Los mayas desarrollaron una profunda conciencia sobre la temporalidad, a partir de los calendarios que eran usuales en Mesoamérica crearon un complejo sistema de medición del tiempo. Debido al aparente tránsito del sol -un ser sagrado- alrededor de la tierra, el tiempo se concibió como un movimiento cíclico.

La importancia del calendario en Mesoamérica

La medición del tiempo fue un factor determinante en el desarrollo de las culturas antiguas, la necesidad de tener un calendario radica en su función como herramienta para registrar los periodos de las lluvias o de las sequías y la forma en que afectan la actividad agrícola. El reconocimiento de ciertos fenómenos celestes repetitivos, como el paso cenital del sol, los solsticios y los equinoccios, fue el primer descubrimiento en la conformación de un calendario.

En el territorio mesoamericano es común el uso de dos calendarios, el de 260 días y el de 365 días. Malmstrom propone que la coexistencia de ambos es herencia de una civilización ancestral de la que todavía se sabe poco: la cultura olmeca.

Al parecer, el calendario de 260 días depende del lapso transcurrido entre dos pasos cenitales del sol. El calendario solar debió ser una versión más precisa para medir los ciclos naturales. Si el segundo calendario no sustituyó al primero fue porque éste ya tenía un uso astrológico.

El calendario ritual maya, o tzolkin

El calendario de 260 días es el más antiguo en Mesoamérica, los mayas lo llamaban Tzolkin, y consiste en la combinación de trece números con veinte días, cada uno con su propio nombre. Cada día tiene su propio valor y un destino determinado por los dioses.

La población maya acudía a los sacerdotes para que éstos les dijeran -mediante la interpretación del tzolkin- cuáles días eran propicios para hacer algún ritual, realizar operaciones comerciales o para arreglar asuntos familiares.

El calendario solar

Para el ciclo anual de acontecimientos mundanos se utilizaba el calendario solar, los mayas lo llamaban haab. Consta de 360 días divididos en 18 meses de 20 días cada uno, tiene cinco días complementarios llamados uayeb. Este ciclo, por basarse en los solsticios, era más preciso en el cálculo de la temporada de lluvias.

La Cuenta Larga

Desde el periodo clásico (200-900 d. C.), los mayas registraron la fechas con este sistema basado en ciclos. La Cuenta Larga incluye el calendario ritual, el solar, el lunar y otros calendarios mayas aún no identificados. Funciona en un sistema vigesimal y estos son sus primeros seis elementos:

1 kin es un día

1 uinal equivale a 20 kines o días

1 tun representa 18 uinales, 360 días

1 katún, equivale a 20 tunes, 7.200 días, 20 años

1 baktún son 20 katunes, 400 años

1 piktún son 20 baktunes, 8.000 años

El ciclo más largo entre los mayas es de 13 baktunes (5.125.36 años). El día inicial, denominado "fecha era", es el 13 de agosto de 3114 a. C., por lo que el próximo 21 de diciembre de 2012 termina una era e inicia una nueva.

La rueda de los katunes

Uno de los ciclos más importantes fue el de los katunes. Los mayas solían celebrar la terminación de estos ciclos con la erección de estelas y otros monumentos. Cada katún recibe el nombre del día del calendario ritual con el que terminaba. El ciclo completo de este sistema era de 13 katunes y era muy importante para la elaboración de profecías. Un katún con el mismo nombre se repetía cada 256 años, por lo que los registros históricos de un katún ayudaban a prever lo que ocurriría cuando se repitiera.

El sistema es conocido también como la "cuenta corta" e implicaba la fragmentación del espacio geográfico en trece segmentos, ya que se creía que cada katún ocupaba un lugar en el territorio, por ejemplo, Chichén Itzá era asiento de un katún. Se cree que esta particular visión sobre el tiempo y el espacio pudo ser una proyección terrestre de las trece constelaciones que recorrían la banda zodiacal maya, hecho que se observa en el códice París.

Este complejo sistema calendárico era de mucha utilidad para los mayas pues, además de ayudarles en los ciclos agrícolas, servía como una herramienta para la vida cotidiana -por medio de la adivinación- o como preparación para el futuro.