En la actualidad, existen unos 165 dolores diferentes de cabeza, y la migraña es solo uno de ellos, lo que la diferencia básicamente de una cefalea común o tensional es su carácter recurrente, el hecho de que cada crisis dure entre 4 y 72 horas, que el dolor suele ser pursátil (es decir, sincrónico con el ritmo cardíaco), que suele localizarse en uno o ambos lados de la cabeza y que normalmente se acompaña de nauseas, vómitos, fotofobia y fonofobia. En mayor o menor medida, los pacientes de migraña han sido bastante infravalorados por parte de la sociedad por desconocimiento de sus consecuencias a veces incapacitantes, pero los avances científicos han aportado mucha luz acerca de esta enfermedad.

Numerosos estudios han apuntado a un posible origen alimentario que, si bien no tiene por qué ser siempre causa de la migraña, sí que comparten muchos pacientes, y como consecuencia, se aboga por un tratamiento terapéutico de prevención y sin medicamentos. Entre estos estudios destaca el realizado recientemente por la Asociación Española de Pacientes con Cefalea (AEPAC) y el laboratorio DR Healthcare acerca de la histaminosis alimentaria como causante de las crisis de migraña.

Enzima DiAminoOxidasa o DAO

La histamina es una molécula esencial presente, en mayor o menor medida, en todos los alimentos de la vida cotidiana. Nuestro propio cuerpo produce un tipo de enzima gracias a la cual la histamina es degradada y metabolizada en el intestino delgado: la DiAminoOxidasa o DAO. Pero cuando hay déficit de esta última, la histamina no se elimina, lo que causa diversos trastornos, entre ellos la migraña. No existe una relación temporal directa entre la ingesta de alimentos con alto porcentaje de histamina y la crisis de migraña, es decir que esta no es inmediata, por eso es importante la prevención y llevar una dieta con nutrientes pobres en dicha molécula.

Entre los alimentos que contienen histamina se encuentran los que han sido sometidos a procesos de maduración o almacenaje prolongado, y otros como el alcohol, los quesos, embutidos crudos, pescados, mariscos, salsas de pescado, verduras como la berenjena, el tomate y las espinacas, frutas como las fresas, la piña o el plátano, y el chocolate.

Causas de la migraña

La causa exacta es desconocida, pero en estos años se ha avanzado mucho en las investigaciones al respecto, y lo que sí se sabe es, por ejemplo, la parte del cerebro donde se producen los cambios que desembocan en una crisis de migraña. Se podría decir, en resumen, que estos cambios tienen como consecuencia la inflamación y dilatación de determinadas arterias cerebrales que serían las causantes del dolor.

Existe una gran variedad de situaciones que pueden desencadenar estas crisis:

  • Estrés, angustia o cualquier conflicto que provoque malestar.
  • Estímulos como olores intensos, luz penetrante o cambios de temperatura.
  • En las mujeres, menstruación, anticonceptivos o terapia con estrógenos.
  • Dormir demasiado, dormir poco o de forma interrumpida.
  • En la alimentación, como ya se ha apuntado, productos con alto nivel de histamina, entre otros.

Prevención frente a medicación

Es importante que el paciente se someta a un diagnóstico para descubrir si el origen de la migraña se encuentra en una histaminosis alimentaria, a partir de un análisis del nivel de actividad de la enzima DAO en la sangre. Existe una novedosa prueba denominada migratest, gracias a la cual se puede hacer una valoración del origen alimentario de la enfermedad para, de este modo, poder seguir un tratamiento de prevención, consistente en:

  • Suprimir en la medida de lo posible el consumo de fármacos, puesto que la mayoría de los medicamentos antimigraña son inhibidores de la DAO.
  • Seguir una dieta con alimentos pobres en histamina durante una o dos semanas e ir accediendo gradualmente a una dieta más tolerante.
  • Tomar un complemento alimenticio de DiAminoOxidasa antes de cada comida principal.
En cuanto al tratamiento paliativo del dolor, no existe ningún remedio casero que pueda evitar que se produzca, pero se aconseja que cuando el paciente intuya que se avecina una crisis tome medidas como: ingerir alimentos muy salados, ejercerse compresión continuada a la altura de las sienes, y relajarse aislándose en ambientes oscuros y silenciosos. Asimismo, se recomienda evitar el ejercicio físico, ya que no solo no previene la migraña sino que está demostrado que puede desencadenarla o agravar la intensidad de las crisis.