Sin caer en la suspicacia, hay que reconocer la existencia de la llamada letra pequeña en muchos contratos de servicios, tales como bancos, compañías abastecedoras de gas, agua, electricidad, teléfonos y también en compañías aseguradoras. Se debe, principalmente, al ahorro de papel y materiales complementarios ya que, cualquier tipo de contrato, requiere la descripción de numerosas normas y artículos que ocupan bastante, obligando por ello a reducir el tamaño de la letra, aún a costa de su poca visibilidad y peor aceptación.

El contrato de seguros

No obstante, debe conocerse que esta clase de letra diminuta solo figura en el Condicionado General, que es común para todas las pólizas del mismo ramo y que, además, no ha sido redactado por las compañías sino por la Dirección General de Seguros que dicta la totalidad de su articulado y es quien lo aprueba y obliga a que se imprima.

Pero un contrato o póliza de seguros, con independencia del referido Condicionado General con sus normas de obligada aceptación, contiene una segunda parte complementaria inseparable y muy importante que recibe el nombre de Condiciones Particulares. Como indica su literal, en este escrito se especifica el tipo concreto de riesgo que se asegura, indicando titularidad, situación, capitales que han de garantizarse y cuantas circunstancias puedan atenuar o agravar la cobertura para ajustar con exactitud el importe o prima a pagar.

El corredor de seguros, fiel asesor

Aunque la lectura de cualquier póliza de seguros no encierra dificultad interpretativa, sí es conveniente que un profesional aclare conceptos que, a veces, pueden parecer dudosos en especial lo referente a la puntualización del riesgo, de tal forma que todo quede perfilado y a la hora de la verdad, cuando se presente el siniestro, no llegue ninguna desagradable sorpresa.

El corredor de seguros, como experto, al rellenar la solicitud formulará las preguntas adecuadas al tomador de la póliza, pensando siempre en que, antes o después, aparecerá el siniestro y como sabe que sus consecuencias son imprevisibles tomará las medidas oportunas contractuales y de este modo, un probable momento desdichado, podrá atenuarse al máximo y convertirse, paradójicamente, en una situación agradable para ambas partes y, desde luego, de gran satisfacción para el corredor por su acertado trabajo.

En los seguros, conviene aclarar todas las dudas

Si en cualquier compra que hacemos es importante conocer lo que deseamos adquirir, aún viéndola con detenimiento en nuestras manos, es lógico que para firmar un contrato de seguros, es decir, de prestación de servicios cuya eficacia está por ver, se puntualice con total veracidad las preguntas que se hagan. Y, al mismo tiempo, aclarar una y otra vez cuantas dudas se tengan, sin temor a que nos tachen de pesados.

Un seguro ha de contratarse bien, sin prisas, con todo detalle, donde el contratante quede satisfecho al saber que las incidencias que puedan afectarle a su persona, a su familia o a su patrimonio están debidamente cubiertas, sin que en nada afecte el tamaño de la letra.

El seguro es anual

Salvo las pólizas de Seguro de Vida, cuya duración es variable dependiendo de las circunstancias o deseos del tomador o contratante, los demás ramos, genéricamente llamados Seguros Diversos , se contratan por años renovables. O sea, la póliza mantiene sus características iniciales revalorizándose cada año tanto los capitales garantizados como el importe del recibo con la buena idea de que no queden desfasados y el riesgo asegurado mantenga vigente su valor adquisitivo.

Lo expuesto, confirma la necesidad de un buen estudio inicial en la formalización de la póliza de seguros, de forma y manera, que siempre seguirá su curso normal, agradable y efectivo al igual que tantas cosas que nos acompañarán en el curso de nuestra vida.