
- ©S.M. Cabeza de perro/Visipix.com - Hendrik Goltzius
Así como hoy en día los presidentes de las principales naciones impulsan la investigación y exploración del espacio sideral, allá por los tiempos del medioevo, hubo reyes interesados en apoyar a los viajeros en sus expediciones al basto mundo desconocido.
Tal fue el caso de Cristóbal Colón patrocinado por Isabel la Católica. Pero antes que él ya Marco Polo y Jehan de Mandeville habían abierto camino.
A petición del rey Eduardo II, Jehan de Mandeville viajó más allá de Tierra Santa para posteriormente escribir sus memorias en lo que hoy conforma el Libro de las Maravillas del Mundo.
Sobre lo que encontró no hubo dudas ni cuestionamientos. Todo era posible en un lugar tan desconocido como el Oriente. Pero más importante que eso, todo era posible para Dios.
La isla de los Cinocéfalos
Pasada Tracordia, una peculiar isla donde los hombres ,“verdaderas bestias, desprovistas de toda razón”, viven en agujeros cavados en la tierra y no hacen sino adorar a una piedra de sesenta colores llamada tracordita, uno debe seguir en línea recta sobre la Mar Océana.
Entonces sin duda se tendrán a la vista las bellas costas de Nacameran. El hermoso y gran país de los cinocéfalos.
Los hombres con cabeza de perro
Es curioso que en Tracordia las personas, a pesar de su apariencia humana, fueran todos unos brutos. Es curioso, digo, por que en Nacameran las gentes, a pesar de ostentar tremendas cabezas de perro son de lo más civilizados.
A diferencia de los oriundos de otros lugares visitados por Mandeville, los cinocéfalos, como se les llama quienes tienen cabeza de perro, ostentan la decencia de usar ropa. Su único traje es un pedazo de tela que va desde la cintura hasta las rodillas. Tapando, como se debe, las partes pudendas.
Son altos, fuertes y valientes guerreros, nos refiere Mandeville. Para luchar usan un escudo de cuero que les protege todo el cuerpo y en la mano llevan una lanza.
El canibalismo entre los cinocéfalos
Los cinocéfalos, apena confesarlo, tienen un defecto. Acostumbran comer carne humana. Principalmente la de sus enemigos caídos en batalla.
Fuera de eso son muy correctos y muy devotos a su dios que tiene la forma de un buey. Prueba de ello es que no hay en toda la población quien no lleve en la cabeza una imagen de su dios cincelada en oro y plata.
La forma de gobierno de los hombres con cabeza de perro
Están regidos por una monarquía democrática. Es decir la gente elige a quien será su rey. Este rey, al menos el que Mandeville conoció, es un individuo muy rico y poderoso que cumple puntualmente con todos los ritos de su religión.
Lleva colgado al cuello un collar con trescientas perlas de Oriente, gruesas como almendras, que hace las funciones de un rosario. Diariamente antes de comer utiliza este collar para rezar nada menos que trescientas oraciones a su dios.
Pero más asombroso aún es el rubí de muchos quilates, de casi un pie de largo y un palmo de ancho, que lleva también al cuello.
El Gran Khan, refiere Mandeville, ha ambicionado esta joya durante mucho tiempo. Pero no ha logrado obtenerla ni a través de sus generosas ofertas ni mediante la fuerza militar.
Y es que para los cinocéfalos esta joya significa mucho. Es otorgada a quien ha sido elegido como nuevo monarca. Viéndola la gente sabe que aquel es el rey y se dispone a obedecerlo. Si alguien se proclamara como la autoridad pero careciera del rubí sería ignorado por toda la población.
Las leyes de los cinocéfalos
En lo que refiere a las leyes el rey cinocéfalo es muy cuidadoso. La justicia es primordial por lo que Nacamaran es una tierra muy segura.
Uno, dice Mandeville, puede andar por las calles llevando objetos costosos y nadie intentará robárselos. Se conoce que la ejecución de la ley es oportuna y expedita.
Lo que desafortunadamente no menciona el viajero medieval es si se debe andar con cuidado de ser comido. Deberemos asumir que sí, porque hasta donde se puede entender en Nacameran el ingerir a un turista no constituiría ninguna infracción a la ley.
