El juego es fundamental en la cultura humana. Johan Huizinga (Homo ludens, 2000) destacó la importancia del juego en el complejo evolutivo del ser humano. Incluso, llegó a acuñar el término “Homo ludens”, entendiendo que el juego era anterior a la cultura. Su importancia a la hora de abordar la socialización de los miembros de una determinada comunidad hace necesario que en su estudio se analicen juegos y juguetes desde las más diversas ópticas para comprender un proceso tan complejo.

Definición del juego

El juego ha sido definido en numerosas ocasiones por los más diversos especialistas. La Real Academia de la Lengua entiende por juego como la “acción y efecto de jugar” o un “ejercicio recreativo sometido a reglas, y en el cual se gana o se pierde”. Pero esta definición no englobaría la complejidad de este hecho social.

Huizinga lo define como “acción u ocupación libre, que se desarrolla dentro de unos límites temporales y espaciales determinados, según reglas absolutamente obligatorias, aunque libremente aceptadas, acción que tiene su fin en sí misma y va acompañada de un sentimiento de tensión y alegría y de la conciencia de ser de otro modo en la vida corriente”. Definición que José Corredor – Matheos adopta casi literalmente en su obra El juguete en España (1999).

Características del juego

A partir de estas definiciones Corredor – Matheos extrae las principales características del juego:

  • Es una actividad libre: no tiene ninguna obligación ni de tipo física ni moral
  • El juego tiene un orden propio: tiene unas reglas sólo válidas mientras tenga lugar. Estas reglas son incuestionables
  • Hay un elemento fundamental en el juego que es el azar

Definición del juguete: el objeto material del juego

Si volvemos a las definiciones extraídas de la Real Academia de la Lengua, el juguete sería un diminutivo de juego o, simplemente, un objeto atractivo con el que se entretienen los niños. Evidentemente, a la hora de abordar esta cuestión, la definición emanada de la RAE deja muchos aspectos sin destacar de este importante objeto cultural.

Y es que a efectos prácticos, hemos de entender el juguete como la manifestación cultural del juego, como afirma Corredor – Matheos. Así, encontramos una primera diferencia fundamental entre estos dos términos. Es decir, a través de las definiciones podemos concluir que el juguete es un elemento innecesario. Es decir, el juego puede desarrollarse perfectamente sin que sea imprescindible la presencia de un objeto – juguete. Sin embargo, en origen, el juguete precisaba de un juego donde poder utilizarse.

Las funciones del juego: socialización y enculturización

Siguiendo a Huizinga, el papel principal del juego en el mundo infantil es el de la socialización de ese niño o niña en la cultura en la que se desarrolla. A través del juego, el individuo puede ir adquiriendo unas cualidades y unas aptitudes que se supone que le serán exigibles cuando se convierta en un miembro adulto dentro de su cultura.

María Concepción García – Hoz Rosales, en “¿A qué jugábamos? El juguete industrial en el Museo Nacional de Antropología” (Anales del Museo Nacional de Antropología, nº3, 1996) establece dos tipos de educación: una formal y otra informal. La principal diferencia radica en la institucionalización de la misma. De esta manera, en la no informal ésta no existe. Es en este tipo de educación en la que el juguete y el juego tienen un papel fundamental en la socialización del individuo.

En el catálogo de la exposición “¡Yo tenía uno de ésos! Un siglo del juguete industrial en España” (1997) Valadés Sierra destaca el papel del juguete en la educación y socialización del niño o la niña. Pero su valor no es simplemente imitar tareas que el niño deberá acometer cuando sea un adulto. En todo caso el juguete tiene un valor iniciático, preparando a niños y niñas para las tareas que se consideran adecuadas según su sexo o posición social, por ejemplo.

Del juguete didáctico al juego interactivo

Todos los autores a los que nos hemos referido establecen dos características fundamentales en cuanto al juego y el juguete en el siglo XXI. En primer lugar, la evidente primacía que ha adquirido el juguete en el mundo de hoy. Los avances tecnológicos e industriales han desplazado al juego, dando la máxima importancia al juguete.

Por otra parte, asistimos a una globalización del juguete y del juego. Es cada vez más difícil establecer diferencias culturales en este ámbito. Y es que desde la industrialización de la producción allá por el siglo XIX, el juguete se ha convertido en un producto comercial similar a cualquier otro. Y, por lo tanto, sujeto a las leyes de la oferta y la demanda.

A pesar de ello, el juego y el juguete son y serán elementos fundamentales para conocer la sociedad. Son documentos irrepetibles con los que acercarnos al estudio del ser humano como ser social.