La importancia de llamarse Ernesto es la última obra de Oscar Wilde, tres meses después sería juzgado y condenado a prisión "por conducta indecente", a causa de una relación homosexual que le abatió por completo y que le llevó a morir olvidado y solo en París cinco años después. El gran irónico y el valiente espadachín de la palabra se equivocó al demandar "por difamación" al poderoso padre de su amante. Después de todo, sólo era un escritor de éxito.

Se había divertido mucho jugando al amor y al deseo, su esposa y madre de sus dos hijos intentó defenderle ante el vigoroso e hipócrita Tribunal, pero el escritor de éxito se había enfrentado a la aristocracia de la que tanto y tan bien se había reído, y todo fue en vano: perdió la patria potestad sobre sus hijos, y su esposa les cambió el apellido.

La risa tras el melodrama

Aunque su vida acabó trágicamente, dejó este testimonio de gran escritor enmarcado en un asunto propio de exultantes momentos de la historia del teatro desde el origen de los maestros de la Grecia antigua. Allí donde triunfaban los dramas lacerantes y la angustiosa tragedia del hombre frente a su destino (léase Esquilo, Sófocles, Eurípides...), brotaban burladores que ridiculizaban el victimismo de los seres humanos (léase Aristófanes y luego el latino Plauto).

En todos los tiempos sucedió lo mismo. Y el Siglo de Oro español tiene en algunos trágicos su propia versión humorística, aunque el más grande, el genio a la altura de Shakespeare, resulte Lope de Vega. Y lo que hace Wilde, siglos después, y también siguiendo algunas pautas de la comedia vodevilesca francesa, mucho más desenfadada (Eugene Labiche y Georges Feydeau, por ejemplo), es entrar en la farsa elegante, parodiando desde el corazón mismo del melodrama.

En 1895 el teatro burgués se complace en historias tremebundas que no suceden en escena sino "que se cuentan" con personajes que llegan a escena para decir todo lo que piensan. En el mismo contexto, Wilde provoca sonrisas y carcajadas porque estos personajes de la buena sociedad, empobrecidos y cantamañanas como ellos solos, parecen preciosos ridículos (parafraseando a Moliere, que también hizo lo propio con Las preciosas ridículas en 1659.

Un lenguaje fresco 118 años después

La trama de La importancia... carece de importancia, lo conmovedor y sumamente divertido es ver actuar a estos personajes necesitados de confort social, dinero para mantenerse en pie y sobre todo, el ambiente propicio para poder disfrutar de placeres sexuales de los que no se habla, por completa y absoluta imposición victoriana, pero que comenzarán a producirse cuando acabe la función.

Alfredo Sanzol (en este momento con tres funciones en marcha) y José Padilla han escrito una adaptación formidable, ya que la musicalidad de los diálogos es esencial para sentirse a gusto con el ritmo trepidante de las frases brillantes, sumergidas en un torbellino de efectos verbales en los que resulta fácil perderse o aburrirse si no están precisamente logrados.

Lo que ya no sé es si la adaptación de la obra incluye su traducción, pues nada se dice al respecto en el programa de mano ni en el dossier para la prensa o en la formidable Guía Didáctica a disposición de cualquier espectador. Por lo cual deduzco que los adaptadores habrán trabajado sobre diversas traducciones.

Por último y principal: la puesta en escena y los intérpretes se confabulan en una conspiración fascinante. Musicalidad en el lenguaje, verosimilitud en el absurdo de muchas situaciones y el placer de sentirse a gusto entre estos embusteros encantadores, supervivientes dichosos en una época socialmente despiadada... que acabó con el talento y la vida del propio autor de la comedia.

Los ocho personajes están interpretados por José María Asín, Iratxe García Uriz, Txori García Uriz, Marta Juániz, Patxi Larrea, Pablo del Mundillo, Aurora Moneo, Leire Ruiz.

Los días 14, 19, 20, 21 y 27 de abril Marta Juániz será sustituida por Ana Maestrojuán. Los días 19, 20, 21 y 27 de abril Leire Ruiz será sustituida por Marta Juániz. Los días 7, 8, 9, 10, 11 y 12 de mayo José María Asín será sustituido por Pedro Miguel Martínez.

La importancia de llamarse Ernesto, de Oscar Wilde con versión y dirección de Alfredo Sanzol en el Teatro Fernán Gómez del 14 de abril hasta el 12 de mayo.