Dejando de lado los graves casos de la pedofilia de religiosos y ateos y del terrorismo sexual, en Latinoamérica, del Bravo a la Patagonia, las primeras relaciones coitales de la hijas son motivo de una gran preocupación emocional por parte de los padres no tanto por el riesgo de contraer enfermedades infecciosas como sífilis, gonorrea y SIDA o de la posibilidad de un embarazo temprano, sino por la cultura impulsada sobre todo por los prejuicios de los clérigos de la iglesia católica, que promovidos como valores, concitan a poner la honra de las familias en el himen de las señoritas.

En ese contexto cultural, los esfuerzos oficiales y de organizaciones de la sociedad civil empeñados en la educación sexual de la adolescencia basada en el sexo seguro mediante el uso responsable del condón (preservativo), tropiezan con la resistencia de movimientos “autistas” que promueven el celibato como virtud y la abstinencia como consigna, sembrando más confusión entre la juventud que biológicamente se apresta para perpetuar la especie.

Psicología de la sexualidad

A pesar de estar interferida por los tabúes que todavía pesan sobre la sexualidad adolescente, en nuestro tiempo es normal que la vida íntima entre los jóvenes forme parte de una relación amistosa o de pareja. Al respecto cabe precisar para información de los padres pudorosos que ningún joven llega a ser perverso por naturaleza, sino por ignorancia.

La relación sexual con una persona de carne y hueso que nos atrae, implica aprender a aceptar que la pareja posee autonomía, independencia, libertad, preferencias y deseos como nosotros. En ese marco la ansiedad, las preocupaciones, los sentimientos de culpa, la repugnancia moral y el asco suelen inhibir el desempeño sexual y el comportamiento emocional a grado tal de entorpecer la eyaculación y el logro del orgasmo.

Totalmente en contra de la opinión del Marqués de Sade en La Filosofía del Tocador, para que la sexualidad funcione a plenitud en una relación interpersonal, el amor constituye una de las principales emociones del intercambio. Si la intimidad se estanca en una mera relación de amistad, o en un trío sexual tarde o temprano degenera en una especie de masturbación en la cual la “pareja” opera como un simple objeto para el placer.

El despliegue y profundización de los sentimientos amorosos enriquece la sexualidad, amplía la intimidad y estimula la maduración de las jóvenes parejas brindando a la sociedad la posibilidad de una generación mejor dotada para el ejercicio de la paternidad responsable en el porvenir.

Conviene recordar que, mientras algunas sociedades llamadas primitivas desde la arrogancia occidental, viven su sexualidad sin represiones paternas, en nuestras civilizadas culturas fue preciso establecer desde el ámbito internacional los derechos del niño y entre ellos, los relativos a su sexualidad.

Trascendencia de las relaciones tempranas

Desde los primeros años de edad niños y niñas de todas las condiciones sociales aprenden a construir vínculos afectivos con compañeros (del vecindario, el centro de desarrollo infantil y la escuela) basados en el agrado recíproco. Esas relaciones tempranas generalmente no van más allá de valiosas amistades y de amores platónicos, pero enseñan a jugar los roles de atraer y ser atraídos y de dar y recibir atenciones. Con esas experiencias se sientan las bases para las primeras relaciones de pareja en la pubertad y la adolescencia.

Por consiguiente, los padres atentos a las estrategias de conquista y seducción de sus hijos durante la niñez pueden pronosticar su comportamiento. En la adolescencia y la etapa adulta, las lecciones de las experiencias tempranas y posteriores que mediante “prueba y error” fueron configurando los patrones para co-construir relaciones de pareja, tomarán cuerpo como ideas y sentimientos involucrados en el procesamiento de diferencias y conflictos de la vida en común.

Los empeños por agradar al género opuesto, se materializan en el look, la coquetería y los “atrevimientos” en la socialización (ropa vaporosa, prendas muy ajustadas, escotes sensuales y minifaldas) del lado de las mujeres. Entre el arsenal de los hombres pueden citarse las atenciones especiales (abrir la portezuela a la dama, endulzar la bebida de su pareja en el restaurante y llevarla a casa después de una cita), los obsequios (desde una modesta flor hasta una joya) y la seducción como recurso favorito.

En esta época de grandes transformaciones sociales, si bien los solteros pueden vivir lo afectivo satisfactoriamente en diversos planos, la relación de pareja basada en el amor, el compañerismo y la proyección de deseos individuales y compartidos sigue constituyendo una de las expresiones más completas de la calidad de vida.

Crecimiento emocional

Gustarse, quererse y amarse genera una gama de sentimientos, de modo tal que una mirada tierna, un roce de manos o una palabra amorosa se viven como algo extraordinario, revelando que esas y muchas otras interacciones son investidas subjetivamente de un significado trascendente más allá de su importancia objetiva.