El conocido enclave de colonos en el sur de Chile llamado Colonia Dignidad fue una comunidad aislada al margen de la ley mientras la dirigió el ex nazi Paul Schaefer.

Los comienzos de Colonia Dignidad

Es en 1961 cuando un grupo de 300 alemanes decide viajar junto a Paul Schaefer a Chile, donde obtienen el beneplácito de las autoridades para instalarse y crear una comunidad dedicada a la acogida de menores desprotegidos; la Colonia Dignidad, también conocida como Villa Baviera.

Este grupo de alemanes supuestamente viajó persiguiendo el sueño de construir el paraíso terrenal que les prometió Schaefer, que actuaba en esta comunidad como dirigente y pastor de la iglesia anabaptista.

La vida cotidiana

Tildado como un régimen de semiesclavitud, la vida cotidiana dentro de esta colonia se basaba en un duro horario de trabajo; en el campo para los hombres y en labores domésticas y culinarias para las mujeres, si no trabajaban en labores de enfermería en el hospital de la comunidad.

Efectivamente, el asentamiento de un hospital con atención médica gratuita para las comunidades chilenas vecinas, logró también que la colonia se beneficiase de un buen trato por parte de ellas.

El Big Brother del sur de Chile

Al interior de la colonia todo estaba muy bien estructurado para que Schaefer pudiese mantener el orden por él requerido; hombres, mujeres e hijos vivían separados –produciendo así un desmembramiento familiar ya que este líder era el único que decidía cómo, cuándo y dónde se podían encontrar.

Cuando se registró la colonia, después de haber sido emitida la orden de búsqueda y captura contra el ex nazi, se encontraron cámaras y micrófonos ocultos por todo el terreno. Así es cómo una sola persona era capaz de controlar todo dentro de una comunidad, convirtiéndose así en un Big Brother real (haciendo referencia a la obra 1984 de George Orwell, que justamente basó en regímenes de líderes totalitarios como Hitler).

Una gran familia

Siguiendo en esta línea de control absoluto, el individualismo era totalmente aborrecido, debiendo hacer prácticamente todas las actividades colectivamente. Y efectivamente, los testimonios entregados por los colonos cuentan que los habitantes de la colonia se sentían como una gran familia, no basándose en lazos de sangre sino en la veneración que se le tenía a Schaefer; comían juntos, trabajaban juntos, festejaban juntos, entre otras cosas.

Pedofilia

En el artículo que trata sobre Paul Schaefer y al que se ha hecho referencia anteriormente ya se menciona que éste fue juzgado, entre otros delitos, por violación de niños de entre 6 y 14 años de la comunidad.

Es evidente que esta estructura de distribución de los colonos por edad y por género no hacía más que dar facilidades para cometer tales delitos. Además, hoy día se sabe, de nuevo de acuerdo a los testimonios, que los padres se sentían orgullosos y “veían como un honor que sus hijos fuesen elegidos por Schaefer para dormir con él”.

Drogas para subyugar a los colonos

Es difícil tratar de entender cómo toda una comunidad estaba bajo la influencia de un solo hombre –por muy bien estructurado que estuviese todo.

Una de las razones que se han dado para explicar esta veneración y dominación de parte de los colonos es que a los rebeldes contra esta opresión se les hacía ingerir valium, e incluso se aplicaban descargas sobre los testículos de los jóvenes para inhibir el deseo sexual y así impedir la voluntad de encuentros entre terceros.

La vida después de Colonia Dignidad

Es importante tener en cuenta también que la colonia era un enclave aislado –no se permitía acceder a él a extraños y los miembros de la comunidad tampoco tenían comunicación con el exterior (no había ni televisores ni teléfonos).

Por lo tanto, no se hace difícil imaginar el gran shock que sufrieron los colonos al tratar de reintegrarse a la sociedad chilena una vez desaparecido Paul Schaefer.

Ya en el año 2005 se creó en Chile un cargo de Delegado del Gobierno para la ex Colonia Dignidad para tratar de dirigir los pasos a dar por los habitantes de esta comunidad, que tomó en aquel entonces el ingeniero Herman Schwember (testimonio que retomó en su obra póstuma Delirios e indignidad; el estéril mundo de Paul Schäfer). Sin embargo, quedan aún muchas vidas por recontruir y reintegrar a un mundo totalmente desconocido por estas personas.