El pasado noviembre se alcanzó un nuevo récord de parados en España. Según la OCDE, la tasa de paro en 2011 es más del doble que la del 2008 y muy superior a la del resto de naciones desarrolladas. Al comienzo de la crisis la tasa de desempleo ya era del 9%, lo que refleja un elevado paro estructural, causado por una legislación laboral inadeuada que es preciso reformar.

Flexibilizar la negociación colectiva

El origen de los convenios colectivos data del franquismo y su legislación pervive, con algunas modificaciones, en la actualidad. Los convenios estipulan las condiciones económicas y laborales de los diferentes sectores, sin tener en cuenta la especifidad de cada empresa. En consecuencia, los salarios, sobre todo en los contratos indefinidos, han aumentado pese a la fuerte contracción económica. El resultado es que los sueldos en España no reflejan ni productividad ni la demanda y oferta de empleo.

El paro se crea cuando el coste laboral de los trabajadores (salario) es superior al valor de lo que producen. Ante un descenso de la productividad, los asalariados temporales son los primeros en verse afectados, pues el coste de su despido es sensiblemente menor. Después, les llega el turno a los contratos indefinidos. En fecha tan temprana como el primer trimestre del 2007, con el PIB creciendo todavía al 3,8% interanual, comenzó a destruirse empleo temporal, mientras que el indefinido lo fue a principios del 2009, cuando el PIB ya había descendido en tres trimestres consecutivos.

Una medida que podría disminuir de manera significativa la tasa de despidos es una negociación colectiva descentralizada en materia salarial, de manera que los agentes sociales pudiesen ajustar las relaciones laborales a las circunstancias concretas de la empresa, tanto económicas como de mercado. Una mayor flexibilidad ayudaría a las empresas a superar las dificultades económicas sin necesidad de despidos masivos. Después, cuando la situación mejorase, los empleados recuperarían su poder adquisitvo.

Abaratar la contratación

La excesiva burocratización y el coste son trabas que dificultan la contratación de nuevos trabajadores. En España existen escesivos tipos de contratos laborales. Es preciso simplificar la contratación con el objetivo de conseguir un único contrato de trabajo, de vigencia indefinida, y cuyo coste de extinción fuese progresivo, en función del número de años trabajado.

Abaratar el despido de los contratos indefinidos

La legislación vigente encarece mucho el despido. Pese a la crisis económica, el 89% de los contratos indefinidos resueltos lo son mediante el despido improcedente (45 días por año trabajado), para evitar los costes judiciales y legales de los otros tipos de despido.

Esta elevada protección del contrato indefinido causa una excesiva proliferación de los contratos temporales. El empresario, ante la situación económica actual, se decide por una contratación temporal ante una necesidad, en principio, coyuntural. En cambio, un acercamiento en la protección de ambos tipos de contrato y en los costes de contratación asociados, permitiría obtener una proporción más razonable entre indefinidos y temporales, con un aumento de los primeros.

Mejorar las políticas de empleo

Las políticas de empleo son pasivas (subsidios de desempleo) y activas, que incluyen los cursos de formación y la búsqueda activa de empleo. Es necesario mejorar ambas y condicionar la primera con las políticas activas.

El subsidio de paro debe considerarse como una ayuda muy coyuntural y no ser percibido como un salario. Para ello, desde el primer día que el trabajador queda en paro, la oficina de empleo debería realizar un seguimiento de su proceso de búsqueda y ayudarle a mejorarlo. Asimismo, debería ofrecerle cursos formativos y tener la potestad de retirarle la prestación por desempleo en caso que no los siguiese o rechazase ofertas de trabajo acordes a su cualificación.

Por otro lado, dada la cantidad de parados de larga duración, sería conveniente alargar temporalmente el subsidio por desempleo, aunque la cifra total a percibir fuese la misma. Las prestaciones serían mayores al principio e irían reduciéndose con el transcurso de los meses. De esta manera se incentivaría la búsqueda activa de empleo y no se vería el subsidio como un salario.

España gasta casi un 1% de su PIB en políticas activas en el mercado laboral. Por desgracia, este coste no se refleja en una mejora significativa en la formación de los desempleados y, por ende, en la tasa de paro.

En la actualidad, la formación continua de los trabajadores está en manos de sindicatos y asociaciones patronales. La financiación de estas entidades puede estar entre 800 y 900 millones de euros y, sin embargo, no están logrando su objetivo. Es preciso mejorar la eficiencia tanto de la formación como de la búsqueda activa. Sería conveniente evaluar los cursos formativos y ver aquellos que favorecen el acceso al empleo, mejoran la carrera profesional de los interesados y aumentan la competitividad. De esta manera se podrían potenciar estos cursos y suprimir todos aquellos de escasa o nula utilidad.

Asimismo, el parado debería elegir libremente la formación que estimase conveniente, ya fuese pública o privada. También habría que potenciar la iniciativa privada y mejorar la pública en la intermediación laboral (búsqueda de empleo).

Unificar el mercado laboral español

Es necesaria la unificación del mercado laboral, fragmentado en las diferentes Comunidades Autónomas. Un mercado unitario permitiría coordinar políticas de empleo eficaces entre el Gobierno central y los autonómicos. Al mismo tiempo, se favorecería la movilidad entre Comunidades, desde las que tienen mayores tasas de paro, como Andalucía (superior al 30%), a las de menores tasas de desempleo (Navarra tiene algo más del 10%).

Combatir el paro, un objetivo prioritario

En el marco de la crisis actual, es necesario realizar las reformas pertinentes sin demora para frenar primero la destrucción de empleo, con malos augurios para el 2012, y, después, comenzar a crear puestos de trabajo. Estas reformas, que también deben afectar al tejido industrial español, sólo tendrán resultados a medio plazo si se hacen en la buena dirección y no se buscan soluciones a corto plazo, que no resolverían las raíz del problema, como ocurrió con el "boom" de la construcción.