Después de La Zona Muerta (1983), La Mosca (1986) confirma la integración de David Cronenberg en el cine comercial. Le costó, sin duda. Sus anteriores obras para la gran pantalla, espesas, motivadas por su filosofía de la "nueva carne", definitivamente no aptas para estómagos sensibles, no conseguían atraer a un público adiestrado en mecanismos visuales más livianos. También hay sangre en La Mosca, pero su poderosa historia la eclipsa.

Argumento de La Mosca

Seth Brundle (Jeff Goldblum), un científico genial y muy singular (todos los días lleva el mismo modelo de ropa para no pensar mucho qué ponerse por las mañanas), ha encontrado la forma de teletransportar la materia instantáneamente de un lugar a otro. Su intención es probar el experimento con carne viva, y qué mejor que intentarlo consigo mismo para ver los resultados de la forma más cercana posible.

La mosca, que accidentalmente se encierra con él en la primera cabina que lo transportará hacia la segunda, traerá consecuencias trascendentales y dramáticas: el ser humano Brundle se irá convirtiendo poco a poco en un insecto. La intervención de la periodista Veronica Quaife (Geena Davis), la que lo ama y lo apoya, culminará en un dramático final.

Jeff Goldblum y Geena Davis, los protagonistas de La Mosca

Después de 15 años trabajando en el cine como actor secundario, Jeff Goldblum ofrece una interpretación absolutamente magistral como protagonista. No era poco lo que se le pedía para su personaje: tener una gran condición física, ser simpático, terrorífico y un poco ingenuo al mismo tiempo.

Su compañera de reparto, Geena Davis, coincide con Goldblum en haber interpretado su primer papel realmente importante en una película. Después de La Mosca, su época dorada le trajo títulos como Bitelchús (1988) y El Turista Accidental (1988). Con esta última película consiguió su único Óscar.

Geena Davis y Jeff Goldblum se conocieron en el rodaje de Transylvania 6-5000 (1985). En 1987, los dos actores contrajeron matrimonio, el cual sólo duró tres años.

Los efectos de maquillaje creados por Chris Walas

Uno de los aspectos más difíciles del rodaje fue la transformación de Jeff Goldblum, de ser humano a engendro. Chris Walas y su equipo de maquillaje, ganadores del Oscar, llegaron a necesitar cinco horas para convertir a Brundle en su avanzada fase monstruosa. Se utilizó una mezcla de miel, huevos y leche para simular los corrosivos vómitos de la criatura.

Con respecto a la secuencia final en la que los ojos del monstruo salen de sus órbitas, Walas comenta: "nos dio la oportunidad de mostrar algo viscoso y asqueroso sin necesidad de mostrar sangre"...algo muy considerado de su parte si se tiene en cuenta toda la hemoglobina que previamente regala durante parte de la película. Precisamente Chris Walas fue el director de la (desganada y mediocre) secuela de La Mosca, La Mosca II (1989).

Enfermedad y decadencia en La Mosca

Tal y como es habitual en la filmografía del director canadiense, de nuevo en La Mosca la enfermedad, la decadencia del cuerpo y la metamorfosis hacen acto de presencia en sus imágenes.

La aniquilación radical de la personalidad asimilada por los protagonistas, junto con el duro esfuerzo de acomodarse a una nueva visión del propio mundo, es cuestión principal en los films de Cronenberg. Ejemplos son las transformaciones de Rose (Marilyn Chambers) en Rabia (1977) o de Max (James Woods) en Videodrome (1983).

Sexo y ciencia

Es también un ejemplo más de lo que el analista de cine, William Beard, llama "la sexualización de la ciencia" en las películas de Cronenberg. En este caso "la mosca es, por supuesto, la representación de ese "monstruo" interior que Brundle ha aceptado en su alma gracias a su apertura en lo que respecta al contacto humano y al sexo". La aceptación es tema importante en los films de Cronenberg, ya sea Crash (1996), Una Historia de Violencia (2005) o la ya mencionada, Videodrome.

La relación sexual con la protagonista lleva inevitablemente al horror visceral posterior, una mezcla de culpa, de alienación, de miedo al sexo del otro, pero que al mismo tiempo puede verse como algo positivo al entender el reconocimiento de Brundle de su propia naturaleza (empezando por su nueva energía, por su seguridad en sí mismo, ahora es un hombre "de verdad" ante ella).

Y es que durante la primera parte de la película, Verónica es la que inicia siempre, la que lleva el micrófono (¿Símbolo fálico?), la que observa al hombre (contrario a la teoría de Mulvey), mientras que Brundle es tímido, solitario y centrado en su trabajo. Poca masculinidad que incluso queda patente en el detalle de su escaso pelo en el pecho, y del que el mismo Brundle hace referencia en un momento del metraje.

Obra maestra del terror; una historia de amor

El final de La Mosca es, por derecho propio, uno de los más impactantes de la historia del cine, y no precisamente por los efectos especiales sino por el significado de las acciones de los protagonistas, por esa melancolía rebotada del inmediatamente anterior film del director, La Zona Muerta.

La emotiva, trágica y apasionada historia de amor de La Mosca deja una huella mucho más profunda que los repulsivos y excelentes efectos de maquillaje. Si eso ocurre es porque el tratamiento, el guión y la dirección de Cronenberg son brillantes. El film es una obra maestra del cine de terror de los años 80.