“A quienes me preguntan la razón de mis viajes les contesto que sé bien de qué huyo pero ignoro lo que busco.”, Michel Eyquem De Montaigne, filósofo y humanista del s. XVI.

El origen de la huida

Esta es la continuación del artículo El origen de la huida, publicado antes en Suite101, en el que se introducía el concepto huida como estrategia de supervivencia básica, común a todas las especies.

En este se amplía y ajusta el mismo concepto a la sociedad contemporánea, presentando al depredador abstracto.

Relaciones de dominancia

Más tarde, al evolucionar los núcleos poblacionales y las relaciones políticas y de poder entre sus individuos, se observan dos casos. El primero se da a nivel intrapoblacional donde el concepto de depredador se extiende a aquellos individuos más poderosos que ejercen o intentan ejercer un control absolutista sobre la población, donde el enfrentamiento con un individuo más fuerte y el miedo a salir mal parado comportan la retirada (huida) y rendición del más débil.

Ejemplos de esto son: la lucha que mantienen los ciervos macho para conseguir aparearse durante la época de celo de las hembras, la lucha entre los leones machos para conseguir un harén de leonas (donde algunos machos, para asegurar su camada, matan a los cachorros del macho dominante o alfa anterior), la lucha por destronar al macho alfa dentro de los grupos de simios (los cuales presentan estrategias complejas en las que se urden planes y se producen alianzas).

El segundo se produce a nivel interpoblacional donde nace el concepto de guerra debido a la lucha por las riquezas de un determinado territorio. Nace entonces el concepto de huida masiva de poblaciones enteras y de refugiados, como en el caso de la guerra entre Katanga y el Congo.

El depredador abstracto

Posteriormente, al alcanzarse mayores niveles de complejidad socio-afectivas entre los individuos de una población, el concepto de depredador vuelve a expandirse. El nuevo depredador no es otro animal esta vez, sino una determinada situación. El miedo que comporta enfrentarse a determinadas situaciones conduce a la huida del individuo, que no ha de ser forzosamente física.

Una huida física de una situación puede estar producida por la escasez de recursos alimenticios, en donde se huye del hambre, mientras que una huida no física puede tratarse de la evasión de la realidad a través del consumo de drogas, por ejemplo.

La huida mental

Al aumentar el grado de complejidad de los individuos y sus sociedades el concepto de depredador muta ampliándose su significado. El miedo y la huida no se producen por la idea de servir de alimento a otro individuo sino por la muerte o la tortura en sí, o por una determinada situación o idea. Así debe entenderse, en algunos casos, la huida de un conductor después de cometer un atropello. Por otro lado, el mobbing es un ejemplo de situación que actúa como depredador.

Teoría del origen de la huida en la sociedad actual

Actualmente, el instinto de huir de los seres humanos procede del miedo ancestral a no ser cazado, ya sea para servir de alimento o no, por otro animal de otra o de la misma especie o por una idea o situación concretas.

Hoy en día, en la sociedad contemporánea, los seres humanos no necesitan huir de un depredador y no obstante continúan huyendo de una situación que los quiere “cazar”: el depredador abstracto.

Este depredador abstracto puede ser, por ejemplo, un sentimiento de estrés, pena, dolor espiritual, angustia, depresión, culpa o miedo al compromiso, y puede ser impulsado por diversos factores como el desamor, la falta de salud o los problemas económicos.

Aquí es donde se dispara el instinto de huida y puede producirse de dos formas: física y/o mentalmente. Así como existen dos maneras de huir físicas, correr o quedarse quieto, existen diversas maneras de huir psicológicas, algunas más eficientes y positivas, como por ejemplo ocupar la mente jugando online con amigos, y otras que incluso pueden llegar a repercutir en nuestra salud, como el consumo de drogas.

Por otro lado, la huida puede ser debida a una falta de valentía, pero también a una retirada estratégica o a la renuncia a hacer daño al contrario (es el caso de las tropas españolas en Irak). Los tres tipos corresponden, igualmente, al instinto de preservación.

Por tanto, el concepto de huida se habría de dignificar dando una nueva lectura a la Historia, ya que nos ponen como héroes a Alejandro Magno, a los romanos o incluso a Adderaman: los depredadores. Cuán poco se conoce que Aristóteles marchó de Atenas a la isla de Lesbos, donde nació su madre, para, como dice la leyenda, y quizá sea verdad, que su amada Atenas no pasara a la historia como la ciudad que había matado a dos grandes filósofos: a Sócrates y a él.