Cuando se habla de las islas Canarias, se suele tener muy presente el nombre de Las Palmas o el de Tenerife y Lanzarote. Pero pocos conocen la pequeña perla desconocida de la isla de La Palma, que brilla con luz propia, y flota como un pedazo de tierra tropical rumbo a las Antillas como ansiando ser una más de aquellas paradisíacas islas.

La Palma está en la parte noroccidental del archipiélago de las Canarias; la distancia desde Tenerife es de 85 kilómetros, y desde Cádiz es de 1.440 kilómetros. Es tan minúscula que, según se va llegando en avión, parece imposible aterrizar fácilmente. Y es que en tan sólo 50 Km. de largo por 22 Km. de ancho, la isla esconde unos secretos que a uno le dejan boquiabiertos. Su desnivel en altura es tan inmenso que se sabe que en ella se da la mayor altura del mundo en relación con su perímetro.

La Caldera de Taburiente: una inmensa boca de volcán para pasear en su interior

El corazón de la isla es la Caldera de Taburiente, declarada Parque Nacional. Es un enorme cráter –el mayor que se conoce hasta ahora- que tiene 10 kilómetros de diámetro con profundidades de hasta 770 metros, y lo fascinante de esta gran hondonada es que se puede recorrer en toda su extensión, y deslumbrarnos con la vegetación de sus extraordinarios pinares.

Impresiona recorrer el interior de este microcosmos, y observar un bosque imponente repleto de vida animal, y surcado por ríos, arroyos y manantiales que le otorgan un rango de divino paraíso terrenal. Desfiladeros, como el de Las Angustias, senderos más propios de un cuento de gnomos que de la vida real, vegetación original y endémica de la isla, ríos cristalinos donde darse un chapuzón... todo lo vamos a encontrar en la Caldera de Taburiente.

Además, podemos gozar de este paisaje también por la noche, ya que es muy recomendable quedarse a dormir en tienda de campaña dentro del Parque de la Caldera de Taburiente, para así vivir la experiencia de disfrutar del sosiego y el olor de la fragancia pura de sus bosques.

Las espectaculares vistas del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente

Una vez que se ha recorrido la Caldera, y con las imágenes de tan asombrosos rincones aún en la retina, todavía queda algo más que deleite nuestra vista. Subiendo al Mirador de la Cumbrecita, es recomendable mirar hacia abajo para apreciar en toda su dimensión la Caldera de Taburiente por la que anteriormente se ha transitado. El espectáculo es sublime, y lo mejor es contemplar en silencio el majestuoso paisaje para confundirse con él.

Pero si se opta por subir un poco más, no hay inconveniente. La Palma nos puede llegar a sorprender hasta límites prodigiosos. Ascenderemos hasta 2.423 metros, al Roque de los Muchachos, donde se encuentra un observatorio astrofísico. No en balde, en la isla de La Palma es desde donde se pueden observar mejor las estrellas, ya que su cielo está considerado como uno de los más limpios y puros del mundo. De hecho, existen normativas muy rígidas para los habitantes de la isla en relación a la iluminación de sus casas.

Desde el Roque de los Muchachos, se aprecia el perímetro de toda la isla e incluso se divisa a lo lejos, en días despejados, la isla de Tenerife. Las vistas son imponentes, máxime si coincide que algunas nubes reposan a una altura media por debajo de nosotros, y entrevemos picos escarpados adornados de algodón.

Bosques de cuento de hadas en toda la isla de La Palma

Existen bosques espectaculares, como el de los Tilos, reserva natural de la Biosfera y auténtico pulmón de La Palma, que se sitúa al norte de la isla, en una gran escarpada, y en donde existe una exuberancia tropical que fácilmente recuerda al Amazonas. Es una joya de la era Terciaria, y al profundizar en su espesura, da la sensación de retroceder en el tiempo tanto que no cuesta demasiado imaginar a los dinosaurios campeando por allí, hace millones de años.

Playas y volcanes de ensueño en su más pura esencia canaria

Y en un abrir y cerrar de ojos, se pasa de los vergeles de la Caldera de Taburiente o de los Tilos, a la parte más meridional, que es volcánica también pero, en esta ocasión, con otro aspecto bien diferente. Un terreno lunar, desértico, con una gama de tonalidades rojas, naranjas y marrones que proporcionan un cálido colorido a la zona y contrastan de forma extraordinaria con el azul del mar y del cielo. Hay varios volcanes en esta zona; Martín, Teneguía y San Antonio. Estos volcanes están activos, habiéndose producido la última erupción hasta ahora en 1971 en el Teneguía.

Aunque debido a la orografía escarpada, que produce acantilados y formas abruptas de terreno en la costa, La Palma no destaca por sus playas, también podemos disfrutar de algunas, como la del Puerto de Naos, que es de fina arena negra, debido a la condición volcánica de la isla.

Senderismo en La Isla Bonita

Por lo demás, la isla de La Palma ofrece numerosos tipos de paisajes, con infinidad de rutas de senderismo apropiadas para cualquier nivel. Se recomienda alquilar un coche, para recorrer palmo a palmo todos los rincones a los que difícilmente puede llegar un autobús. Y, eso sí, hay que tener cuidado, porque las carreteras discurren en un sinfín de ondulaciones que suben y bajan a un ritmo de montaña rusa trepidante. Y sin quitamiedos.