Como con tantos otros conceptos subjetivos, cada individuo interpreta el hecho de vivir de distinta manera. Todos estaremos de acuerdo, sin embargo, en que vivir no es simplemente existir como forma física, aunque empíricamente sea innegable.

Para algunos, vivir representa conseguir lo que anhelan, con el presente como medio para un fin; para otros, vivir sería simplemente disfrutar del camino de conseguir ese reto. Cuestión de prioridades.

Vivir intensamente o ser feliz

Un conocido líder carismático fue invitado a una reunión de jóvenes. El maestro, se sentó entre el grupo y escuchó amablemente las experiencias de vida de cada uno de ellos. Uno de los jóvenes, en particular, parecía haber vivido una existencia muy llena de experiencias, en sus pocos años de vida; explicaba los años pasados lejos de su familia, estudiando primero, recorriendo mundo después, iniciando negocios más tarde. No sin cierto orgullo, relataba que, en la actualidad, trabajaba para que esos negocios prosperaran, practicaba varios deportes de riesgo, y viajaba a distintas ciudades en lo que quedaba de su tiempo libre, para no desperdiciar ni un segundo estando quieto. El maestro escuchó, hasta que vio a otro joven que miraba nervioso su reloj y que, al fin, alzaba la mano discretamente, e interrumpía al orador para disculparse por tener que marcharse por una cita familiar. La reunión volvió a reanudarse tras la marcha del joven y, al ver que el maestro sonreía, quien estaba a su lado le comentó que “había personas que no sabían vivir”, refiriéndose despectivamente al reciente ausente; el hombre mayor le contestó: “al contrario, ese chico prioriza, sabe vivir plenamente”. Sorprendido, el interlocutor le preguntó, indicando al brillante orador de ese momento: "¿Y, ese qué?, ¡él sí que hace cosas en su vida!”; el maestro contestó: “Ese solo acumula anécdotas, antes de morir”.

Las experiencias interesantes y excitantes pueden estar bien como una parte más de nuestra vida, pero lo realmente importante es disfrutar de cada momento, persona y circunstancia que la vida nos ofrece, por sencilla que sea. Eso es lo quiso decir el sabio del relato, más impresionado por el joven capaz de dejar a sus amigos para cumplir con sus parientes, que por el que presumía de buscar nuevas sensaciones todo el tiempo, dejando de lado a los suyos

Aprovechar todo lo bueno que la vida nos ha dado, incluida la familia, los amigos de siempre, quien está en nuestro entorno y a quienes podemos descubrir y querer, es saber vivir plenamente. Así nos lo hace saber en un artículo conmovedor, publicado en el diário El Mercurio y titulada A tí, Cristián Warken, escritor y presentador chileno, que perdió a su hijo de tres años.

Experiencias y vida

La vida es un prisma multifacético, en el que hay que saber elegir e incluso aceptar el error en la elección. Hay muchos aspectos que cubrir, por lo que lo ideal es aprender a equilibrar y equilibrarnos.

Al cabo de una jornada normal, la mayoría de nosotros debe atender a su trabajo, a su familia, a otros compromisos y a sus propias inquietudes personales. Solo hay un medio de conseguir conciliar satisfactoriamente todas esas facetas de la vida personal, y pasa necesariamente por aprender a priorizar y organizar.

Muchas personas consideran interesantes o importantes solo unas pocas facetas de esas tantas que completan la existencia, ocasionándoles fastidio el resto de obligaciones cotidianas que, sin embargo, realizan. Aquello que uno decide cuidar y priorizar sobre otros asuntos, disfrutándolo, será lo que dé frutos en el futuro; el resto acaba por perderse.

Cuentan de un hombre de negocios importante que, en su lecho de muerte, susurró a sus hijos: “Cuidad de mi herencia, solo disfruté de acumularla”, y estos contestaron: “Y es todo lo que tendremos de ti”. Son muchas las personas que se entregan por completo a su vida profesional, dejando de lado incluso a los hijos, los padres o sus parejas, y perdiendo con ello un tiempo de vivencias irrecuperables que enfría el afecto y la cercanía.

Elegir con entusiasmo, sin dolor de renunciar

Pero también existen personas que, sin valorar su crecimiento individual, sacrifican gran parte de sus sueños por no decepcionar a otras personas. Esa actitud es la otra cara de la misma moneda: el desengaño vital de descubrir que podía haberse hecho más, o mejor, de haber organizado la vida de forma más equitativa. No se puede dejar la felicidad para más tarde; las circunstancias pueden ser difíciles en cualquier momento, y sin embargo, la satisfacción de estar haciendo lo correcto, lo que se puede hacer para mejorar la situación, seguirá dando felicidad. No se es más feliz por huir de los problemas o por eludir responsabilidades, sino por cómo se encaran esas dificultades.

Como tampoco es productivo sentirse obligado a renunciar a las propias expectativas; la paz interior se consigue al sentir que se hace lo que uno debe y quiere hacer, y es lo único que produce el equilibrio emocional capaz de enfrentarlo todo.

Una renuncia consciente no es lo mismo que una hecha a regañadientes o por imposición. Aprendiendo a priorizar sabremos qué es lo más importante para nosotros, en cada momento que nos toque vivir.