Considerada una de las pinacotecas más importantes del mundo, El Museo del Prado de Madrid custodia una colección de pintura española de relevancia internacional.

Compuesta por casi 5.000 cuadros, que cronológicamente abarcan desde la pintura románica hasta el siglo XIX, la colección de la escuela española conforma un conjunto artístico incomparable. Sus fondos están compuestos por las obras de arte de la Colección Real y las del Museo de la Trinidad que han ido aumentando a través de los años, en categoría y número, gracias a las nuevas adquisiciones y donaciones.

Imágenes de la Navidad en el Museo del Prado a través de la Historia

La temática religiosa es muy frecuentes en la pintura barroca española. Sus obras, con una importante finalidad de difusión del pensamiento católico, obedecen a los ideales de la Contrarreforma. España, en este aspecto, siguió muy de cerca los dictámenes de Concilio de Trento cuyos decretos sobre la iconografía religiosa tuvieron su culminación en el arte barroco.

La colección de pintura española del Prado cuenta con un importante grupo de pinturas de tema navideño y pasajes de la vida de Jesús. Las más antiguas son de época medieval, con figuras planas, que no expresan emoción y ausencia de perspectiva. Las de época barroca son más realistas y la pintura se concibe como un choque entre la luz y la sombra, lo que otorga a las escenas un marcado carácter teatral. Son mayoría las obras con el tema de la adoración de los Reyes Magos o los pastores, y algunas de ellas son muy conocidas por haber sido reproducidas en numerosas ocasiones en felicitaciones de Navidad y sellos de Correos.

En el Museo de Prado se pueden contemplar las siguientes obras

Según un estricto orden cronológico, podemos contemplar:

  • Adoración de un Mago. Pintura mural al fresco de la Iglesia de la Vera Cruz de Maderuelo (Segovia). Es la más antigua de las escenas relativas a la Navidad que se conservan en esta pinacoteca. De autor anónimo, representa la visita de uno de los Magos a la Virgen María que sostiene a Jesús en sus brazos. Datada en el siglo XII, pertenece al revestimiento mural románico de aquella iglesia que también luce otras pinturas de la época con escenas del Antiguo y del Nuevo Testamento. La Adoración de un Mago fue trasladado a un lienzo y reconstruido. Podemos contemplarlo en la sala 51c del Prado.
  • La Natividad. Bajo el título un tanto genérico de Maestro de Sopetrán, se esconde un pintor español del siglo XV del que desconocemos la identidad, pero que cuenta con un personal estilo. Trabajó en la ermita de Santa María de Sopetrán (Guadalajara) propiedad de la familia Mendoza, la misma que le encargó esta Natividad. La escena se enmarca en un paisaje pastoril con un lago y una fortaleza al fondo que nos recuerdan a la pintura hispano-flamenca, sin embargo el marco arquitectónico que alberga a las figuras no se corresponde con este estilo. Esta obra está expuesta en la sala 51a del museo.
  • La Natividad. Realizada en óleo sobre tabla por Rodrigo y Francisco de Osona hacia el año 1500, es un claro ejemplo de pintura hispano-flamenca. La escena está enmarcada en un paisaje ideal, entre las ruinas de un edificio, que en nada se parece al Belén descrito en el Nuevo Testamento. Una ciudad de trazas góticas aparece al fondo, mientras la escena principal está dominada por la figura de María, con un manto blanco, y San José que, arrodillados, contemplan al Niño. Podemos verla en la sala 52a del Museo al igual que la obra siguiente.
  • Adoración de los Reyes. Francisco de Osona pintó esta obra que forma pareja con la anterior, hacia 1500. Las dos fueron adquiridas por el Museo del Prado en 1941 y guardan un interesante parecido en su estilo. En este caso el escenario arquitectónico no se encuentra en ruinas, aunque está igualmente enmarcado en un paisaje ideal en el que se vislumbra una ciudad portuaria al fondo. Los Reyes Magos, majestuosamente vestidos, contrastan con la sencillez de los ropajes de María y José, aunque en ambas obras se aprecia el hieratismo de las figuras que caracteriza la pintura de hispano-flamenca.
  • Adoración de los Pastores. El Greco lo realizó alrededor de 1613, un año antes de su fallecimiento, y estaba destinado a decorar su panteón familiar en la Iglesia de Santo Domingo el Antiguo en Toledo, aunque su deterioro y los continuos traslados aconsejaron su compra por parte del Prado para su mejor conservación. Como en otras obras suyas, la pintura tiene dos zonas: una superior, que representa la resurrección y la vida eterna y otra inferior donde se recoge la escena de los pastores visitando a Jesús y María. El pastor del primer término puede ser un autorretrato del pintor. Esta obra está expuesta en la sala 26 del museo.
  • Adoración de los Magos. Velázquez trabajó en esta pintura en 1619, es por tanto una obra de su época juvenil en la que participó posando su familia. Melchor sería su suegro, Francisco Pacheco; Gaspar el propio pintor y la Virgen su esposa Juana, que sostiene en sus brazos a Francisca, la hija recién nacida de ambos en el papel del Niño Jesús. Tiene un estilo tenebrista, con un fuerte claroscuro, que fue realizada para la iglesia de San Luis de los Franceses en Sevilla. Se encuentra en la sala 10 de museo.
  • Sagrada Familia del pajarito. Bartolomé Esteban Murillo lo realizó en 1650. Describe una escena íntima y familiar en la que Jesús juega con un pajarillo y un perro, mientras su madre devana una madeja de hilo. Siguiendo los dictados de la Contrarreforma, otorga un papel protagonista a San José y su trabajo, representado por medio del banco de carpintero que hay a su espalda. Esta obra fue requisada por las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia y llevada al Museo Napoleón de París. Fue devuelta en 1818, ingresando en el Prado en cuya sala 28 podemos contemplarla actualmente.
  • Sagrada Familia. De las más de 140 pinturas que el Museo del Prado conserva de Francisco de Goya, ésta es una de las dos que dedicó a La Virgen, San José y el Niño. Ambas se encuentran expuestas en la sala 35. Este óleo fue realizado entre 1775 y 1780, siendo por tanto, una de las primeras obras del pintor que entonces se encontraba muy influenciado por las técnicas neoclásicas. Fue encargado para decorar la Basílica del Pilar de Zaragoza, y en 1877 lo adquirió el Museo de Prado siguiendo el consejo del rey Alfonso XII. Posee una técnica perfecta en su dibujo e iluminación, destacando el delicado rostro de María, el tratamiento de los cuerpos de Niño Jesús y San Juanito, así como los ropajes y texturas, que se convierten en los verdaderos protagonistas del cuadro.
Contemplando estas obras podemos darnos cuenta de los cambios que a través de la Historia se han dado en los distintos estilos artísticos para plasmar las escenas del nacimiento e infancia de Jesús. Son cuadros que puedes contemplar actualmente en el Museo del Prado, en cuyos fondos se conservan más pinturas con esta misma temática, pero que no están expuestas ahora.