El nacimiento del bicitaxi no surge ayer, sino por lo menos, hace más de 25 años. En su obra La Ciudad de la Alegría, Dominique Lapierre ya nos describía formidablemente la vida de los que conducen este medio en Calcuta... En la sociedad occidental, sin embargo, el pie-cab irrumpe como algo bien distinto. Un símbolo de modernidad en una sociedad que defiende la ciudad sin ruido y contaminación.

El "rickshaw", un triciclo "made in Asia"

Cada vez es más difícil encontrar a alguien que no haya disfrutado la experiencia de viajar en lo alto de una cabina empujada por una bicicleta. Y es que a día de hoy, estos ciclocarros arrasan en ciudades europeas como Viena, Londres, Berlín, Barcelona, Copenhague o Ámsterdam, aunque su origen se antoja diferente al turismo. Una mirada al pasado feudal será necesaria para entender el savoir faire de sus ideadores.

Su nombre proviene del japonés "jinrikisha”, en el que "jin" significa persona, "riki" fuerza y "sha" carruaje. Sería por el año 1869, en Japón, cuando el reverendo estadounidense Jonathan Scobie idease un utensilio capaz de transportar personas. A Scobie, que trabajaba como misionero en el país, lo acompañaba su mujer, la cual sufría una enfermedad crónica que le impedía caminar.

Frente al esfuerzo que suponía para los hombres el hecho de desplazarla en palanquín, el reverendo decidió sustituir a éste por un asiento con dos ruedas acondicionado para ser empujado por alguien. La creación se expandió por las grandes ciudades asiáticas, tales como Pekín, Shanghái o Calcuta, convirtiéndose en el medio de transporte señorial de la época. Años más tarde, los pies del hombre fueron remplazados por una bicicleta. Surgía el bicitaxi.

En algunas ocasiones podemos encontrar modalidades que incorporan un contador y asistencia eléctrica para el pedaleo o un diseño más o menos aerodinámico en el que es usual ver publicidad anunciada.

Un transporte ecológico y enemigo del taxi

Con el nacimiento de la primera compañía de bicitaxis de Nueva York en el año 1995, el periódico Wall Street Journal predecía la dificultad que experimentarían los vecinos de Manhattan a la hora de conseguir uno libre. Lo cierto es que en Europa, años más tarde, el boom jugaría un papel similar entre la población.

El caso de la capital inglesa ilustra a la perfección la moda de un taxi al aire libre, capaz de transportar a tres amigos bajo un módico precio. En el año 1998 llegaban al bohemio barrio del Soho con el fin de atraer al turismo más joven de la zona, hasta dejar al icono inglés del "black cab" como una atracción secundaria. El éxito de los bicitaxis en Gran Bretaña es palpable. La originalidad de este nuevo concepto se traduce en una oportunidad de trabajo para jóvenes extranjeros que aprenden inglés y en un medio de transporte y turístico para los que están de paso.

Si por algo se caracteriza esta alternativa al taxi, es sin duda, por su carácter y vocación anticontaminante. En Berlín se encargaron de fomentar al máximo este valor y por ello crearon la compañía Velotaxi, abogando por sus beneficios ambientales en la ciudad y asociando al vehículo un sistema de publicidad.

El fenómeno del bicitaxi, a pesar de los agravios por parte de los taxistas tradicionales, ha sabido ganarse el respeto del público europeo por varias razones. Una de ellas es la sintonía que este producto urbano establece con una conciencia pública ambiental cada vez mayor.

Un vehículo con fuerza mediática en España

Además de crear escuela entre la ciudadanía, el bicitaxi se ha convertido en uno de los mejores soportes para colocar publicidad. Los mensajes se leen en atractivos caparazones de colores como es el caso de los trixis, nombre con el que se designan en España.

En el año 2003, Barcelona se proclamaba como la ciudad pionera del país en sacar a la calle este transporte, mientras que Auna funcionaba como imagen vinculada al proyecto que derrochaba un espíritu joven e innovador.

El éxito fue abrumador y en el año 2008, la Expo de Zaragoza ofrecía como alternativa ecológica y de turismo, un servicio de bicitaxis para los habitantes de la ciudad. A día de hoy, ciudades como Barcelona y Madrid cuentan con su propia página web de trixis en la cual se pueden alquilar ejemplares o reservar tours para grupos. El objetivo no es otro que disfrutar de la experiencia de recorrer la gran ciudad sin contaminar.