A lo largo de los últimos siglos, el concepto de lo bello cambió. En el siglo XIII, su fundamento era la idea, para luego dar paso a la experiencia estética y la imaginación, que podían partir de una pintura, un texto, un vestido de la realeza o una pieza musical. Los últimos 60 años se centraron en el placer del consumo y la pautas idealizadoras fueron dejadas de lado. Valeriano Bozal lo denomina “pérdida de seriedad”.

Este filólogo español señala en su libro “El gusto” que es posible hablar de gustos de época, pero también del gusto de una determinada clase social o de un colectivo. El gusto tiene carácter histórico, por lo que el sujeto no es fundamento de su origen. “El gusto", dice, "se funda sobre categorías externas, que el sujeto reconoce y valora, pero que siempre están dadas de antemano".

A través de las décadas

Si hablamos de moda occidental, las tendencias se renovaron a lo largo de décadas marcadas por eventos económicos y sociales mundiales. En el caso de la moda femenina, los años de posguerra trajeron, por ejemplo, los trajes para la mujer, y marcaron su rol determinante y su fuerza desarrollada durante las ausencias masculinas.

Los años 60 fueron los de la liberación, los Beatles y la psicodelia, con las micro minis y los estampados Pucci. Hacia final de la década y el comienzo de la siguiente, las nuevas guerras y sus movimientos pacifistas, las influencias musicales y el amor libre trajeron la moda hippie. Mientras que los sucesos de la década de los 80, con la explosión de la tecnocracia, las nuevas telas, el pop, los nuevos ricos, el consumismo y el comienzo del culto por el cuerpo, derivaron en los excesos, los leggins y casi el mal gusto.

La era del ciberespacio

Pero a partir de los años 90, las relaciones humanas mundiales comenzaron a cambiar. El desarrollo mediático y tecnológico, el ciberespacio y el nuevo marco neoliberal y de mundialización de la cultura dieron lugar a la construcción de una forma peculiar de vivenciar la relación de la mujer con el acto de vestirse. Fueron los años de mayor crecimiento en la igualdad laboral. De líneas simples, la moda se volvió sobria, pura, de pocos colores y minimalista. Ideal para las mujeres modernas.

Sin embargo en el nuevo milenio, y con el auge de la era de las comunicaciones, del mundo siempre conectado y del acceso constante e inmediato a otras culturas, la moda se diversificó. Hoy en día, como señala Renato Ortiz, la cultura no está en realidad globalizada sino mundializada; es decir, que los parámetros económicos y tecnocráticos tienden a unificarse, pero las culturas no se homogenizan. Las “ventanas” siempre abiertas para ver al mundo reafirman las propias costumbres localistas.

Moda ecléctica para un mundo expuesto

Los grandes diseñadores toman sus propias ideas de esta apertura de los diversos pueblos a través de Internet al mundo, y se inspiran en ellos para sus colecciones, que resultan eclécticas y multitemáticas. Asimismo, recurren a la melancolía y toman lo más bello de los años 80, 70, 60 y 50.

A su vez, el mundo siempre conectado delata la fragmentación. Las brechas entre ricos y pobres, entre pueblos y ciudades, la mujer de hogar y la mujer empresaria. Estos antagónicos evidenciados derivan en una mayor aceptación de los diversos aspectos estéticos. Hoy pareciera que todos los cortes de pantalones, camisas y vestidos fueran válidos, y que predomina un mayor respeto por las circunstancias de vida, por los orígenes.

La moda actual pareciera ser el reflejo de un mundo expuesto. Un mundo que cuanto más accesible aparece, mayor fragmentación revela.