh, el país vive en una constante guerra civil y carece de un Gobierno estable. Mientras, ha permanecido en manos de milicias islámicas y bandas de delincuentes armados. De hecho, el pasado 21 de septiembre, la emisora de radio de Al Shabab premió a tres niños; ganadores del recital infantil de poemas del Corán, con fusiles AK-47, granadas de mano y dinero para que luchen “contra los gobiernos apóstatas e infieles", según afirmó un integrante de la milicia islamista que controla extensos territorios en la parte sur y central del país.

A tal violencia, se suman los robos y agresiones sexuales que sufren quienes intentan salir de Somalia, y la existencia de los piratas somalíes que para algunos son uno de los tantos males presentes en la zona y para otros son un elemento esencial.

Piratas somalíes, ¿mito o realidad?

La noticia más publicada es que estos piratas son una amenaza para el transporte marítimo, que son un gen negativo al que se debe exterminar. Pero el artículo “Le están mintiendo sobre los piratas”, del periodista británico Johann Hari; dice lo contrario.

Según el escrito, publicado el 4 de enero de 2009 en el Huffington Post, el verdadero problema son los barcos occidentales que descargan residuos nucleares y capturan los productos marinos de Somalia que cuenta con 3.025 km de costa.

En cuanto desapareció el gobierno, misteriosamente llegaban buques europeos a la costa de Somalia, vertiendo enormes barriles en el océano. La población de la costa empezaba a enfermar. Al principio, padecieron extrañas erupciones, náusea, y nacieron niños con malformaciones. Entonces, después del tsunami de 2005, cientos de estos barriles vertidos y con fugas terminaron en la orilla. La gente empezó a enfermar de la radiación, y más de 300 personas murieron”, informa el artículo.

Más de 300 millones de dólares en atún, camarón, langosta (…) son robados cada año por los enormes pesqueros de arrastre al internarse ilegalmente en los mares no protegidos de Somalia. Los pescadores locales han perdido su sustento, y se están muriendo de hambre. Mohammed Hussein, un pescador de la ciudad de Marka, a 100 kilómetros de Mogadiscio, declaró a Reuters: ‘Si no se hace nada, pronto no quedará pesca en las aguas de nuestra costa’”, agrega el escrito.

En ese contexto surgieron los piratas somalíes, quienes se autodenominaron Guardacostas Voluntarios de Somalia y decidieron actuar para detener la pesca ilegal y los vertidos de contaminantes en el mar. “No nos consideramos bandidos de los mares. Los bandidos son aquellos que pescan, vierten residuos y llevan armas en nuestros mares”, dijo uno de los dirigentes piratas, Sugule Ali.

Conciencia social. ¡Urgente!

Hiere ver cómo el país de tez negra se marchita día a día. Según la FAO, 1.300 millones de toneladas de alimentos terminan en la basura, anualmente, mientras la hambruna en el Cuerno de África va en aumento.

La drástica alza en el precio de los alimentos versus el desperdicio de estos, constituyen una enorme amenaza para la seguridad alimentaria de la población, más aún teniendo en cuenta que de acuerdo al Banco Mundial, entre el año pasado y este, el aumento en el costo de los alimentos dejó al menos a 70 millones de personas en la pobreza extrema.

Con todo este panorama, urge crear conciencia social. Es inhumano que grandes industrias transnacionales y poderes fácticos se vinculen para enriquecerse a costa de la supervivencia de miles de niños, mujeres, hombres y ancianos. Somalia puede ser el objetivo de ayuda humanitaria, pero si no se erradican las causas reales de la crisis, el país vivirá en constante agonía.