Es de sobra conocida la leyenda que circula por las tierras gallegas acerca de una compañía de almas en pena que deambula por las noches. Aquel que se encuentre con ella recibirá a la muerte al poco tiempo.

Se ha intentado dotar a estos relatos de un significado, ya sea religioso, ya sea superstición o, incluso, bajo nivel cultural, sin embargo, el misterio persiste y en determinadas zonas aún se cree ciegamente en la existencia de este fenómeno.

Pero, ¿qué es la Santa Compaña, y por qué lo arraigado de su creencia?

Las primeras referencias escritas sobre estas romerías de difuntos datan del siglo XIII, pero la denominación era la de “hueste antigua”. No obstante la llegada del Romanticismo, a partir del siglo XIX inunda de relatos y de testimonios sobre estas apariciones, a la sociedad española.

Diferentes versiones

Aunque existen muchas formas de contar las historias acerca de la Santa Compaña, según una versión clásica de estos fenómenos, la Compaña marcha en dos hileras, los espectros van vestidos de blanco y caminan descalzos. Siempre figura al frente un vecino vivo que porta una cruz y un caldero con agua bendita entre sus manos.

Existe, aparte de las hileras de fallecidos y el vecino vivo, la figura de un campanillero el cual es una persona viva atrapada por la comitiva y está obligado a no mirar atrás nunca.

Por último, cierra la manifestación la persona que va a morir.

En otras versiones, se sabe que va a morir una persona porque el cortejo, se detiene delante de la casa del desgraciado.

El antropólogo Carmelo Lisón Tolosana en su libro “La Santa Compaña” añade diferentes variaciones de esta leyenda. Así, por ejemplo, señala que la procesión porta un ataúd abierto donde ha de yacer el próximo difunto.

Lisón, fue documentando en base a diversos testimonios de personas que decían haber visto a estos espectros y extrajo una serie de conclusiones comunes a todos ellos como por ejemplo, el hecho de que las visiones se produzcan en la noche o la creencia de que la Compaña parte siempre de un cruceiro o salgan de un cementerio o de una parroquia.

Las otras Compañas

Las apariciones de grupos de difuntos no son solo exclusiva de Galicia, incluso no son exclusivas de España, ya que por toda Europa circulan leyendas de apariciones similares.

En España, se encuentra arraigada en la zona de Asturias la creencia en la “Güestia”, un grupo de almas en pena que peregrinan portando antorchas fabricadas con huesos humanos y un ataúd hasta la casa donde les espera el moribundo.

En León, existe la “Huéspeda de Ánimas” de parecidas características a la Santa Compaña.

Las “Lumbretas”, en la zona del Pirineo aragonés o “las antorchas del Time” en la isla de la Palma, que identifican a los guerreros guanches caídos, son otros ejemplos claros de la expansión de estas leyendas por todo el territorio español.

Sin embargo, aún hay un dato más misterioso si cabe al margen de estas apariciones, y es que, en la zona del País Vasco, el mito cambia de manera sorprendente, transformando el cortejo de almas en pena por un cazador de formas fantasmales junto a una jauría de perros de aspecto no menos aterrador.

Los cazadores de vivos

Este tipo de leyendas tienen su origen en la leyenda anglosajona de “Wild Hunt”, la caza salvaje, mediante la cual una partida de caza dirigidas por espectros mediante la cual se advierte la proximidad de catástrofes o muertes.

“Muchos hombres vieron y escucharon a una multitud de guerreros cazando…” con estas palabra comienza el relato de un religioso inglés de la abadía de Peterborough, recogido en 1127, que narra estas cacerías salvajes.

Probablemente este mito provenga de los pueblos germanos, ya que estos contaban con su “Wilde Jagd” dirigida por Wotan, el rey de los muertos aunque algunas versiones otorgan al mismísimo Odín, la batuta de dicha cacería.

Esta leyenda se fue extendiendo por toda Europa y, así, encontramos historias similares en Francia (chasse sauvage), Suecia (Odinjäger) o Irlanda (Sluagh).

En España, en la zona de Euskadi, el mito se ve favorecido por la geografía tan escarpada, la leyenda gira en torno al “cazador negro” y parece ser que guarde relación con la “Wild Hunt”.

Aparte del País Vasco, Extremadura y en zonas de Cataluña, existen leyendas similares aunque con alguna variación.

¿Por qué surgen estas leyendas?

En el caso de la Santa Compaña, investigadores tan famosos como Julio Caro Baroja o el mismo Carmelo Lisón, ven en estas representaciones un reflejo religioso mediante el cual se intenta dar respuesta a preguntas existenciales de los hombres como el sentido de la vida y a qué lugar irá el alma cuando abandone el cuerpo terrenal.

Otra teoría reside en la creencia de la adaptación de las costumbres celtas por parte de la Iglesia Católica, en un intento de acabar con el paganismo de estas zonas españolas y dotarlas de un aura más espiritual acorde con sus doctrinas. De este modo estaríamos ante una dulcificación de la caza salvaje a favor de una comitiva de ánimas cristianas que buscan a su próximo compañero.

Otras aseveraciones intentan quitar importancia a estos mitos al asegurar que dichas manifestaciones no son más que cazadores furtivos que operan por estas zonas o incluso malas pasadas que juega la vista y la imaginación, sobre todo por aquel que camina de noche por un bosque portando un candil o linterna.