Si quisiéramos definir en qué consiste el aprendizaje exitoso diríamos que éste engloba dos notas esenciales: la adquisición y la retención de hábitos, tal y como recuerda Bauman en su conocido ensayo Amor líquido. Bien, pero ¿qué sucede si tal proceso se produce en un entorno inestable? Para no fracasar con consecuencias fatales, si el aprendizaje quiere llegar a buen puerto −ser exitoso y eficaz− deben captarse y percibirse una prueba fundamental: la distinción entre regla y contingencia.

Justamente ahí aquellas dos notas fundamentales del correcto aprendizaje hallan el tercer vértice del triángulo de este proceso: la creatividad. Cuando uno es capaz de distinguir entre la regla y la contingencia se produce ese dato tan profundamente humano. De este modo, la capacidad humana para notar la diferencia entre la norma reglada y la contingencia es una capacidad para la creatividad: se han adquirido unos hábitos, estos han sido debidamente retenidos y, lo que es mejor, no se comete el tremendo error anquilosante que consiste en 'la fatídica pose': el rictus consistente en no romper la rutina.

Creatividad no significa, según nuestro esquema, el desprecio de la norma sino la introducción de los hábitos adquiridos (hábitos buenos, se entiende) en el momento adecuado. Este momento ha sido iluminado por la distinción entre regla y contingencia señalada anteriormente. En este sentido, la actual crisis mundial ha de ser también contemplada con ojos positivos: es una posibilidad y un 'sistema' de corrección; se presenta como una ocasión para abordar cara a cara los errores anteriores, especialmente los de índole moral, que han desembocado en la tan desagradable carencia de virtudes y valores, así como en el necesario reconocimiento de un obligado liderazgo ético.

El aprendizaje en tiempo de incertidumbre obliga también a retomar una cuestión: la educación, que es desde hace tiempo educación de las muchedumbres, no puede ser de tan bajo rasero. Hoy tenemos a más gente que nunca obteniendo titulaciones académicas. No es que exista un mayor número de gente a la altura de los estándares de la buena formación en más ocasiones, sino que esos estándares son ahora vergonzosamente bajos. Hay esfuerzos sin sudor y resultados sin esfuerzo.

Desde luego que, a pesar de nuestra tendencia al parón y a la poca capacidad para salir de nuestra zona de comodidad, las circunstancias se imponen de tal modo que urge aplicarse al cambio creativo para no morir en la estacada. Pensando en positivo, está claro que la capacidad para la creatividad unida a la adquisición y retención de hábitos −y hábitos virtuosos− tiene ante la crisis una oportunidad para sacar a la luz la riqueza de la ley y la oportunidad o no de aquello que es contingente.

La actual situación va a suponer un cambio de esquemas sociales, políticos, educativos y un largo etcétera. Es aquí donde la innovación en el aprendizaje ha de tener su punto de acción. En lo que es esencial al ser humano, cada vez queda más claro para más personas que el desarrollo humano integral ha de dirigirse por la verdad y por la caridad, de modo que la guía no sea únicamente la de la obtención exclusiva de beneficio económico (profit).