El abogado uruguayo Luis A. Hierro López sostiene que Uruguay fue el primer país en Latinoamérica, que concedió el divorcio por único deseo de la mujer. Marcó así un hito en la historia mundial, al aceptar a la mujer en igualdad de condiciones que el varón. Eso ocurrió en 1913 bajo el gobierno de José Batlle y Ordóñez.

La ley de divorcio por causal fue promulgada el 26 de octubre de 1907. A diferencia de otros países hispanos que promulgaron leyes de divorcio similares como Guatemala y Colombia, y luego las derogaron, Uruguay mantuvo su concepción.

El proyecto de 1907 establecía que se podría conceder el divorcio “por adulterio de la mujer en todos los casos o del marido en la casa conyugal o con escándalo público; por tentativa de uno de los cónyuges contra la vida del otro; por actos graves de violencia; por injurias graves y frecuentes y por los malos tratos del marido”. La modificación del código civil de 1913 determinó que el divorcio podía producirse "por la sola voluntad de la mujer", es decir, sin tener que dar cuenta de ninguna causal.

En la actualidad, Uruguay es uno de los países, proporcionalmente con el mayor número de divorcios en latinoamérica. Según el obispo de Melo, monseñor Luis del Castillo Estrada, en Uruguay el número de divorcios ha superado al de matrimonios.

Según la investigadora Wanda Cabella, de la Universidad de la República, en su trabajo "La evolución del divorcio en Uruguay (1950-1995)", este aumento de los divorcios en Uruguay se debe a "profundas transformaciones culturales que afectan al conjunto del mundo occidental, en especial con una mayor valoración de la autonomía individual, y con la redefinición de las actitudes hacia el matrimonio; asimismo, la creciente inserción de la mujer en el mercado de empleo y la consiguiente alteración en la división tradicional de los roles conyugales".

Historia de la ley

Cabella señala que en el Código civil uruguayo decretado el año 1869, se seguían los conceptos del derecho eclesiástico que establecía la indisolubilidad del matrimonio por cualquier causal. Sólo se permitía la "separación de cuerpos", conocida como el "divorcio de los católicos", que no autorizaba en ningún caso el divorcio ni un nuevo matrimonio.

En 1885, el matrimonio civil fue declarado obligatorio y se suprimió el carácter sacramental del mismo. En ese año comenzaron las discusiones legislativas para formular una ley de divorcio.

En 1907 se aprobó definitivamente la ley de divorcio que permitía la disolución del vínculo por causales o por mutuo consentimiento.

En 1912 se introdujo la idea de que el divorcio se podía producir por la sola voluntad de separarse, sin aducir causas, lo que finalmente fue promulgado el año 1913, quedando la ley establecida por la "sola voluntad de la mujer".

En 1978 se aprobó una modificación a la ley que establecía igualdad del varón y mujer, y se acababa con los elementos presentados en la primera ley respecto al adulterio, donde se establecía una mayor benevolencia frente al varón. Además se estableció que antes del divorcio se debería definir claramente la situación de los hijos, el régimen de visita y la pensión alimenticia.

Causales de divorcio

La ley de 1978 establece como causales de divorcio:

  • Adulterio de cualquiera de los cónyuges.
  • Intento de asesinato.
  • Injurias graves.
  • La propuesta del marido de prostituir a la mujer.
  • La intención del varón o la mujer de prostituir a los hijos.
  • Disputas continuas que hacen imposible la convivencia.
  • Condenación de uno de los cónyuges a más de 10 años de cárcel.
  • Separación de hecho por más de 3 años, cualquiera sea la causa.
  • Enfermedad mental de uno de los cónyuges.
  • Mutuo consentimiento.
  • La sola voluntad de la mujer.
Recientemente se ha discutido el introducir en la ley "la sola voluntad del varón" dejando a ambos en igualdad de condiciones.

Los tipos de divorcios que permite la ley son:

Por mutuo consentimiento de los cónyuges

Es el procedimiento más sencillo, se puede solicitar transcurridos dos años de matrimonio y la ley establece que los cónyuges comparezcan por escrito ante el juez de su domicilio a quien exponen su deseo de separarse.

El juez, sin más trámite, decreta la separación provisoria de la pareja y las medidas cautelares que correspondan, fijando una audiencia en un plazo de tres meses. En dicha momento el magistrado intenta la conciliación y si no da resultado se fija una nueva audiencia de comparendo también con plazo de tres meses, en la que si se ratifica la voluntad de ambos se da por terminado el procedimiento, decretándose sin más trámite el divorcio.

Por la sola voluntad de cualquiera de los cónyuges

Del mismo modo que el caso anterior, la persona que solicita debe hacerlo por escrito ante el juez de su domicilio a quien expone el deseo de disolver el matrimonio.

El Juez fija una audiencia para un comparendo entre los cónyuges en plazo no mayor a los tres meses subsiguientes. En dicha audiencia se intenta la conciliación, y se resuelve provisoriamente:

  • La situación de los hijos.
  • La pensión alimenticia que eventualmente uno de los cónyuges deba suministrar al otro.
  • La situación de los bienes.
En caso de que la persona contra quien se pide el divorcio no asista a las audiencias, el Juez igualmente resuelve ante las explicaciones del compareciente, sobre la situación provisional de los hijos, la pensión alimenticia y la sede del hogar conyugal.

En un plazo de seis meses, se cita nuevamente a ambos cónyuges. En esta última instancia se intenta nuevamente la conciliación que, de no prosperar, comparezca o no el demandado, formule o no oposición, se promulga el divorcio de todas formas.

Si el cónyuge que inició el procedimiento deja de participar en alguna de las audiencias o comparendos se considera desistida la demanda.

Conclusión

Los últimos estudios hechos en Uruguay al respecto, se concentran en las causales de divorcio. Uruguay tiene la ley de divorcio más antigua y consistente de latinoamérica, un reto para el resto de los países de la región.