Las democracias aactuales fundamentan su funcionalidad en el principio de libertad negativa, haciendo de la delegación de las voluntades particulares y de la representación, dos mecanismos esenciales para la ingeniería política. Ambos apoyados en la noción de libertad formal, entendida como los derechos constitucionales establecidos para la adecuada convivencia entre los hombres.

A pesar del intento, la libertad formal ha resultado ser insuficiente para garantizar el cumplimiento de los llamados derechos fundamentales del hombre. Diariamente observamos cómo son violentados ciertos derechos en el ámbito local, municipal, estata, federal e internacional. Corrupción, clientelismo, despotismo, imperialismo, y otros tantos "ismos" se encargan de evidenciar la realidad: la libertad formal existe solamente en las leyes como letra muerta, como un fantasma, una mascarada en beneficio del poder político.

De la libertad sustancial

La ineficacia de los organismos internacionales, las constituciones nacionales y los tratados multilaterales han abierto la puerta para la inclusión ciudadana en lo político. No se trata aquí de retomar el pensamiento griego y hacer del ciudadano un zoon politikon, sino de reformular y reestablecer la relación que existe entre el ciudadano y lo político.

Ciertamente, un elemento básico de esta nueva formulación es la participación ciudadana en lo político pero también en la política. Resulta de vital importancia la reingeniería de los mecanismos gubernamentales y una construcción nueva de canales de comunicación y de injerencia política de los ciudadanos sobre lo político.

Es necesario retomar la injerencia de lo político en la vida diaria y hacerlo patente. Renunciar tanto a la delegación de las voluntades y a la representación como meros mecanismos clasistas de control social y transformarlos en instancias de control de los ciudadanos sobre el actuar de los políticos. La libertad sustancial es pues, aquella que deriva de los actores sociales, quienes, mediante la creación de nuevos mecanismos de control y participación política, puedan recuperar el poder de decisión perdido gracias a la delegación de las voluntades a un ente superior.

La representación debe cambiar de dirección y dejar de ser impuesta al resto de la sociedad por las cúpulas del poder, para nacer de ésta hacia aquella. }así, la creación de las políticas públicas no pertenece solamente a los "especialistas" sino al grueso de la sociedad. Es necesaria, no una superación de las relaciones políticas actuales sino una transformación de las mismas, un reordenamiento directivo que retome al comunitarismo social y anule la separación existente entre la comunidad puramente civil y la esfera meramente política.

La tecnocracia debe, pues, sucumbir para poder erigir una sociedad democrática, basada en principios como la autarquía, que puede ser utilizada como piedra de toque para la reingeniería constitucional. En donde las leyes sean flexibilizadas, evaluadas y transformadas constantemente.

Sus elementos

Definiríamos, en un primer momento, a la libertad sustancial, como aquella noción general que no solamente se encuentra en las leyes, sino va más allá, se instaura en la cotidianidad mediante la autarquía como un elemento fundamental en el direccionamiento de la sociedad. Si se acepta a la autarquía como valor, la variabilidad y el libre albedrío posibilitarían el surgimiento de nociones fundamentales para la convivencia pacífica y crítica. De esta manera, los ciudadanos dejan de ser meros receptores de los mensajes políticos para convertirse en individuos y sociedades contrademocráticas, que hacen de la participación y la vigilancia política, elementos básicos de la convivencia en sociedad.

Así pues, la libertad sustancial será alcanzada cuando: las leyes se conviertan en elementos de regulación flexible, el gobierno de sí mismo sea un elemento esencial para la convivencia mutua, la contrademocracia funcione bajo los principios de injerencia política, vigilancia e inclusión. Y los ciudadanos no sean titulares de derechos sino sus creadores. La evolución de la libertad sustancial provocará la extensión del derecho a sufragar a todos los miembros de la sociedad, haciendo de éste solamente el punto de partida para la toma de decisiones.