
- Champollion y Rosetta - J. Domenech
Tras iniciar la campaña de Egipto en 1798, Napoleón vio que no iba a ser ni fácil ni rápida, y poco después en 1801 tuvo que firmar el armisticio. La armada francesa había sido derrotada por Nelson.
El ejército francés abandonó Egipto, pero no se iba con las manos vacías. La expedición en la que viajaron muchos estudiosos del Antiguo Egipto, se retiró con una gran colección de tesoros y antigüedades, parte de las cuales fueron enviadas al Instituto Francés de El Cairo.
Entre estos preciados objetos arqueológicos estaba la piedra de Rosetta. Sin embargo, el diplomático inglés Hamilton, logró reclamar y conseguir la misteriosa piedra, que él mismo entregó en 1802 al rey Jorge III, el cual dispuso que se instalara en el Museo Británico de Londres.
Los franceses sin embargo lograron que las autoridades inglesas consintieran que se hiciera una copia de escayola, que se trasladó a Paris, que sería la que posteriormente, diera paso al conocimiento de los secretos mejor guardados de la civilización egipcia.
Rosetta, una localidad del delta del Nilo, cercana a Alejandría
Rosetta o Fort Rashid, era una pequeña población medieval del delta del Nilo. En el año 1799 el cuerpo de ingenieros del ejército francés, recibió la orden y consigna, de restaurar y ampliar la localidad y transformarla como una fortaleza, para poder luchar contra los ingleses y turcos.
Fue entonces cuando en aquellas ruinas cercanas a Alejandría, el lugarteniente Bouchard, se encontró con una estela diferente de todas las demás halladas y de características enigmáticas: la piedra de Rosetta.
Después de inspeccionarla, los eruditos investigadores franceses comprendieron que se hallaban ante un objeto de inestimable valor, y comunicaron a sus superiores la importancia del hallazgo. Sin embargo, pasarían aún más de veinte años, antes de que se pudiera descifrar lo que contenía aquella singular estela.
La piedra de Rosetta, un mensaje hermético del Egipto Faraónico
La losa o piedra en sí, era de basalto negro, tenía las dimensiones normales de una estela egipcia, y pesaba algo más de 760 kilos. Si se hace un estudio detallado de todas las fuentes, estas no concuerdan en cuanto a sus medidas concretas, y los estudiosos del Museo Británico, calculan que fue esculpida sobre el año 196 a.C.
Los caracteres que aparecen en su parte superior son jeroglíficos, la parte intermedia está escrita en demótico, y en la parte baja se puede leer un texto en griego.
La estela había sido recortada en la época islámica, para que encajara en el muro en donde se encontró, y se cree que debía ser redondeada en su parte superior, y quizá llevara un disco alado de Horus con dos figurillas portando la corona del Alto y Bajo Egipto.
Un decreto de Ptolomeo V, descubre el lenguaje jeroglífico egipcio
El texto que está escrito en la piedra de Rosetta, es un decreto escrito por los sacerdotes egipcios reunidos en Menfis, que conmemoraba la primera coronación del rey Ptolomeo V Epifanes, instaurando su culto en todos los templos.
La totalidad del decreto se pudo reconstruir tiempo después, gracias a otras copias encontradas. El texto en sí, no está considerado como importante, sino que su trascendencia estriba en que fue el vehículo que permitió a Champollion, dar con el desciframiento de la escritura jeroglífica.
De hecho se puede decir que el erudito en lenguas francés, hizo hablar al Antiguo Egipto que había estado silencioso, guardando celosamente sus secretos durante siglos.
El joven lingüista no fue el único en intentar encontrar la clave de la escritura jeroglífica egipcia, antes lo habían intentado sin éxito otros estudiosos. Silvestre de Sacy, Aderblad y sobre todo el naturalista inglés Thomas Young.
Todos habían creído reconocer en el texto demótico de la piedra de Rosetta, una escritura alfabética. De ellos, Young fue el que llegó más lejos, ya que creyó poder descifrar algunas palabras, pero no pasó de esta fase.
El azar desveló ocultos misterios celosamente guardados
Habían pasado los siglos, grandes viajeros como Herodoto, con su libro Euterpe dentro de la obra general de los nueve libros de la historia, nos habían descrito las maravillas de aquella tierra mítica, pero el mundo permanecía a oscuras sobre la realidad del Antiguo Egipto. Los estudiosos trabajaban a tientas, hasta que una linterna mágica los alumbró a orillas del Delta del Nilo.
La visión de las pirámides, los templos y los monumentos egipcios, deslumbraron a todos los que visitaron la tierra de los faraones. Los jeroglíficos estaban allí, como mudos testimonios explicativos de lo que veían, pero la percepción estaba silenciada por la incomprensión de los signos clave de la civilización egipcia.
