Es aceptable a nivel general que la lectura trae grandes beneficios para los seres humanos. Pero mientras psicólogos y educadores han hablado de la adquisición de conocimientos, de la elaboración de un pensamiento crítico, de la transmisión de valores y la capacidad de reflexión entre quienes acostumbran leer con frecuencia o incluso entre quienes leen esporádicamente, es en los últimos años en que los neurólogos han unido sus voces a la de filósofos y pensadores y han añadido un beneficio adicional, comprobado en laboratorio y en numerosas observaciones: leer también tiene un impacto en el cerebro mismo.

La lectura y la escritura como habilidades inducidas

Aunque el cerebro no está conformado biológicamente para leer ni para escribir, la lectura y la escritura son habilidades capaces de modificar a nivel neurológico la conformación de aquel en un sentido positivo. El cerebro se potencia, se desarrolla, se hace más ágil y más resistente a las enfermedades degenerativas que suelen atacar en los últimos años de la vida de una persona.

Ningún niño nace con la posibilidad de desarrollar de manera espontánea la capacidad para leer o para escribir. Mientras todos poseen la capacidad potencial para hablar, ya preestablecida en el cerebro antes de nacer, ninguno presenta conexión neuronal alguna que indique que está listo para leer. De hecho, leer y escribir son habilidades mentales establecidas en la especie humana de manera muy reciente, por tanto, aún no se encuentran en el mapa biológico básico de un niño. Sin embargo, como el cerebro humano es altamente moldeable, es capaz de aprender numerosas habilidades inducidas, y entre las más difíciles pero a la vez más potentes se encuentran la lectura y la escritura.

Leer desarrolla capacidades visuales y fonéticas, estructuración de pensamiento y análisis, unión de sintagmas y grafemas, desarrollo de la memoria y otras habilidades mentales. Escribir añade el desarrollo de habilidades motoras, de coordinación mano-ojo-mente, de afinamiento de la capacidad analítica. Ambas sólo se pueden desarrollar con éxito mediante la práctica constante y la guía adecuada, y cuanto más placenteras son, mayores posibilidades de éxito implican en quien las aprende.

Los niños poseen una naturaleza curiosa y una disposición para aprender tan amplias que se vuelven sujetos ideales para desarrollar estas habilidades, incluso desde su más tierna infancia, con inducciones de sus padres y maestros, desde que aquellos les leen cuentos en la cama hasta que ellos mismos redactan sus primeras composiciones en la escuela.

Los adultos también poseen la capacidad para aprender

Ahora bien, no sólo los niños pueden aprender estas habilidades. Se ha demostrado que los adultos, aún los de mayor edad, son capaces de desarrollar ambas habilidades, aún cuando no tuvieran experiencia previa. Puede que sean más lentos que sus pares infantiles, pero sus cerebros comienzan a generar las conexiones neuronales necesarias para lograr el éxito. Y he aquí que, a la vez que se descubre la posibilidad real de que los adultos también se introduzcan en el mundo de la lecto-escritura, se ve también el impacto directo sobre la salud mental de los sujetos implicados.

Cuanto mejor y mayor desarrollo de conexiones neuronales (llamadas sinapsis) posea un individuo, menor es la posibilidad de que un mal como el Alzheimer, o la demencia senil, se apodere de su cerebro. Dado que estas enfermedades suelen caracterizarse por un deterioro generalizado de dichas conexiones, cuando éstas son potentes (y lo son gracias a su uso y desarrollo constante), el mal se pospone o nunca aparece.

Se sabe, en círculos de investigación, que la lectura produce estados de relajación, mientras que los pensadores, maestros y pedagogos afirman que favorece la adquisición de conocimientos y la transmisión de valores y enriquece el acervo de vocabulario. Ahora también se sabe que además previene enfermedades degenerativas y conserva la salud del cerebro desde el punto de vista orgánico.

Está visto entonces que leer y escribir no son actividades que sólo sean importantes durante la infancia. Tan importante es introducir a los niños al mundo de los libros, como mantener a los adultos envueltos en actividades que involucren ambas actividades. Leer se ha vuelto también un asunto de salud física.