
- El Camino - Editorial Destino
Durante mucho tiempo, se ha dado por supuesto que las obras protagonizadas por niños y adolescentes tenían como lectores potenciales a chicos y jóvenes con edad similar a los principales actantes de dichas obras.
Así, por ejemplo, las obras de Enid Blyton, llenas de pandillas chavales entre ocho y doce años, estarían destinadas a jóvenes entre esas edades.
Sin embargo, los límites actuales entre literatura infantil y literatura de adultos y, sobre todo entre ésta última y la destinada a preadolescentes y adolescentes, se difumina cada vez más en la literatura española.
Novela de adultos para jóvenes
Muchos autores, que teóricamente escriben para adultos, tienen obras que pueden ser leídas por niños y jóvenes.
Uno de los ejemplos más utilizados es Miguel Delibes, cuyo principal atractivo es una prosa muy sobria, unido a una técnica narrativa aparentemente sencilla. El autor ha sido utilizado muchas veces como medio de introducir a los preadolescentes en la literatura "seria" o de adultos. El camino y El príncipe destronado son las dos obras que más se suelen mandar en estas edades. En ambas, el protagonista es un niño que, intuitiva o explícitamente, vislumbra un cambio vital: si, en el primer caso, Daniel "el mochuelo" sabe que al día siguiente parte a la ciudad para estudiar, en el segundo, Quico siente que su hermanita Cristina va a acaparar toda la atención de los adultos de su entorno, ya que es la más pequeña de la casa.
En otra línea, Carmen Martín Gaite nos presenta su particular visión sobre la niñez en Caperucita en Manhattan. Considerada una autora para el público adulto, en esta novela se plantea la niñez como una etapa vital con definición propia, igual que la madurez y, por tanto, sus protagonistas los niños poseen la facultad de elegir por sí mismos su destino y su futuro. La reelaboración del cuento clásico le permite modificar los caracteres de los personajes y, en consecuencia, sus trayectorias personales, mucho más optimistas que en la narración original, de la que suprimen los rasgos de crueldad tan propios de los cuentos infantiles de finales del siglo XIX y comienzos del XX.
Sagas infantiles en la literatura española
Aunque no haya muchos ejemplos, la literatura española también posee alguna saga de libros protagonizada y destinada específicamente para los más pequeños.
Las dos que abrieron camino fueron Celia de Elena Fortún y Antoñita la fantástica de Borita Casas. En ambas series, la protagonista tiene corta edad (entre siete y ocho años) y va creciendo a lo largo de las diferentes secuelas, cuyo punto álgido de fama se centra en las décadas de 1940 y 1950. Con ágiles diálogos y las típicas peripecias de dos niñas muy dinámicas (ambas con hermanos menores) el valor actual de estas obras está en reflejar la clase media de posguerra (la madrileña en el caso de Celia, la barcelonesa en el de Antoñita) y el tipo de educación que se daba a las niñas en esa época.
En la década de 1960, Carmen Kurtz publica en la editorial Juventud la serie protagonizada por Oscar Tur, un chaval de un barrio obrero de una ciudad costera. Su vida alterna entre elementos realistas (su barrio, su padre, sus amigos, su escuela) con los fantásticos, que le permiten iniciar las más inverosímiles aventuras (en la selva africana, en las Olimpiadas o en Escocia)
No hay que olvidar al protagonista de la serie infantil más leída en los últimos tiempos: Manolito Gafotas, cuya autora, Elvira Lindo, empieza a contar las historias de este niño parlanchín a través de la radio. A partir del éxito cosechado en el medio radiofónico, decide publicarlas en forma de libro. Así conocemos a la familia de Manolito (sus padres, su hermano pequeño, su abuelo materno) y a sus amigos de Carabanchel. Si El pequeño Nicolás de Goscinny representa el niño bien educado de clase media, Manolito es el barriobajero tanto por su lugar de residencia como por el lenguaje, lleno de giros propios de un nivel lingüístico acorde con su zona de residencia.
La religión y los niños
La experiencia religiosa es un tema poco tratado en obras escritas para niños. Quizá por ello destaque con luz propia Marcelino Pan y Vino (1952) de José María Sánchez Silva, único español que ha recibido el Premio Andersen, en 1968. El mismo Sánchez Silva escribió el guión de la película homónima. La obra destaca por tratar el tema con sencillez y sin empalago o sensiblería, manteniendo el punto de vista del niño a lo largo de toda la narración.
El niño puede protagonizar, por tanto, narraciones destinadas a lectores de cualquier edad, que leerán la obra a partir de sus vivencias previas y del caudal narrativo al que se han acercado hasta el descubrimiento de la nueva obra. En muchos casos, la relectura del libro en otro momento de nuestras vidas nos permite apreciar matices que se nos escaparon en nuestra niñez.
