Según sus promotores, se trató de poner en contacto a una treintena escasa de víctimas de ETA, los GAL y otras organizaciones (los Comandos Autónomos Anticapitalistas y el Batallón Vasco Español) y la policía (por abusos, torturas y asesinatos), para iniciar un proceso de diálogo entre ellas que pudiera trascender o al menos servir de ejemplo al resto de la sociedad, en aras de reparar los años previos de abandono y para ir consolidando lo que la gente del régimen ha denominado un proceso de reconciliación y pacificación en el País Vasco.

Para ello, dicen, se trataba de buscar un lugar ajeno y tranquilo, sin connotaciones de ningún tipo, para celebrar los encuentros en un ambiente neutro y aislado del ruido y las interferencias habituales. Entonces se les ocurrió lo de Glencree, un tranquilo valle de Irlanda, y que resulta es donde se ubica un centro para la paz y la reconciliación surgido como consecuencia de la situación vivida en Irlanda del Norte.

La iniciativa Glencree

No se entiende el porqué de juntar a víctimas de ETA, los GAL y la policía, si no se sitúa en el contexto, en la esquizofrenia y la locura instaladas en el País Vasco. Por qué unir a una viuda de un concejal tiroteado por ETA con una viuda o madre del entorno social de ETA cuyo marido o hijo ha sido víctima de terrorismo de Estado o torturas policiales (sobre todo, por qué no dedicar todos los esfuerzos a la erradicación y el castigo de estos crímenes, en lugar de a estas pantomimas; o puestos ya a pacificar, por qué no pacificar verdugos, en lugar de víctimas). Cuál es su relación, más allá del dolor y la injusticia padecidas, si no es por la intención de quienes las juntan.

Hay en esta iniciativa, y en el modo de presentarla, una intención clara de difuminar las responsabilidades, las culpas de lo acontecido en el País Vasco durante las últimas décadas, y especialmente el papel de los verdugos de ETA y su entorno. Transformar a todas, mediante una perversa catarsis y culto al sufrimiento, en víctimas de un mismo drama (compensación para la cual es preciso hacer que las víctimas de ETA parezcan y se sientan también un poco verdugos, que parezca que debieran responder de algo), de una especie de guerra, como si lo que se hubiera vivido en el País Vasco durante cuarenta años fuera algo complejo y confuso, inasible, un periodo en el que nadie estaba asistido del todo por la verdad ni la razón, ni tampoco enteramente equivocado, y que ahora se trata de llorar todos juntos, lamerse las heridas, y pasar página para seguir adelante. Juntar a víctimas de ETA con víctimas del entorno de sus verdugos, aprovechando la existencia de ambas, identificar parecidos sentimientos y presentarlas en un plano de igualdad. Juntar a víctimas de "los dos bandos" (expresión que se emplea para establecer una equiparación monstruosa) como para que digan "Todos hemos sufrido y todos nos hemos hecho daño".

La confusión moral

Se trata de una lamentable confusión moral que traerá espantosas consecuencias. Resulta espeluznante, si uno lee el texto redactado por las propias víctimas que han participado en esta iniciativa, observar esa especie de acto de contrición, de empatía e identificación, de las víctimas de ETA con las víctimas del entorno de sus verdugos. Y escuchar a algunas víctimas de ETA adoptar el mismo lenguaje que el de sus verdugos, hablando de bandos, de perdón, de reconciliación, de pacificación.

Por mezquindad, por fanatización, por cálculo, por no querer asumir sus responsabilidades en este drama o por mantener ciertas afinidades o deudas con los asesinos, abundan los políticos y otros líderes incapaces de reconocer que no ha habido ninguna razón de ser de ETA y sus crímenes, que no existe tal conflicto en el País Vasco, que es absurdo y vil hablar de bandos, de convivencia, de procesos de paz (expresión miserable y amoral, eufemismo confundidor para encubrir concesiones, como si hubiese habido una guerra, en lugar de una red de criminales y cómplices a los que hay que detener y juzgar), y, encima, con la retorcida pretensión de hacer a las víctimas de ETA corresponsables de alcanzar esa paz, pretendiendo incluso "reconciliarlas" y "enseñarlas a convivir" con quienes rinden culto a sus victimarios y hasta, ya puestos, con los propios victimarios. Que simplemente ha habido una sociedad en la que algunos, incapaces de aceptar la libertad de cada cual, se han saltado las reglas del juego mediante el uso de la violencia, con la aquiescencia de una parte importante de la población y la permisividad y el silencio del resto.

Dice Fernando Vallejo: "Paz no es sinónimo de impunidad. No se puede construir una sociedad sobre la impunidad como no se puede construir un edificio sobre un pantano. Los delitos hay que castigarlos". Y si esto es una guerra -contra el asesinato, el secuestro, la extorsión, la falta de libertad, la asfixia espiritual-, lo que procede es ganarla.

La equiparación

Y esta equiparación se ha extendido a aspectos políticos e ideológicos, e incluso a la Historia, que puede moldearse e inventarse al gusto para luego imponerla en argumentaciones, puesto que se percibe esa constante intención de estimar todas las tendencias políticas e ideas igualmente defendibles y respetables.

El asunto del perdón

Se habla mucho, después del anuncio por parte de ETA del cese definitivo de su actividad armada, de la necesidad de que los verdugos pidan perdón a las víctimas. Al margen de que este asunto es algo exclusivo y personal de cada una de las víctimas, respecto a lo cual nadie tendría por qué decir nada (ni andar publicitándolo), esta de la reconciliación y del perdón es bandera que enarbolan los responsables, los cómplices, los cobardes, los simples, los frívolos y los ruines. Como si cuarenta años de actividad criminal: el miedo, la falta de libertad, la extorsión, las amenazas, los atentados, las lesiones y amputaciones, los secuestros o los asesinatos de padres, parejas, hijos o amigos pudieran arreglarse con una disculpa. Además, nuevamente se consigue de esta manera sembrar más confusión y dejar la pelota en el tejado de las víctimas, de suerte que para algunos, si hay víctimas que ni pueden ni quieren perdonar, se las considera obstaculizadoras del llamado proceso de paz, cuando si los verdugos no hubieran hecho nada de lo que hicieron, las víctimas no tendrían nada que perdonar.

Tampoco se puede obviar que el arrepentimiento y el perdón pierden su razón de ser, se prostituyen, cuando se canjean por beneficios. Un arrepentido verdadero siempre deseará un castigo mayor que el que la justicia le imponga. Pero será difícil que se dé esta clase de arrepentimiento cuando es la moral de la propia sociedad, con su gobierno al frente, la que naufraga para siempre a la deriva, cuando ni siquiera se aprecia una intención de deslegitimar por completo al entorno de ETA y su pensamiento (en vez de alentar la tragedia diciendo que se comparten los fines pero no los medios), cuando se desea enarbolar la bandera de la impunidad, cuando los automatismos y mecanismos mentales del fanático entorno de ETA, que tras su infame comportamiento durante tantos años sigue sin comprender y, lo que es peor, sin querer ver el alcance de su sinrazón, se van infiltrando inconscientemente, por mediación del miedo y la pereza mental, a través de todas las vías a su alcance (educación, medios de comunicación, cultura), en el conjunto de toda la sociedad.

Los promotores de Glencree

A la Dirección de Atención a las Víctimas del Terrorismo del Gobierno Vasco (DAV), junto al llamado equipo dinamizador implicado, compuesto por los siguientes sujetos: Carlos Martín Beristain, Galo Bilbao y Julián Ibáñez de Opacua (que en el documental grabado al respecto se muestran muy sonrientes y satisfechos de sí mismos, hablando desde sus sofás con las piernas cruzadas), les corresponde el honor de haber promovido este perverso e inmoral sinsentido. Si de veras creían que iban a devolver algo de dignidad a las víctimas de ETA, lo que están haciendo es asestarles la estocada definitiva. Ahora podemos aventurar que las víctimas de ETA jamás recibirán la dignidad ni el reconocimiento que siempre se les escamoteó.

El objetivo de esta iniciativa no es otro que aportar otro grano de arena a la preparación del nuevo escenario, facilitando la reinserción social del colectivo de presos y, especialmente, la vuelta del brazo de ETA en la actividad política a las instituciones vascas, así como la actividad de sus diversas organizaciones hermanas. Y dentro de toda esta operación, ir fraguando el relato que se enseñará a los niños que vengan, que irá cobrando tanta más vigencia por cuanto que la sociedad y los partidos van avanzando progresivamente en la dirección marcada por ETA, todo ello vestido, además, con el oropel de una mayor libertad y el ejercicio de una democracia más plena.

Así, lavándole la cara a esta organización terrorista de Bildu-ETA o como se quieran llamar, el Gobierno Vasco se la lava a sí mismo, que es de lo que se trata.

Conclusión

La heroína Electra, en la tragedia de Sófocles del mismo nombre, dice en un pasaje: “Pues si él ¡el pobre! yaciera reducido / a polvo y a nada de valor y, en cambio, éstos / no van a pagar la pena equivalente a su delito / desaparecerán el recato y la piedad / del común de los mortales”.

La Historia da numerosos ejemplos de periodos y transiciones parecidas. Se trata también de un mecanismo de defensa por parte de la sociedad, pues cómo aceptar haber descendido a semejantes grados de podredumbre, y la cuota de responsabilidad de cada individuo.