'La ley del silencio': Kazan y Brando, dos talentos descomunales

0 Comments
Join the Conversation
Marlon Brando y Eva Marie Saint - kimintn
Marlon Brando y Eva Marie Saint - kimintn
En 'La ley del silencio', Elia Kazan y Marlon Brando conjugan dos talentos excepcionales para crear un drama de denuncia política de gran calado.

Con su deslumbrante fotografía en blanco y negro, una ambientación portuaria tremendamente conseguida y un puñado de actores de altísimo nivel, La ley del silencio se convirtió en el año de su estreno, 1954, en una de las producciones más importantes del cine hollywoodiense.

Algo que se vio plasmado tanto en lo numeroso de los premios y reconocimientos obtenidos —hasta ocho Oscar en los más diversos apartados—, como en un éxito incontestable de crítica y de público.

La ley del silencio , un drama sobre la moral y la traición

El filme de Elia Kazan se sustenta, desde el punto de vista argumental, en un guión elaborado por Bud Schulberg, colaborador habitual del director turco-judío, que destaca, fundamentalmente, por la sencillez de su desarrollo dramático, no por ello exenta de una tremenda intensidad, que es la que le otorga el calado de la gran cuestión moral sobre la que se erige el mismo: el dilema entre el silencio cómplice con la corrupción circundante o la denuncia de la misma (con las consecuencias que ello comporta).

El recorrido que, impelido sobre todo por un sentimiento amoroso que va cobrando fuerza progresivamente, realiza el protagonista de la historia, Tony Malloy, desde un extremo hasta el otro de ese “arco ético”, constituye la nervadura central de una trama que se despliega, igualmente, a caballo de unos diálogos engarzados con precisión de relojero y un manejo del ritmo narrativo sólo a la altura de los grandes maestros. Kazan, en un momento álgido de su carrera, demostró que se contaba, sin duda alguna, entre ellos.

Marlon Brando, un mito en construcción

Aun cuando se ha mencionado al principio que La ley del silencio contó con un reparto plagado de intérpretes majestuosos (¿quién no se queda extasiado ante una nómina integrada por Karl Malden, Lee J. Cobb, Rod Steiger y Eva Marie Saint...?), sería absurdo obviar que el peso interpretativo de la cinta recae, por encima de todo, en la figura y presencia de ese mito viviente (aún no lo era, pero ya andaba bien avanzado el camino para ello...) que responde al nombre de Marlon Brando.

Más allá de su caracterización física, magnífica, y su apabullante presencia (el magnetismo que desprenden su rostro, y todo su cuerpo, son difícilmente esquivables), el trabajo de Brando está construido con una sutileza de gestos y expresiones que dejan al espectador boquiabierto.

Y no es algo sencillo, dado que su personaje ha de condensar, desde sus limitaciones intelectuales, un catálogo tan amplio de registros que lo más previsible hubiera sido esperar un ejercicio de histrionismo desaforado. No fue así, afortunadamente.

Un reparto plagado de talento

Y encontró réplica más que adecuada en el resto de los integrantes del reparto, que supieron estar a la altura de tan rutilante estrella. Compartiendo plano en buena parte del metraje aparece su partenaire femenina, una jovencísima Eva Marie Saint que, lejos del glamour y la sofisticación con que impactaría en la posterior maravilla hitchcockiana que fue Con la muerte en los talones, compone una Edie Doyle capaz de combinar carácter con una dulzura comprensiva que será la “red” en que Malloy terminará cayendo.

También brilla a gran altura un actor maduro y que, en esa etapa de su carrera, disfrutaba de un momento especialmente dulce, como es Karl Malden. Su padre Barry se convierte en otro de los factores determinantes del recorrido evolutivo que experimenta el protagonista de la historia, y la fuerza que imprime a sus apariciones —a destacar, entre ellas, la que lleva a cabo en la bodega del barco en que uno de los estibadores acaba de ser asesinado— hacen de su papel uno de los elementos más destacados de la película.

Elia Kazan, un genio bajo la controversia

Cerrar una reseña crítica de este filme sin hacer mención a la circunstancia de que, un par de años antes de su rodaje, Elia Kazan se había convertido en el delator por antonomasia, debido a sus denuncias ante el malhadado e infame Comité de Actividades Antiamericanas —el órgano en que se sustentó la “caza de brujas” del ínclito senador McCarthy—, sería ignorar una cuestión que, como no podía ser de otra manera, sobrevoló en todo momento por encima de esta producción, dada las evidentes concomitancias temáticas.

Venganza, ajuste de cuentas, lavado de conciencia. Tan caudalosos como el mismísimo Amazonas podrían ser los ríos de la tinta vertida alrededor de la influencia de tales consideraciones en la puesta en marcha y creación de un proyecto fílmico como el de La ley del silencio; pero basta con contemplar la película con una mirada despojada, en la medida de lo posible, de tales influencias para poder concluir que, más allá de las mismas, estamos ante un auténtico monumento artístico, cine de calidad poco objetable.

Una obra maestra de Hollywood

Y es que, algo más de medio siglo después de su estreno, La ley del silencio sigue constituyendo una admirable muestra de la inagotable capacidad que esa factoría que atiende al nombre de Hollywood siempre tuvo, aun sometida a los avatares más adversos —y pese a que ahora no esté atravesando por un buen momento creativo—, para generar películas de enorme calidad. Algo tan sencillo (y difícil, a la vez) como contar con los mejores y ponerlos en funcionamiento. Así lo hicieron Brando y Kazan en este filme. ¿El resultado? Para nuestro disfrute, para siempre.

Manuel Márquez, Manuel Márquez

Manuel Márquez Chapresto - Tantas cosas que contar y tan hermosas herramientas para hacerlo. La palabra, menudo juguete...

rss
Deja tu opinión

NOTA: Al no ser miembro de Suite101.net, tu comentario pasará un filtro de supervisión antes de que aparezca publicado.
Enviar comentario
Cuánto es 3+2?
Advertisement
Advertisement