Para Joseph Campbell, un destacado estudioso de la mitología, los sueños son al individuo lo que los mitos son a la colectividad. Nuestras historias de aparecidos, de dioses antiguos, de criaturas inexplicables, son nuestros sueños grupales. ¿Qué significan entonces estas mujeres de blanco?

De orígenes tan disímiles, la Llorona y la Banshee son espíritus afligidos.

Para quienes han llegado a toparse con sus blancas figuras de cabellos sueltos, ha quedado claro que además del terror que inspira su fantasmal figura ambas suscitan un horror profundo mediante sus lamentos destemplados.

El grito de la Banshee

La Banshee, afirman los herederos de los celtas, se pasea envuelta en un sudario por los parajes agrestes de Irlanda y Escocia. Sea acurrucada bajo los árboles o volando al claro de luna, su grito es el sonido más lúgubre que se puede oír en esta tierra.

La Banshee tiene la triste tarea de anunciar la muerte a aquellos que descienden de las antiguas familias celtas. Escuchar su lamento en un lugar cercano debiera ser motivo de consuelo, pues contrario a las leyes físicas, aquello significa que el espectro se encuentra lejos. En cambio deben alarmarse quienes oyen su llanto a la distancia, porque en ese caso el llamado les concierne.

Ajena al tiempo lineal de los hombres, la Banshee comienza su duelo aún antes de que la desgracia acontezca. Sobre el horror del anuncio queda el horror de su queja. ¿Qué nos depara la muerte si hasta los espectros nos lloran?

La diosa Morrigan antes de ser la Banshee

La Banshee sin embargo, no siempre estuvo triste. Alguna vez fue una diosa pagana y lo suyo era la batalla. Se la llamaba Mórrigan y estaba integrada por tres seres. La diosa Babd, la diosa Macha y la diosa Nemaín que solía infundir valor en el alma de los guerreros.

Era frecuente verla en la forma de una corneja sobrevolando el campo en donde se llevaba a cabo el enfrentamiento. Pero podía asumir también la forma de una vieja o la de una joven que disfrutaba de los encuentros sexuales.

Anunciar la muerte próxima de un guerrero era una labor no tan frecuente. Y tampoco lloraba en esos tiempos. Se presentaba discretamente, disfrazada de lavandera, a los ojos del indicado. Junto a un río desmanchaba de antemano las ropas ensangrentadas de ese que estaba por morir.

Pero ahora quedan pocos guerreros, y con otro nombre a la Banshee le pesa la pérdida de otro celta.

El lamento de la Llorona

Muy lejos de los parajes irlandeses, en México, la gente teme a una mujer que se aparece llorando por las noches.

La Llorona, como se le conoce, no habla de lo futuro sino de lo pasado. De acuerdo a la leyenda se lamenta por el asesinato de sus hijos a quienes ella misma mató y arrojó a un río.

Vestida de blanco, con el cabello hasta la cintura, recorre las calles de la ciudad quejándose por sus hijos. Sólo los perros se atreven a responder con un coro de aullidos igualmente lastimeros.

Las personas, en cambio, se paralizan. Aunque no exista ninguna historia al respecto se teme que de alguna forma la Llorona pueda desencadenar la muerte de los más pequeños.

La diosa Cihuacóatl también era la Llorona

Este llanto, se dice, viene de mucho antes. De cuando los españoles no habían llegado y la Llorona era una diosa. La diosa Cihucóatl, quien como Melusina, (que por cierto es otra aparición que anuncia la muerte), era mitad mujer y mitad serpiente.

Cihuacóatl, por haber sido la primera en el mundo que dio a luz, fue convertida en la divinidad protectora de los partos. Sin embargo la diosa no supo cuidar de su propio hijo y lo extravió para siempre en un cruce de caminos.

Desde entonces Cihuacóatl llora y se lamenta. Junto con ella toda una legión de mujeres muertas al momento de parir, las Cihuateteo, que se presentan llorando en las encrucijadas. Con todo, las Cihuateteo son heroínas y así como la Mórrigan, acompañaban a los guerreros en la batalla.

La profecía de Cihuacóatl

Sólo una vez la diosa Cihuacóatl otorgó un presagio. En el libro La visión de los vencidos, la única crónica indígena sobre la conquista de México, se hace una relación de los distintos anuncios que avisaron sobre la llegada de los españoles. En el sexto presagio funesto se lee:

Muchas veces se oía: una mujer lloraba; iba gritando por la noche; andaba dando grandes gritos:

-¡Hijitos míos, pues ya tenemos que irnos lejos!

Y a veces decía:

-Hijitos míos, ¿a dónde los llevaré?”

Cabe preguntarse por quién llora realmente la Llorona. Pero si no encontramos respuesta, de algo podemos estar seguros: la tristeza, a veces, no tiene limites, ni siquiera el de la muerte.