La polémica reforma educativa propuesta por el ministro José Ignacio Wert en sucesivos borradores, viene a confirmar la tendencia, propia del bipartidismo guerracivilista español, a instrumentalizar la educación con fines partidistas e ideologizantes. El debate, desde un punto de vista mediático, se ha centrado en la política lingüística de la "Ley Wert" en lo que atañe a las comunidades autónomas con lengua cooficial, en la nueva presencia que la reforma depara a la religión en el currículo y en la supresión de la Educación para la Ciudadanía. Sin embargo, existen otros aspectos que diversos colectivos están denunciando, como el nuevo sistema de competencia al que se somete a los centros educativos, la reaparición de reválidas o el cariz segregacionista que se introduce en el cuarto curso de la ESO y que pretende dividir al alumnado entre la FP y el Bachillerato.

Lo que todos los frentes de oposición a la reforma educativa del ministro Wert tienen en común es la denuncia de la absoluta falta de consenso con asociaciones de padres y madres, la comunidad docente, los sindicatos de estudiantes, etc.

A todos estos colectivos molestos con la Ley Wert, se suman los filósofos, que aunque permanecen un tanto al margen del circo mediático organizado en torno a la LOMCE, empiezan a tomar posiciones frente a una reforma educativa que amenaza con reducir drásticamente los contenidos éticos y filosóficos en el currículo de enseñanza.

¿En qué lugar queda la filosofía en el currículo académico?

  • Las asignaturas obligatorias de Educación ético-cívica de cuarto curso de ESO y la Historia de la Filosofía de segundo de Bachillerato desaparecen; en ambos cursos se ofertará Filosofía como optativa siempre y cuando la oferten la comunidad autónoma y el centro en cuestión. La optativa en la ESO competirá con otras ocho asignaturas, de entre las cuales el alumno deberá elegir entre una y tres. En el Bachillerato la optativa competirá con catorce asignaturas a elegir entre dos y tres.
  • La asignatura obligatoria de Filosofía en el primer curso de Bachillerato permanece.
  • Habrá una optativa alternativa a la religión denominada Valores éticos, y que algunos piensan que podría compensar la reducción de horas lectivas de los departamentos de filosofía.
  • La Educación para la ciudadanía, evidentemente, desaparece del currículo.

Posibles repercusiones de la LOMCE sobre la filosofía

Aunque es pronto para hacer valoraciones definitivas, lo que parece claro es que la reforma educativa planteada por la LOMCE es potencialmente muy perjudicial para la presencia de la filosofía en la educación secundaria y, por ende, en universidades españolas y en la sociedad en general. Son muchas las condiciones que deberían cumplirse -en dependencia de factores tales como las competencias autonómicas, la voluntad de los centros y la mayor o menor predisposición de alumnos, padres y tutores, a menudo no iniciados en el conocimiento de la filosofía- para que los contenidos ético-filosóficos puedan jugar un papel relevante en la enseñanza. De hecho, la Conferencia Española de Decanatos de Filosofía afirmaba en un comunicado de prensa del día 14 de diciembre, que la Ley Wert "es el recorte más duro e injustificado que sufren los estudios de Filosofía en toda la historia de la democracia española y destruye lo que ha sido un pilar básico del sistema educativo español durante las tres últimas décadas". Asimismo, el comunicado apela a la dignidad de la ética y su valor en sí misma, frente a su uso como moneda de cambio con la Religión, en alusión a la asignatura de Valores éticos.

¿A qué se debe el menosprecio de la LOMCE hacia la filosofía?

Lo cierto es que la LOMCE podría tener, por activa o por pasiva, más respaldo popular en cuanto a la reducción del papel de la filosofía y la ética, de lo que a priori pudiera parecer. En estos tiempos, caracterizados por el pragmatismo irreflexivo, donde el economicismo y la racionalidad instrumental campan a sus anchas, los detractores de la filosofía suelen considerarla "inútil". Sin embargo, tachar de inútil a una vasta tradición de pensamiento, basada fundamentalmente en la racionalidad, que ha constituido la identidad de Occidente y que sigue disponiendo de un considerable potencial para afrontar el presente y construir el futuro, podría considerarse como una de las más graves perversiones del concepto de "utilidad".

La filosofía no solo está en el origen de las ciencias y en la fundamentación del método científico, sino que es imprescindible como garante de un discurso racional capaz de fundamentar la democracia y los derechos humanos. Además, una de las vertientes más importantes de la filosofía es la crítica social, y es precisamente esa capacidad para dotar de contenido al pensamiento crítico y desarticular los discursos ideologizantes lo que, según numerosos filósofos, es la razón más obvia para explicar la actitud reacia de los políticos hacia la presencia de la filosofía en la educación. Recordemos que con la LOE (2004), puesta en marcha por el gobierno del PSOE, la filosofía también salía mal parada.

¿Para qué sirve la filosofía en el contexto educativo?

El ya citado comunicado de prensa de la Conferencia Española de Decanatos de Filosofía sostiene que -limitándonos a parafrasear- la formación filosófica,

  • contribuye al desarrollo instrumental de las competencias relativas al uso del lenguaje;
  • desarrolla la capacidad de interconectar diversas áreas del conocimiento desde un enfoque interdisciplinar;
  • aporta una formación histórica respecto a los distintos sistemas de pensamiento en la evolución de la identidad de la cultura occidental;
  • proporciona una formación integral que contribuye a integrar las dimensiones del conocimiento, la moral y la sensibilidad en el proceso de maduración personal.

Una preocupante conclusión

De poco servirá, en la era de las oraciones huérfanas desperdigadas en Power Point, decir que la filosofía preserva los estándares clásicos de argumentación. Tampoco servirá de mucho, en la era de la vorágine de los mercados, que opera con el beneplácito de la política, apelar a al pensamiento crítico propio de la filosofía. Nada servirá de nada si la voluntad de los legisladores se centra en la peor de las acepciones del verbo "servir".