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La música y los niños

Claves de una relación casi mágica

Estimulación temprana con la música - Macarena Anrique
Estimulación temprana con la música - Macarena Anrique
Como un lenguaje natural, la música puede resultar una fórmula para desarrollar las emociones y el aprendizaje, es el factor para que los niños sean adultos desenvueltos.

En la vida cotidiana y al alcance de todos, la música la encontramos en piedras que se golpean, hojas secas que se pisan o aprietan, papeles que se arrugan, manos que aplauden o pies que zapatean. Según educadores y psicopedagogos, que los niños hagan estas actividades al compás de una melodía resulta perfecto no tanto para generar una canción, sino para aprender a vivir y “acompasarse” con nuestra naturaleza rítmica.

Poco a poco, los niños van aprendiendo a identificar los sonidos, a disfrutarlos y utilizarlos; tan simple como comprender que si se es capaz de discriminar auditivamente bien, es posible salvarse hasta de un atropello: si tocan la bocina y sabemos de dónde viene el ruido, nos podemos prevenir de mejor manera.

Somos música… ¡Despertemos neuronas!

Se inicia el latido cardiaco y empieza el vínculo de por vida con el ritmo. "Somos música y sonido por naturaleza; el sonido, a la vez, es movimiento y todo lo que ocurre en la existencia también lo es; así comprendemos que no es un arte superior, sino algo inherente al ser humano", comenta Claudia Donoso, educadora de párvulos con mención en música, magíster en educación y directora de un jardín infantil musical y de la Primera Escuela Artística del Párvulo, ambos de Chile.

Los primeros tres años de vida se describen como un período de altas conexiones cerebrales que deben estimularse; se trata de una fase en que está muy activo el hemisferio derecho del cerebro, el creativo e impulsivo. Entonces, la música se convierte en un factor preponderante para esta tarea, según explica Fabiola Fariña, también educadora de párvulos y psicopedagoga.

Después de los seis años funciona más nuestro hemisferio izquierdo, lo que se refleja en que somos más educados y asimilamos distinto cada instante. No obstante, si se trabajó con la música en la fase previa, las emociones surgen más fáciles, vibramos y nos sorprendemos con naturalidad, recalca Claudia Donoso.

Rimas, cuentos, trabalenguas

"Las canciones de cuna son importantes porque se ha comprobado que, a nivel cerebral, se genera una especie de magia cada vez que se balancea a un pequeño cantando o tarareando; al mecer, el cerebelo calma la ansiedad generando quietud", señala la educadora. Así, la música ayuda al control de los impulsos y las emociones, calma al inquieto y dinamiza a los pequeños muy tranquilos; en definitiva, es un excelente medio de comunicación.

Las palabras también cumplen una tarea. El entorno auditivo está formado en gran medida por los timbres de voz, por eso hay que hablar y cantar a los niños mientras se les acuna, contarles cuentos, hacer rimas, decir trabalenguas. No solamente la canción es música, también lo es el lenguaje hablado, convirtiéndose en un elemento maravilloso para el desarrollo de las emociones y la disipación de la ansiedad.

Mejores aprendizajes

Cuando desde la primera infancia hay un vínculo cercano con la música, se permite un buen desarrollo en la escritura y la lectura. También “el habla se favorece, hay niños que al cantar pronuncian mejor, se les entiende más que al hablar, entonces la canción se presenta como un excelente recurso de lenguaje verbal”, asegura Claudia Donoso.

A su vez, Fabiola Fariña especifica que la música mejora la concentración y el rendimiento escolar, incluso en aquellos pequeños con déficit atencional, hiperactividad o algún trastorno de aprendizaje. Agrega que facilita el conocimiento de la cultura, permite adquirir técnicas de respiración y relajación, favorece el desarrollo del lenguaje oral, mejora la comprensión y también el aumento del vocabulario. Además, estimula la memoria auditiva y la imaginación, la expresión corporal y el sentido rítmico a través de bailes y gestos.

Gimnasia musical

Caminar al ritmo de negras, correr al compás de las corcheas o saltar con los saltillos, así les habla Claudia Donoso a los niños y niñas de su jardín musical y escuela artística infantil, ampliando el vocabulario de manera vivencial, asociando siempre la acción con los conceptos.

Otro tipo de “educación musical” es aquella generada a partir de la obra de Wolfgang Amadeus Mozart, quien trabajó mucho con los tonos agudos, sonidos que al escucharse generan mayor cantidad de sinapsis o conexiones cerebrales. Por esta razón, cuando se escuchan los sonidos agudos, la actitud corporal y mental es de alerta, en cambio, con los tonos graves sucede lo contrario.

De lo anterior deriva lo que se conoce como Efecto Mozart y la idea de que este sistema potencia la inteligencia en los pequeños. Para aprovechar el recurso, basta con exponer a los niños y las niñas a audiciones como parte del ambiente, por ejemplo, cuando juegan o viajan en auto.

Cuidar el entorno auditivo

Si lo pensamos bien, el oído no descansa nunca y siempre está alerta, incluso cuando nos tapamos las orejas escuchamos los sonidos de nuestro organismo. Por lo mismo, se recomienda cuidar los entornos auditivos y no contaminarlos acústicamente; por ejemplo, no pasar demasiado tiempo en centros comerciales o no permitir que esté encendida la televisión junto con la radio.

Tampoco es aconsejable mezclar sonidos del interior de la casa con los exteriores cada vez que las ventanas están abiertas. Se recomienda potenciar los sonidos de la naturaleza, escuchar cuando caen las gotas de lluvia en el vidrio de una ventana, oír cómo sopla el viento o escuchar el silencio que nunca es tan silencioso.

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