El uso del azúcar tiene orígenes muy remotos en la India, donde era considerada un manjar celestial. En ese entonces, en el año 325 a.C. se consumía sólo el jugo de la caña. Se difundió rápidamente en Medio Oriente y llegó a Europa donde árabes y egipcios dominaban el arte de purificar el azúcar por medio de repetidas cristalizaciones y ya con el empleo de sustancias químicas.

Refinado del azúcar y consecuencias para el organismo

Las técnicas de refinado han logrado un gran perfeccionamiento y el azúcar que llega al consumidor es un alimento totalmente muerto. En el proceso de elaboración pierde vitaminas y sales minerales que por naturaleza están contenidas en el jugo de la caña de azúcar en su equilibrio justo.

El azúcar refinada, sacarosa pura, al ser un alimento desequilibrado, cuando ingresa en el torrente sanguíneo busca asociarse a aquellas sales y minerales que le fueron sustraídas por la mano del hombre. Se asocia al calcio formando el sucrato de calcio, que no puede ser absorbido por el organismo, por lo que es eliminado con la consecuente pérdida de calcio. De aquí que esta sustancia es llamada “ladrón del calcio”.

Azúcar no refinada

La única azúcar aconsejable es el azúcar de caña integral, obtenida por calentamiento del jugo de la caña de azúcar (melaza), tiene un color rubio, no es negra y es la que se denomina azúcar mascabo. El azúcar negra es el residuo que queda en el proceso de obtención del azúcar refinado. En los comercios se encuentra azúcar negra de fantasía, que es simplemente azúcar blanca teñida.

Elaboración de la miel

Contrariamente al azúcar, la miel es un agente fijador del calcio y el fósforo. La miel es el jugo, el néctar de las plantas absorbido por las abejas. El néctar se forma con el agua que la planta extrae del suelo, rica en vitaminas y minerales. Esta agua asciende por el tallo de la planta, la abeja la toma de éste y la predigiere, preparándola para la digestión humana. Este proceso es realizado por la acción de la enzima invertina, encargada de transformar la sacarosa (azúcar de las plantas) en glucosa y levulosa, directamente asimilables por el organismo. De este modo, el páncreas no realiza ningún esfuerzo adicional en la absorción de la miel.

Las abejas agregan al néctar ácido fórmico, que es el que es el que impide el desarrollo de las bacterias de descomposición y asegura la conservación de la miel.

Composición de la miel

  • La miel está formada por dos azúcares simples: glucosa y fructuosa.
  • La glucosa nutre las células musculares y va directamente al corazón cuando éste está fatigado.
  • La fructuosa llega al hígado a través de los vasos capilares y se almacena en forma de glucógeno.
  • La miel contiene vitaminas del complejo B, las que no se encuentran en el azúcar refinado.

Características de la miel

  • Consistencia
La miel recién extraída es una solución acuosa, concentrada y más o menos fluida. Al cabo de un año, se pone pastosa, granulada y opaca.

La solidificación parcial de la miel en un recipiente se debe al proceso de cristalización de la glucosa, mientras la fructuosa permanece líquida. Por ello, a veces la miel se separe en dos capas.

  • Color
El color de la miel varía desde el blanco hasta el pardo oscuro pasando por el rojo, amarillo y verde. El color depende específicamente de las flores que han libado las abejas y lo mismo ocurre con el aroma.

Cuanto más oscura es la miel más rica es en fosfatos, calcio, hierro y cobre, por lo que es más apta para uso terapéutico. En cambio, la miel más clara es más apta para uso culinario.

La miel es un alimento natural, precioso y valioso, pero no se debe abusar de ella. No deja de ser un hidrato de carbono rápido y muy dulce y el dulce en exceso no es conveniente para el organismo. Hay que consumirla en su justa medida.