Cuando se habla de los festejos de la Independencia y el de la Revolución mexicanas, se recrean de todas las formas posibles a los héroes que le dieron patria a los mexicanos y su importante papel en estas etapas tan importantes de la historia.

Personajes como Miguel Hidalgo, Ignacio Allende o José María Morelos, son interpretados y caracterizados con la solemnidad de un lenguaje que sólo los héroes tienen. Frases célebres y contundentes son puestas en sus bocas, las cuales se vuelven un decálogo básico para el conocimiento de la historia, pues se trata de personajes fenomenales salidos de una estirpe única e inalcanzable.

En el caso de la Revolución Mexicana no es una situación diferente. Próceres como Francisco I. Madero, Venustiano Carranza o Lázaro Cárdenas, son reconocidos más por la solemnidad de sus palabras y la lealtad a sus ideales que por el caudillismo que llegaron a desempeñar en búsqueda del poder y la consolidación del país.

Las mujeres y la historia

No obstante, resulta interesante ver, cuando se estudia el movimiento de Independencia y la Revolución de México, que el número de mujeres, consideradas heroínas nacionales, es mucho más bajo en contraste con el protagonismo permanente de los hombres.

Sin embargo, sería irresponsable el afirmar que por esa razón las mujeres estuvieron ausentes, inadvertidas o desinteresadas de ambos periodos de la historia de nuestro país.

Alrededor de cada héroe nacional existieron mujeres anónimas y también reconocidas, que jugaron papeles fundamentales más allá de usar los tacones para avisar sobre el descubrimiento de una conspiración, como lo hizo doña Josefa Ortiz de Domínguez, el apoyo económico de Leona Vicario a la causa libertaria o de las muy conocidas fusileras comúnmente conocidas como “Adelitas”.

Se trata de mujeres que tuvieron la oportunidad de vivir y hasta sufrir a los héroes de carne y hueso, es decir, a hombres con virtudes, defectos, filias, fobias, sentimientos y frustraciones de un ser humano normal.

La lucha de la mujer en la Independencia y la Revolución de México tuvo muchos más frentes que un ejército enemigo, recibieron también los embates de adversarios íntimos y fantasmas nacidos en su entorno social, los cuales hay que señalar si lo que se quiere es reconocer el papel de las féminas en ambos sucesos históricos.

El fantasma del patriarcado

Por razones antropológicas, los roles sociales de las mujeres en los siglos XVIII y XIX se caracterizaron por la sumisión y la obediencia. La herencia española y la imponente influencia de la religión católica, señalaban que la mujer debía estar a la sombra del hombre durante toda su vida, primero como hija, luego como esposa. Su principal rol era el de conservar siempre la virtuosidad y el apego a las costumbres de la decencia y los buenos modales, pues en el comportamiento de la mujer se medía, entre otras cosas, la honorabilidad del hombre.

Se trataba de una sociedad estrictamente patriarcal, tanto las mujeres españolas como las criollas recibían esta formación, a veces muy estricta, principalmente de la Iglesia Católica a través de sus escuelas y conventos. La educación, más allá de ser una aportación de conocimientos para su crecimiento intelectual e independiente, se reducía a una serie de normas y valores morales que las sentenciaban a ser amas de casa, dedicadas la cocina, los hijos y el bordado.

Paradójicamente, las mujeres de la Independencia y de la Revolución pelearon por una justicia que siempre fue ajena y desconocida para ellas, pues a pesar de haber luchado a lado de los hombres, carecían de derechos humanos y civiles que actualmente son básicos en la sociedad mexicana. Cien años después de haber tomado las armas a lado de los héroes independentistas, las mujeres de la Revolución todavía eran consideradas seres inferiores, a las que no se les permitía decidir, sufragar en una elección o expresar un pensamiento independiente; todo ello, a pesar de los anhelos de igualdad entre los mexicanos propuestos por José María Morelos en los Sentimientos de la Nación desde 1813.

El enemigo íntimo

Las heroínas anónimas de la independencia y la Revolución de México también tuvieron que luchar con un enemigo en casa, que es el lado oscuro de los propios próceres. En el yugo de las condiciones sociales, las mujeres que vivieron al lado de los héroes tuvieron que lidiar con las necesidades humanas de aquellos hombres que nos dieron patria, y resignarse al rapto, el abandono, y hasta la infidelidad.

La historia sustenta el cómo muchas de estas heroínas se convirtieron en cocineras, compañeras, esposas, concubinas y madres de hijos ilegítimos, de los que peleaban en el frente de batalla; tal fue el caso de Brígida con la que José María Morelos concibió a Juan Nepomuceno Almonte (que años después fue promotor de traer a México a Maximiliano), y las muy conocidas 29 esposas del Centauro del Norte, Francisco Villa.

Muchas de ellas murieron junto con sus hombres, mientras que otras fueron abandonadas o excluidas de las victorias que enriquecen las páginas de la historia de México, no obstante la entrega y entereza en todas sus facetas y que en realidad las hizo ser los vientres maternos donde se gestó la patria.

¿Qué hubiera sido de los héroes nacionales sin el amor, apoyo, sumisión, lealtad, valentía y convicción de todas estas mujeres que difícilmente veremos en un libro de historia de México?

¿Se debe poner en duda o minimizar su importante contribución al nacimiento y desarrollo de nuestra patria?

Las mujeres en la revolución mexicana moderna

La mujer mexicana sigue en pie de lucha. Doscientos años después, las batallas se libran en otros campos donde las balas o los fusiles ya no son necesarios. Todas aquellas mujeres que entregaron de forma valiente y desinteresada su cuerpo y alma a dos de las causas históricas más representativas de la historia de México, dejaron un testimonio de vida, donde su espíritu debe renacer en las mujeres que hoy heredaron el deseo de la libertad y la búsqueda permanente de la justicia social.

Resulta fundamental que la mujer mexicana entienda que su aportación a la nueva etapa de la revolución en México es la de combatir los fantasmas del pasado que aún en estos tiempos nublan su futuro, como el machismo, la discriminación y la ignorancia de sus derechos fundamentales; de no repetir los roles que las condenaban al anonimato y a cobijarse de manera sumisa en la sombra de un hombre.

El camino ya fue pavimentado con sangre y lágrimas de las féminas de antaño, por lo que sólo queda escuchar el grito de guerra de las mujeres mexicanas, en el bicentenario de su país.