El hinduismo, religión milenaria procedente de la India, ha creado un sistema de dioses complejo, donde cada divinidad tiene unas características propias que atraerán a unos seguidores o a otros. Así, en el hinduismo no hay unos dioses superiores a otros, sino que cada hindú o pueblo puede elegir a los dioses que prefiere adorar. No obstante, para el hinduismo sí que hay una realidad superior, el Brahman, y el resto de divinidades e incluso las personas mismas son partes de esta realidad inmutable. Hay, sin embargo, algunas deidades más significativas que otras y que suelen ser veneradas por la totalidad de los hindúes.

Las dos etapas de la mitología hindú

Se suele considerar que hay dos etapas principales dentro de la formación de la mitología hindú: la Védica y la Puránica. Esta diferencia se refiere a los textos de los cuales proceden los mitos hindúes. Los Vedas son así los textos primitivos, que cuentan con más de 3.000 años de antigüedad, mientras que los Puranas son posteriores.

En estos textos se establecen ya los principios de la mitología hindú, especialmente en lo que se refiere a la trinidad sagrada. Sin embargo, mientras que en los Vedas se habla de una trinidad formada por los hijos de Prajapati, el Creador, llamados Agni, Indra y Surya, en los Puranas se habla de una trinidad formada por Brahma, Siva y Visnu. Es esta última la que ha permanecido en el tiempo.

La trinidad hindú

El Trimurti o trinidad se relaciona con el ciclo de vida del mundo. Esta trinidad representa así lo que se crea, lo que se conserva y lo que se destruye. Brahman es, además de la realidad inmutable, el dios creador. Suele ser representado con cuatro cabezas, lo que quiere decir que mira hacia todos los lados. Se le relaciona con el nacimiento. Visnú es la divinidad encargada de conservar el mundo. Adopta formas diferentes, llamadas avatares, aunque generalmente se le representa con cuatro brazos, que simbolizan que es una deidad que puede llegar a cualquier sitio.

La última de las deidades de esta trinidad es Shiva, el dios de la destrucción. Se le representa también con cuatro brazos, una luna en la cabeza y una serpiente enroscada al cuello. Shiva tiene además un lado bueno y dos malos, que se representan con sus amantes. Parvati es la conciencia buena de Shiva, la que le lleva a ser compasivo ante sus planes de destrucción. Durga y Kali son sus lados malos y se les considera diosas peligrosas.

Aunque estos tres dioses representan el ciclo de nacimiento, vida y muerte de una persona, los hindúes entienden todo este ciclo como un círculo cerrado que no tiene ni principio ni fin. La vida se renueva ya que las personas se reencarnan. La única forma de acabar con el ciclo es llegar a través de la meditación hasta Brahman.

Otros dioses importantes en el hinduismo: Laksmi, Ganesha y Ganga

Hay otros dioses menores muy populares por sus atribuciones positivas. Una de las más conocidas es Laksmi, diosa relacionada con la riqueza y la buena suerte. Es además la esposa de Visnu. Se la representa con cuatro brazos, en uno de ellos sujeta una flor de loto, que simboliza la buena suerte, y en la otra una moneda, que representa la riqueza.

Ganesha es un dios muy popular ya que ayuda a las personas a conseguir sus objetivos y elimina sus obstáculos. Es hijo de Shiva y Parvate y se le representa con una cabeza de elefante, en posición sentada con las piernas cruzadas y con un vientre prominente.

Ganga es la diosa del río Ganges y, como al río, se la considera sagrada. En un principio vivía en el cielo, pero Brahma decidió enviarla a la Tierra, lo que la enfadó y amenazó con inundar el mundo. Para impedirlo, Shiva dividió su corriente entre siete ríos: el Ganges y sus afluentes.