
- Dolorosa de Zamarrilla - www.estampascofrades.org
La leyenda del bandido y la Virgen ha llegado hasta el siglo XXI envuelta en su halo de misterio, romanticismo y adherencias posteriores que han ido conformando la tradición. Zamarrilla era el nombre de un crucificado que se veneraba en el Camino de Antequera, a las afueras de la ciudad de Málaga, Zamarrilla era el apodo del bandido y Zamarrilla es el nombre popular de la Virgen pese a que su advocación es Virgen de la Amargura.
Según cuenta la obra 'Semana Santa en Málaga', coordinada por Agustín Clavijo, había una cruz de pieda alumbrada por unos farolillos que iluminaban en la oscuridad y guiaban a los que llegaban del campo por el camino de Antequera. Un devoto llamado Antonio Barranquero organizaba un rosario callejero y encargó al ermitaño Lorenzo de San Francisco la talla de un crucificado que empezó a recibir culto en la ermita hacia 1757. Hasta ahí llega la historia recopilada por los investigadores que continuará con la agregación al rosario de una virgen dolorosa del cercano Convento de la Trinidad.
La tradición
La tradición relata que Juan Zamarrilla era un bandido de Igualeja, en la Serranía de Ronda, famoso por sus asaltos al frente de una partida de 50 hombres y también por sus gustos caros y sus repartos del botín de los asaltos entre los pobres. Crecía la admiración entre la gente de los campos y también el radio de acción de su partida de bandidos que se extendía y acercaba cada vez más a Málaga. Hacia 1880, según la leyenda, la banda de Zamarrilla quedó mermada por los embates de la ley y apenas sobrevivió el sólo.
Un día llegó hasta las puertas de la capital, seguido de cerca por los corchetes, cuerpo de seguridad anterior a la Guardia Civil, y al ver la ermita abierta, entró en ella y se escondió bajo el manto de la dolorosa logrando que pasara el tiempo sin ser descubierto. Cuando comprobó que el peligro había pasado, salió y, agradecido con la señora, clavó la rosa blanca que llevaba sobre su pechera, tornándose en roja del color de la sangre en un instante. El rostro lloroso de la dolorosa causó pena al malhechor que, arrepentido de sus males, decidió ingresar en un convento.
Muere apuñalado
Zamarrilla vivió como un monje, se dedicó a la oración y a atender a los pobres, acudiendo cada aniversario a depositar una rosa roja a los pies de la Virgen que lo salvó hasta un día que, ya siendo un hombre de edad avanzada, fue asaltado por un bandolero y cayó herido de muerte. Antes de fallecer, vio como la Virgen se le aparecía y le abría las puertas del cielo, mientras él le tendía la flor roja...y ésta se volvía blanca.
La dolorosa de Zamarrilla, entonces dolorosa de la Trinidad, se organizó como cofradía junto al cristo ya existente y salió en procesión al menos tres veces durante el siglo XIX, la última de ellas en Domingo de Ramos.
En 1922, la hermandad de Zamarrilla ingresa en la recién creada Agrupación de Cofradías de Semana Santa en una década de esplendor del fenómeno cofrade y procesionista malagueño. La dolorosa recibe la advocación oficial de María Santísima de la Amargura, pero la gente la sigue conociendo por su nombre ligado al apodo del bandido que lloró de arrepentimiento.
En mayo de 1931, la Ermita de Zamarrilla fue asaltada e incendiada en los sucesos posteriores a la proclamación de la República y tres años más tarde la hermandad compró la actual talla a una familia malagueña. Se trata de una imagen de vestir, con las manos abiertas y la mirada hacia el cielo en actitud implorante buscando consuelo. Su atractivo devocional añadido al de la leyenda le hace merecedora de un gran tirón popular en el barrio de la Trinidad dónde se asienta y cada noche de Jueves Santo es acompañada por miles de personas que la admiran.
El color rojo
El color rojo es la seña de identidad de esta cofradía y está presente en el manto, el palio de la Virgen y, por su puesto, en el pecho de ésta en forma de rosa. Sus hermanos visten túnica y capirotes rojos también. Antonio Gutiérrez de León realizó la escultura en el siglo XIX.
El Obispado de Málaga reconoció en 2003 el gran arraigo de esta imagen con la coronación canónica, que se celebró el 25 de octubre en la Catedral y dio paso después a la procesión triunfal de regreso a su ermita en el barrio de la Trinidad.
A la Virgen de Zamarrilla le acompaña cada Jueves Santo el Cristo de los Milagros, un crucificado tallado por Francisco Palma Burgos, que finalizó la obra iniciada por su padre en 1939.
La creación literaria entorno a ésta Virgen dio fruto en el serial radiofónico 'Crepúsculo de sangre', de Juan Martín Gámez, además de poemas y saetas.
