Treinta y cinco centímetros de tela han logrado dar mucho que hablar desde su creación hace ya casi medio siglo. Cómoda, versátil, juvenil e irremediablemente sexy, la minifalda ha sobrevivido década tras década hasta convertirse en uno de los iconos más importantes de la moda internacional femenina.

Sin embargo, no ha estado exenta de controversia. Precisamente, su tamaño mini dio argumentos a algunos sectores para ir en su contra, al considerarla una propuesta demasiado provocativa e incluso pecaminosa. Polémicas aparte, lo que es indiscutible es que esta prenda continúa atrayendo todas las miradas y se ha ganado por méritos propios ocupar un lugar preferente en los armarios de millones de mujeres.

La minifalda como símbolo de una época

Esta mini prenda viene cargada de polémica y simbología desde su nacimiento a mediados de los años 60 del siglo XX. En primer lugar, por la autoría de su creación. Hay quien se la atribuye al francés André Courrèges, aunque es Mary Quant la que ha pasado a la historia como artífice de su diseño y posterior presentación al público. Para ello eligió a una modelo y cantante muy delgada, Twiggy, que rompía los cánones de belleza que habían imperado hasta ese momento en las pasarelas.

Inmersos en la época de los Beatles, el movimiento hippy, el "haz el amor y no la guerra" o la aparición de la píldora anticonceptiva, la minifalda se perfila como el apoyo indumentario que venía a reflejar esa filosofía de vida. Con ella se deja de ocultar el cuerpo femenino, lo que permite que la mujer se libere de ciertas ataduras. Así, la minifalda resulta ser más que un gran hallazgo en el mundo de la moda. Las connotaciones sociales que la rodearon acabaron convirtiéndola en protagonista de la revolución sexual de la mujer.

La explosión del uso masivo de la minifalda propició al mismo tiempo que se alzaran las voces más críticas que tachaban a esta minúscula pieza de provocadora y lujuriosa. Opiniones en contra cuyas reminiscencias aún hoy siguen presentes de forma minoritaria en ciertos países y estamentos.

Para todas las ocasiones

Pequeña pero triunfadora. Su capacidad de renovarse cada temporada es uno de los secretos de su éxito. Por ello, las colecciones y desfiles de los diseñadores siempre la incluyen, adaptándose a las tendencias en cuanto a tejidos, diseños o complementos. Resulta revelador que esta prenda no haya perdido un ápice de vigencia y ello se debe a los atributos con los que cuenta: versatilidad, seducción, comodidad, frescura y presencia.

Tanto en invierno, con medias y botas altas, como en verano con sandalias o deportivas, la mini se puede usar en todas las ocasiones. Con un estilo informal por el día o de manera más sofisticada para una salida nocturna. El abanico de posibilidades es infinito: modelos ajustados en tela vaquera o cuero, rectas a modo de fajín, las tipo "lolita" con volantes, de tablas estilo colegiala o las de aire retro. Los tops entallados, las blusas vaporosas o las camisetas clásicas son sus mejores aliados.

Famosas adictas a lucir piernas

Nombres muy conocidos del mundo del cine, la canción o la farándula en general han popularizado la minifalda en distintas épocas, haciendo de esta prenda una de sus señas de identidad a la hora de vestir. Teniendo como precedente los modelos que lucieron las actrices de la época, cuyos máximos exponentes fueron Brigitte Bardot y Audrey Hepburn, la minifalda ha sufrido algunos cambios, pero sigue siendo un básico en el vestuario de muchas famosas.

Actualmente, las más fieles seguidoras le han sabido dar a esta pieza su estilo personal. Así, Elsa Pataky y Sienna Miller abogan por un toque clásico y elegante. Victoria Beckham y Paulina Rubio apuestan por las ajustadas en clave sexy y con matices vintage.

Pero si hay alguien que ha convertido la minifalda en su uniforme habitual es Paris Hilton, que siempre la combina con unos altísimos tacones. En el mundo de la ficción, cabe destacar la minifalda que lucía Julia Roberts en varias escenas de la película Pretty woman y que dejó sin respiración a más de uno, incluido a su partenaire, el guapo Richard Gere.

Superviviente de grandes ataques ideológicos, la minifalda ha demostrado que no sólo es una tendencia pasajera, sino que llegó para quedarse. Todavía le quedan por soplar muchas velas. ¡Felicidades!