Desde la antigüedad se ha admitido la inmortalidad del alma. Prueba de esto es el culto a los muertos, el respeto religioso del hombre por las cenizas de los difuntos y los monumentos que se erigen sobre los sepulcros.

Los pueblos siempre han creído en la existencia de un lugar donde los buenos son recompensados y los malos son castigados. Esa fe en la vida futura se podría explicar a través de la razón humana, que reconoce las verdades fundamentales.

El pastor Daniel García, profesor de Teología y autor de escritos doctrinales y teológicos en América y Europa, explica las dos posturas que existen respecto a la existencia del alma. El concepto teológico que habla de que el ser humano está formado por dos elementos, cuerpo y alma, se llama dicotomía, mientras que el concepto que habla de tres elementos, cuerpo, alma y espíritu, se llama tricotomía. En este caso, el alma es el nexo entre el cuerpo y el espíritu, que nos relaciona con Dios.

El espíritu sigue viviendo aún después de la separación del cuerpo y por eso es que hablamos no del fin de la vida sino de un cambio de estado.

Hay dos teorías sobre la inmortalidad del alma, la de los Materialistas (que la niegan) y la de los Espiritualistas (que la apoyan).

Teoría Materialista o Monista

Los Materialistas tienen dos corrientes:

· Los Atomistas Reduccionistas consideran la realidad como materia formada por una combinación fortuita de partículas indivisibles, llamadas átomos, que se mueven en un espacio vacío infinito. Su fundador fue Leucipo.

· Los Emergentistas dicen que todos los estados o procesos mentales pertenecen al sistema nervioso central o a una parte suya. Aristóteles, Darwin y Ramón y Cajal pertenecen a esta corriente.

Monistas son los que sostienen que el universo está formado por una sustancia primaria, y que todo se reduce a la materia. Se los llama “monistas” porque dicen que las mónadas son los elementos últimos conformadores del universo, son formas sustanciales del ser: eternas, indivisibles, individuales, sujetas a sus propias leyes, no interactivas y un reflejo de todo el universo. Hay tres clases:

· Monismo materialista: el alma es una parte material del cuerpo identificada con el cerebro, el hombre es una máquina muy compleja que no necesita dirección externa (alma) para realizar sus funciones.

· Monismo espiritualista: todo lo real es mental, no existe la materia sino que es fruto de la imaginación. La realidad consiste en percibir o ser percibido.

· Monismo intermedio: el hombre está compuesto por una sola sustancia que es Dios, que tiene dos atributos: la extensión y el pensamiento.

Teoría Espiritualista

Los Espiritualistas dicen que el alma “es el principio espiritual del hombre, que fue creada directamente por Dios”. La Iglesia afirma la existencia y subsistencia, después de la muerte, de un elemento espiritual que está dotado de conciencia y de voluntad. Ese elemento es el alma.

El teólogo Miguel Ángel Fuentes, sacerdote del Instituto del Verbo Encarnado (I.V.E.), lugar que centra su espiritualidad en torno a la Encarnación, dice que “El alma humana no tiene principio ni fin, es inmortal por naturaleza”; y que “Dios nos dio el alma no como favor o privilegio sino porque tiene en su naturaleza espiritual los principios de una vida inmutable”.

Explica que una prueba de la inmortalidad del alma es el deseo natural e irresistible que tiene el hombre de una felicidad perfecta y de una vida sin fin. Si ese deseo no debiera ser satisfecho, Dios no lo hubiera puesto en el hombre. Pero esa felicidad perfecta no se encuentra en la Tierra, sino en la vida futura.

También dice Fuentes que todos los hombres están regidos por leyes de acuerdo a su naturaleza. Para aplicar su ley, Dios requiere que el alma humana sea inmortal ya que de otra forma sería imposible imponer los premios y castigos en una sola vida.

En la antigüedad

Eurípides decía que esta vida en el mundo era en realidad la muerte, y la muerte era la verdadera vida.

Orfeo creía que en el hombre el cuerpo y el alma estaban unidos y que la liberación del alma se produciría únicamente si se era puro y santo, si no, quedaría encerrada después de la muerte.

Pitágoras creía que el alma era prisionera del cuerpo y se liberaba al morir, reencarnándose dependiendo del grado de purificación alcanzado.

Platón decía que el alma no puede morir porque es un principio espiritual inagotable, y que la vida es una preparación para la eternidad.

Descartes, estableció que Dios creó dos clases de sustancias que constituyen la realidad: la pensante (inteligencia) y la extensa (física).