Al igual que en otras mitologías, los animales son actores constantes en el extenso entramado de la mitología griega. Multitud de especies aparecen acompañando a los personajes mitológicos, ayudándoles, oponiéndose a ellos, como seres benéficos o como fuerzas del mal. Algunas de sus manifestaciones más comunes son las transformaciones animales de dioses y hombres. Estas metamorfosis son una expresión de la profunda relación del hombre con la naturaleza.

La metamorfosis en los mitos griegos

Dioses y hombres se transforman en distintos animales en muchos de los mitos griegos, pero no lo hacen en condición de igualdad: Los dioses son los únicos que pueden decidir su propia transformación, mientras que en los mortales el cambio de forma viene impuesto, es la manera que tienen los dioses de ayudarles o castigarles.

Así, la benevolencia mueve a los dioses a transformar a Procne en golondrina, y en ruiseñor a Filomela, para que puedan escapar de Tereo que quiere asesinarlas. El caso contrario lo protagoniza Licaón, cuyo castigo es ser convertido en lobo por haber dado de comer carne humana a Zeus, cuando éste requirió su hospitalidad.

Abundan los mitos en los que las divinidades adoptan en algún momento una forma animal. Éste es el caso de Atenea, la cual se transforma en diversas ocasiones en distintas aves: el buitre, la golondrina o la lechuza, rapaz esta última con la que se asocia normalmente a la diosa de la sabiduría.

Proteo, divinidad marina que poseía el don oracular, recurría a las metamorfosis para escapar de los que pretendían consultarle. Así, después de haberse transformado en león, serpiente, pantera, jabalí, agua o árbol, este dios recuperaba su forma humana para responder a aquellos que le habían identificado a pesar de los numerosos cambios.

Las transformaciones en animales de Zeus

Quizás las transmutaciones más célebres las realiza Zeus, con el fin de lograr sus caprichosos deseos. Zeus, dios supremo del panteón olímpico, encarnaba el orden cósmico y era el encargado de mantener el equilibrio del universo, de proteger los privilegios de los dioses y de arbitrar las disputas de los hombres. A pesar de su grandeza divina, no dudaba en recurrir a numerosas tretas y artimañas para conseguir sus deseos, especialmente si éstos se referían a una diosa, una mujer o incluso algún bello joven.

El rapto de Europa

Europa era la joven hija del rey de Fenicia. Cuando se hallaba jugando con sus compañeras en la playa, Zeus la vio y se enamoró de ella. Para seducirla, el dios se metamorfoseó en un radiante toro blanco y se prestó a los juegos y caricias de la muchacha. Europa se envalentonó y montó sobre el lomo de la bestia, entonces Zeus la raptó y, atravesando el mar, la condujo hasta Creta, donde tuvieron varios hijos. Después de su muerte, Europa recibió honores divinos y el toro, en agradecimiento a la forma animal que le había permitido su unión, fue enviado a los cielos, convertido en la constelación de Tauro.

Némesis

Cuenta este mito que cuando Zeus se enamoró de Némesis (hija de Nicte, la Noche, y de Océano), ésta, huyendo de él, se arrojó al agua y se convirtió en pez; el dios la persiguió transformado en castor. Entonces ella saltó a tierra y se metamorfoseó en diversas fieras, pero no pudo zafarse de Zeus, porque éste tomaba la forma de animales más feroces y rápidos. Por fin, Némesis remontó el vuelo con forma de ganso y Zeus la siguió mutándose en un bello cisne, forma con la que la cubrió sobre los cielos de Ática. Según algunas versiones, tras esta unión, Némesis pondría un huevo del que nacería Helena de Troya.

Ganímedes

Ganímedes era “el más bello de los mortales”. Un día, cuando pastoreaba su rebaño en unas montañas cercanas a Troya, fue visto por Zeus, que quedó prendado del joven. Entonces el dios se transformó en águila y se lo llevó volando al Olimpo, donde lo convirtió en el copero de los dioses, encargado de llenar de néctar la copa de Zeus. En agradecimiento al animal en el que Zeus se había transfigurado, el águila fue convertida en constelación.

La admiración de las cualidades animales en los mitos griegos

Los animales cuentan con habilidades que el ser humano ha soñado para sí desde el inicio de los tiempos: la capacidad de volar, la fuerza, la agilidad, la resistencia, etc. Estas cualidades eran tan admiradas por los antiguos griegos que las situaban en el marco de lo divino e inexplicable. Por ello sólo los dioses tenían la posibilidad de disponer de ellas, pero no de cualquier manera, sino transformando su original forma divina en la forma del animal. El reflejo de estas cuestiones en los mitos no era más que una forma de mostrar la fascinación atávica del ser humano por la fauna en particular y por la grandeza de la naturaleza en general.