La Luna y el Sol parecen eternos. Y aunque esta permanencia sea cierta para la pequeñísima muestra de tiempo que es la vida humana respecto de los tiempos galácticos, es solo aparente, ya que la Luna terminará cuando el astro del que surgimos, el Sol, termine su vida. Más allá de este fatídico final, en el que se podría suponer que la humanidad ya no estará en el sistema solar, hay también otros indicadores que contradicen esa apariencia de permanencia, como el continuo alejamiento de la Luna respecto de la Tierra. La Luna se mueve y se aleja desde hace unos 4.500 millones de años, cuando en la época de formación del sistema solar, un astro del tamaño de Marte colisionó contra una Tierra recién nacida. El descomunal impacto produjo un disco de materia que al aglutinarse por la fuerza de gravedad formó la Luna, orbitando en esta primera etapa, a unos 23.000 kilómetros de distancia.

La órbita de la Luna

Los primeros millones de años de la Luna deben haber sido la causa de cataclismos permanentes en esa primitiva e insalubre Tierra. Las mareas gigantescas que la fuerza de gravedad habrían producido en los mares de lava burbujeante serían verdaderas pesadillas para un eventual testigo. Sin embargo la Luna empezó a alejarse continuamente y, de hecho, se aleja ahora una distancia de 3,78 centímetros por año; en este momento promedia los 385.000 kilómetros. En este punto recordemos que la Luna es un satélite excepcional en el sistema solar, dado el tamaño que tiene respecto de su planeta, la Tierra. La Luna es muy grande y esto tiene su importancia en el sistema que forma con la Tierra, dado que la influencia y la interacción de la gravedad de ambos astros es determinante para la vida en la Tierra, sobre todo por la inclinación de su eje, ya que produce una gran estabilidad y las periódicas estaciones del año. Es que si pensáramos por un momento en que no estuviera la Luna, la Tierra tendría un proceso de desaceleración que le haría perder la estabilidad, se volvería algo caótica y todas las regiones de la Tierra que hoy gozan de una estabilidad predecible, estarían sometidas a bruscos cambios de temperaturas. El ser humano se podría adaptar a estos cambios debido a que por medio de los adelantos tecnológicos ha logrado mitigar los efectos de los extremos climáticos, pero no sucedería lo mismo con muchos animales y plantas, que necesitan plazos biológicos muy amplios para adaptarse.

El alejamiento de la Luna

La llamada protuberancia de la marea es el efecto que la Luna ejerce sobre el agua de la Tierra, pero es también la actividad de las mareas la que produce el alejamiento de la Luna. Esa inmensa cantidad de agua en la que se produce la protuberancia de marea, ejerce su fuerza gravitacional sobre la Luna, ya que aquella es también influenciada por la rotación de la Tierra, de modo tal que ésta produce un adelantamiento a la Luna. Las fuerzas gravitacionales combinadas producen respecto de la Luna una aceleración, la que indefectiblemente genera que se aleje de la Tierra, debido a un fenómeno universal llamado en física "fuerza centrífuga". El ritmo de alejamiento es de 3,78 centímetros por año y aunque parezca poco, solo basta multiplicar por millones de años para calcular las distancias a la que la Luna estuvo e investigar cómo influyó y cómo influirá su distancia en el futuro.

La duración del día en la Tierra

La protuberancia de marea terráquea produce la aceleración de la Luna, pero en la Tierra pasa lo contrario, ya que su rotación se ralentiza. Esto se pudo estudiar en las bandas de los milenarios corales, en los que se puede calcular cuantos días tenía un año en épocas primitivas. Se calcula que al momento de formarse la Luna, los días duraban poco menos de cinco horas hasta llegar más de 4.000 millones de años después, a las casi 24 horas actuales. Este alargamiento de los días, que significa la ralentización de la rotación de la Tierra, continuará en un promedio aproximado de 19 horas cada 4.500 millones de años. Cuesta creer que para esa época las condiciones de la Tierra sean las mismas, probablemente el Sol esté "envejecido" y sea una gigante roja, con lo que la Tierra y la Luna podrían ya no existir. Para esa época es posible que el hombre se haya mudado a otro sistema estelar, donde las condiciones de habitabilidad y estabilidad se disfruten por otros varios cientos de millones de años, y así hasta que todo el material de la galaxia y del universo se consuma.