Siglos antes de la llegada de Cristo antiguos pueblos europeos festejaban el renacer y la prosperidad en medio de los oscuros días invernales. Muchas personas se regocijaban con el solsticio de invierno, cuando ha cesado el incremento del período de oscuridad y comienzan a alargarse los días y las horas de iluminación solar.

Claro, el nombre de Navidad o fiestas navideñas solo fue un fenómeno posterior al nacimiento de Cristo y la implementación de la religión cristiana y está relacionado con la palabra “natividad”, que significa nacimiento.

Yule, la navidad escandinava

En Escandinavia sus habitantes celebran la navidad (Yule) desde el 21 de diciembre hasta enero. Durante este período, y en homenaje al retorno del sol, padres e hijos recopilan enormes troncos para hacer un gran fuego en el hogar. Las personas festejan hasta que la gran fogata se extinga totalmente, lo cual puede tomar hasta 12 días. Muchos pueblos de esa región creen que esa llama encendida representa los cerdos o carneros que serán quemados en el siguiente año.

La carne y el vino navideño

En la mayoría de las regiones europeas los días finales de diciembre son un tiempo perfecto para las festividades. En esas fechas son sacrificados una gran cantidad de ganado vacuno; tal es así que, para muchos habitantes de esa región del planeta, esta es la única época durante todo el año en que pueden abastecerse de carne fresca.

Por otro lado, gran cantidad de cerveza y vino puestos a fermentar durante el año se encuentran finalmente listos para ser consumidos.

Oden y la tradición germánica

En Alemania, durante esta misma época, se homenajea a Oden, un antiguo dios pagano. Según la creencia germana el temible y poderoso Oden sale a pasear por las noches. Durante su vuelo nocturno observa a las personas y decide quién prosperará y quién caerá en la desgracia. Por tal motivo muchas personas deciden permanecer encerradas durante esta época.

Saturnales y otras tradiciones romanas

En Roma, donde el invierno no era tan crudo como en los países nórticos, eran celebradas antiguamente las fiestas Saturnales. Estas comenzaban en la semana del solsticio de invierno y se extendían a lo largo de todo un mes. Las Saturnales eran un tiempo de hedonismo, donde la bebida y la comida abundaban y el orden social romano era quebrantado. Por un mes los esclavos se convertían en amos, lo campesinos señoreaban en las ciudades, los negocios y las escuelas se cerraban para que todos pudiesen participar de las festividades.

También en los días del solsticio de invierno los romanos festejaban los Juvenalia. Esta era una fiesta dedicada a los niños romanos. Por otro lado, las clases pudientes celebraban el cumpleaños de Mitra, el dios del sol invencible, el cual tenía lugar igualmente el 25 de diciembre. Los romanos creían que Mitra, el dios infante, había nacido de una roca. Para algunos romanos esta conmemoración era la más sagrada de todo el año.

El sincretismo de la navidad

Los precursores del naciente cristianismo tomaron inteligentemente estas y otras muchas creencias y tradiciones antiguas y las adaptaron a su religión, sincretizándolas y absorbiéndolas, dando como resultado la celebración de la Navidad. No obstante, aún en algunas regiones permanecen casi inalterables las antiguas celebraciones.