El estudio de la historia familiar ha cobrado auge en los últimos años. El interés por descubrir las raíces de cada individuo y cómo era el tipo de vida que seguían ha propiciado este incremento. A ello han contribuido notablemente las nuevas tecnologías y el hecho de poder consultar archivos a través de internet. Pero este interés no es nuevo.

La importancia histórica de la genealogía

Ya en época romana existía la referencia a la estirpe: era síntoma de importancia social el pertenecer a un linaje que hundía sus raíces mucho mejor cuanto más lejos en el tiempo.

Ejemplos existen muchos, como en la célebre obra de Virgilio, la Eneida, escrita por encargo del emperador Augusto para explicar el origen divino y mítico de Roma a partir de Eneas y sus descendientes, así como el del propio emperador. Esta importancia a las raíces se encuentra también en la figura de Jesús, cuya genealogía se puede leer en los Evangelios de Mateo y Lucas.

Posteriormente, la genealogía pasó a ser coto privado de reyes, nobles, personalidades importantes de la sociedad y también para los procesos jurídicos y expedientes de nobleza. Tan sólo hay que recordar las causas de limpieza de sangre iniciadas en el siglo XV en la multirracial España para justificar que se descendía solamente de cristianos.

De vital importancia para la genealogía resultó el Concilio de Trento, por el que se estableció la obligatoriedad de que las parroquias registraran los bautismos, matrimonios y defunciones, aunque en algunas hacía algunos años que esta tarea ya se realizaba. Así, desde el decreto aplicado por Felipe II en 1564, se recopilaron los movimientos naturales de población en los llamados Quinque Libri. Ya en 1873, el Estado creó el Registro Civil con semejante intención.

La investigación en manos de los aficionados

En la actualidad, cualquiera puede investigar sus raíces. Los aficionados a la genealogía siguen el rastro de sus antepasados recogiendo fechas y nombres para conseguir llegar lo más lejos posible y utilizan tanto internet como la consulta en los archivos.

Internet se ha convertido en una herramienta muy útil para la genealogía. Las páginas dedicadas al tema son numerosas y ofrecen bases de datos, direcciones, genealogías completas y la posibilidad de descargar programas informáticos para elaborar el árbol genealógico. En otras se pude incluso consultar directamente en las fuentes originales. Así, el genealogista aficionado tiene un buen camino recorrido pero que en algunos casos puede resultar erróneo, sobre todo en los casos en los que no se puede consultar la fuente original.

No obstante, el método más seguro es acudir presencialmente a los archivos, sobre todo los parroquiales. Los principales problemas para los aficionados son las grafías, su lectura y su comprensión y de ellos se derivan los errores de transcripción.

La investigación en manos de los especialistas

Un camino más seguro y cómodo es ponerse en manos de un genealogista o historiador ya que pueden sortear con mayor facilidad estos obstáculos. Su formación les permite leer con relativa facilidad los documentos más complejos y solucionar problemas como la mutación de las grafías, es decir, la evolución histórica de algunos nombres que no siempre se han escrito del mismo modo. Además, y en este caso es fundamental, encontrar recursos cuando la investigación se complica por la ausencia o mala elaboración de los índices parroquiales. También por su familiarización con los archivos pueden aconsejar en qué archivos es conveniente indagar.

Al mismo tiempo, pueden proporcionar explicación a los momentos históricos y relacionarlos con la información aparecida en los archivos, huyendo así de la típica acumulación de fechas y datos que convierten a la investigación en una simple visión positivista de la historia. De este modo se consigue relacionar el antepasado con su vida diaria y comprender mejor los mecanismos que propiciaron la movilidad social, la edad de matrimonio, las creencias o el modo de ganarse la vida.

La historia familiar está ahí, en los archivos, esperando a que alguien se decida a dedicar muchas horas de investigación para recordar cómo era la vida y los nombres de los que vivieron en otros tiempos.