En el cuento “La casa de Asterión”, publicado en 1949 en el libro “El aleph”, Borges cuenta la historia del famoso minotauro de Creta, monstruo mitológico caracterizado por tener cabeza de toro y cuerpo de hombre. Pero al momento de presentar este relato, de sobra conocido por todo aficionado a la mitología clásica, el autor argentino introduce un cambio que tiene consecuencias significativas para la lectura de la obra: cambia de un narrador impersonal en tercera persona a un narrador en primera persona. Sin embargo, la novedad no se agota acá: el narrador, lejos de lo que podría esperar el lector, no es Teseo sino que es el minotauro. Así, no solo se pasa de una narración en tercera a una narración en primera persona, con el consiguiente aumento de la subjetividad en el relato, sino que también se cambia de foco: si la versión original se centraba en el héroe ateniense, la versión borgeana se va a centrar en el monstruoso minotauro.

La humanización del monstruo

Ya desde el principio del relato Borges remarca la distancia que media entre el minotauro y el resto de los habitantes de Creta: las pocas veces que se aventuró fuera del laberinto experimentó el temor del vulgo. De hecho, el propio narrador es conciente de la distancia que lo separa del resto de la gente y por eso, al principio del segundo párrafo del cuento, no duda en afirmar: “… soy único”.

Frente a esta afirmación de la mítica criatura surge la siguiente pregunta: ¿cuál es el sentimiento que despierta en él la absoluta soledad en la que vive? En un primer momento, parece que, al igual que algunos héroes románticos de la literatura decimonónica, considera que su soledad no es más que un síntoma de su superioridad y que, por lo tanto, debe sobrellevarla con orgullo. Pero más adelante en el relato, deja deslizar el dolor que esta situación le genera.

La llegada de Teseo

Sin embargo, pese a la gran tristeza que aqueja al narrador, logra mantener la calma porque sabe, a partir de la profecía de una de sus víctimas, que algún día llegará una persona a liberarlo: Teseo. Así, cumpliendo lo que está decretado por el destino, el héroe ateniense, ayudado por Ariadna, llega al laberinto y mata al monstruo que tantas desgracias le ha ocasionado a su pueblo.

Es interesante remarcar que, como se adelantó anteriormente, en el cuento de Borges, a diferencia de lo que ocurre con el mito clásico, el papel de Teseo es periférico; de hecho, recién aparece en el último párrafo y ni siquiera se cuenta cómo hizo para matar al minotauro.

La muerte como liberación

En el anteúltimo párrafo del cuento, cuando el narrador habla sobre la profecía que vaticina la llegada de Teseo, se asiste a una reinterpretación del mito que ya se ha iniciado desde el comienzo del relato. Lejos de ser la bestia sanguinaria descripta por el mito clásico, en la versión borgeana el minotauro no es más que una pobre criatura sumida en la más absoluta soledad que espera ansiosamente a su redentor. Siguiendo esta línea interpretativa, Teseo, en tanto redentor, tiene por función liberarlo del dolor.

Borges y Schopenhauer

Frente a este panorama, en el cual la muerte se plantea como una posible redención, resulta oportuno recuperar algunas cuestiones sobre las obras de Borges y sobre sus inclinaciones filosóficas que, tal vez, puedan llegar a ayudar a dilucidar este misterio.

En primer lugar, con respecto a sus convicciones filosóficas, hay que decir que Borges fue un ávido lector de Schopenhauer. Coincidía con el filósofo alemán en que la verdadera felicidad le era esquiva al ser humano y en que éste debía debatirse constantemente entre el dolor y el franco aburrimiento.

Esta concepción pesimista de la existencia humana tuvo fuertes consecuencias para su literatura. Una de estas ataña, precisamente, a este artículo: la idea de que la muerte puede operar como una liberación del dolor y del tedio que son intrínsecos a la existencia humana.

El pesimismo schopenhaueriano en "La casa de Asterión"

A la luz de la filosofía pesimista de Schopenhauer, la actitud del centauro resulta comprensible. Por un lado, su creencia de que obraba a modo de un redentor de sus víctimas, encargado de librarlas del dolor; por el otro, la pasividad con la que se entrega a la espada de Teseo, serían consecuencia de la concepción pesimista de la vida de sesgo Schopenhaueriano que es propia de Borges.

De hecho, esta no es la única obra del autor en la cual se exhibe la concepción pesimista de la vida con el correlato de la muerte como una liberación de las penurias terrenales. Así, por ejemplo, en el poema “1964”, al referirse a la muerte, la define como “ese otro mar, esa otra flecha que nos libra del sol y de la luna y del amor”, quedando reafirmada nuevamente, al igual que en “La casa de Asterión”, la idea de la muerte como una posible liberación del dolor que conlleva la existencia humana.

La muerte del monstruo

Al momento de morir, según expresa Teseo, el minotauro no ofrece resistencia: ha decidido abrazar su destino y entregarse a las manos homicidas de su redentor, con la esperanza de encontrar lo que nunca pudo hallar a lo largo de su solitaria vida: el sosiego a su dolor.