Sólo basta mirar alrededor para advertir todo tipo de cambios. El semáforo cambia del rojo al verde para indicar a los conductores que aceleren. El invierno concluye para dar lugar a las coloridas flores de la primavera. Inclusive, los niños pasan de la infancia a la pubertad, se desarrollan físicamente y, si tienen suerte, intelectualmente.

A pesar de estar constantemente rodeados de cambios la dificultad más grande no está en acostumbrarse a ellos, sino en su proceso.

Dentro del marco de la Marcha del Orgullo Gay de Buenos Aires en noviembre de 2009, se presentó el proyecto de ley de matrimonio entre personas del mismo sexo mediante la modificación de los términos “hombre y mujer” por “contrayentes” en el artículo 172 del Código Civil. Esta propuesta representa un cambio integral en la concepción de la familia y particularmente, en la del matrimonio.

El origen del matrimonio

Originalmente, en el derecho romano personas del mismo sexo podían contraer matrimonio. Pero se experimentó un cambio drástico cuando el cristianismo fue proclamado como religión estatal del Imperio Romano en el siglo IV d. C. En el siglo VI d. C. el emperador Justiniano realizó un digesto jurídico (Corpus iuris civile) tomando la oportunidad de modificar las leyes y tamizarlas con la ideología cristiana.

A partir de ese entonces, el matrimonio fue redefinido como la unión entre el hombre y la mujer con fines reproductivos. Sin embargo, con el correr de los siglos la institución del matrimonio se fue flexibilizando hasta lo conocido en la actualidad.

Resulta perturbador investigar la historia y enterarse que en la Antigüedad la mujer era propiedad del hombre (pater familias), o que hace no mucho más de 50 años la gente de color no podía casarse en los Estados Unidos, o los judíos no podían contraer matrimonio con los alemanes en la Alemania nazi. Esa misma reacción de incomprensión que los lectores deben estar experimentando al pensar en tales injusticias, es la que las generaciones futuras tendrán al estudiar este ferviente debate.

No obstante, hoy en día, hay un cambio radical en la noción del matrimonio. Varios países europeos y ciertos estados de EEUU ya han modificado su Código Civil, permitiendo que personas del mismo sexo contraigan matrimonio y puedan acceder a los mismos derechos que sus pares heterosexuales.

Legitimando, según lo presidido, que las culturas cambian, ¿es tan raro pensar que las instituciones también lo hagan?

Cultura vs. Naturaleza

Es curioso que quienes se oponen al matrimonio entre personas del mismo sexo lo hagan alegando la naturalidad del matrimonio heterosexual y de las relaciones entre personas de sexo opuesto. El argumento de que la homosexualidad es antinatural ha quedado refutado hace años y no demuestra más que desconocimiento en quienes lo hacen propio.

El matrimonio, tal como todas las instituciones en la sociedad, es una convención cultural. Por lo tanto, no hay forma de desnaturalizar el matrimonio por el simple hecho de que ninguna institución es natural.

Otros argumentos son defensas incoherentes que buscan bajo cualquier forma diferenciar a las minorías sexuales de la hegemonía.

Absurdos

Se reclaman los mismos derechos con los mismos nombres partiendo de la base de que se trata de personas merecedoras de percibir los mismos derechos por su sola condición de humanos. Es por eso que llamar homonio, gaymonio y demás invenciones resulta discriminador, ya que no se permite a este colectivo ser merecedor de las mismas palabras. Es absurdo y contradictorio abrir una nueva categoría para continuar profundizando en las diferencias en vez de tomar las semejanzas evidentes de cualquier pareja que se quiere casar comparte.

Otro absurdo es que los niños adoptados por parejas homosexuales vayan a resultar necesariamente gays, o que tengan problemas psicológicos de algún tipo por no tener la clásica figura paterna y materna. Cuando se habla de figuras, siempre es recomendable hacerle caso a la figura del experto. El Colegio de Psicólogos de Madrid y la Asociación Americana de Pediatría, son unas de las tantas instituciones que han recomendado la legalización de las parejas de mismo sexo con el interés puesto en la salud y el desarrollo del niño/a.

En la actualidad, ya hay muchas parejas del mismo sexo que han adoptado, ya que la ley no lo prohíbe. Falta que la pareja pueda conjuntamente tramitar la adopción para que los derechos de ese niño, tales como la herencia, obra social, y demás, se respeten del mismo modo que los de los niños adoptados por parejas heterosexuales.

Beneficios

Los beneficios que facilitan el día a día de la pareja radican en trámites legales como poder recibir pensiones, heredar, adoptar a nombre de la pareja, inscribir a su pareja o a su hijo/a en la obra social, y todos los derechos que cualquier pareja heterosexual goza sin cuestionamientos.

Las discusiones persisten y las deudas a ciertos colectivos se van reconociendo. La sociedad ha reclamado, está en manos del Gobierno considerar esta posibilidad de inclusión legal llamando al debate, una de las pocas cosas que nunca deberían cambiar.