Augusto Comte publicó su obra más influyente, el Curso de Filosofía Positiva, en seis volúmenes, entre 1830 y 1842.

La ley de los tres estados

La primera lección del curso consiste en la formulación de su famosa Ley de los tres estados, como “ley general de la marcha progresiva del espíritu humano”. Se trata de que “cada una de nuestras concepciones principales, cada rama de nuestros conocimientos pasa sucesivamente por tres estados: el estado teológico o ficticio, el estado metafísico o abstracto y el estado positivo o científico”.

Los tres estados aluden, también a tres métodos de filosofar distintos y aun excluyentes entre sí. Estos métodos conducen a tres sistemas filosóficos radicalmente opuestos. El primero, teológico, será el punto de partida necesario; el último, positivo, será un punto de llegada fijo y definitivo; y, finalmente, el segundo, metafísico, ejercerá la función de transición entre los otros dos.

A partir de esto, Comte señala tres grandes épocas de la Historia de la Filosofía, en las que dominó cada uno de los tres sistemas o métodos de filosofar.

Estado teológico

En el estado teológico, el espíritu busca conocimientos absolutos, causas primeras y causas finales. El conocimiento trata de la naturaleza esencial de los seres y “se representa los fenómenos como producidos por la acción directa y continua de agentes sobrenaturales”.

Los caracteres que definen el estado teológico serán, pues:

  • Búsqueda de conocimientos absolutos y trascendentes.
  • Predominio de la imaginación sobre la razón.

Estado metafísico

En el estado metafísico, los agentes sobre naturales dan paso a fuerzas abstractas y a entidades también abstractas. De tal modo, que ele conocimiento consistiría en asignar a cada fenómeno su entidad correspondiente.

Los caracteres que define el estado metafísico son, pues, los siguientes:

  • Búsqueda de conocimientos absolutos, pero no trascendentes.
  • Continúa el predominio de la imaginación sobre la razón.

Estado positivo

En el estado positivo, el hombre reconoce la imposibilidad de llegar a verdades absolutas, renuncia a la cuestión del origen y el fin del Universo y al conocimiento de la esencia de las cosas. El espíritu positivo trata de descubrir, mediante la observación y el razonamiento, las leyes efectivas de los fenómenos, esto es, “las relaciones invariables de sucesión y semejanza”.

Por tanto, los caracteres que definen al estado positivo, son:

  • Aceptación de la relatividad del conocimiento.
  • Predominio de la razón sobre la imaginación.
Como se ha dicho, cada uno de los tres estados se corresponderá con un sistema filosófico, o mejor un modo de filosofar, distinto.

La perfección de los estados

La filosofía teológica alcanzó la perfección, según Comte, cuando unificó, en un solo ser, la multitud de agentes sobrenaturales que se postulaban en el animismo y el politeísmo antiguos.

Del mismo modo, la filosofía metafísica llegó a su cima cuando consiguió concebir una gran entidad general que unificaba todos los entes particulares: la Naturaleza.

Finalmente, la filosofía positiva llegará a su perfección cuando sea capaz de representar todos los fenómenos “bajo un solo hecho, por ejemplo, la gravitación”.

Los estados en la vida y en la historia

Como refuerzo de su teoría, Comte acude a la experiencia personal de cada uno. Así, se puede observar que cada hombre es teólogo en su infancia, metafísico en su juventud y físico en su madurez.

El conjunto de la humanidad también habría pasado por estas etapas de desarrollo. La ley de los tres estados dividiría la Historia de Europa, según Comte, en tres etapas:

  1. Época teológico-militar.
  2. Época metafísico-jurídica.
  3. Época científico-industrial.
Este orden progresivo resulta irreversible: no cabe retorno a la época anterior.